
Las carreteras ya no son solo asfalto, señales y farolas: hoy se están convirtiendo en infraestructuras inteligentes capaces de ahorrar energía, reducir emisiones y mejorar la seguridad. España y Europa están acelerando esta transformación con estrategias ambiciosas, nuevas tecnologías y proyectos piloto que, poco a poco, dejan de ser experimentos para pasar a formar parte del día a día.
En este contexto, las llamadas smart roads se apoyan en sensores, gestión de datos, iluminación de bajo consumo, energías renovables y vehículos conectados para conseguir una movilidad más segura, eficiente y sostenible. Puede sonar muy futurista, pero gran parte de estas soluciones ya están en marcha en túneles, autopistas y accesos urbanos de nuestro país.
El reto energético de la Red de Carreteras del Estado
La Red de Carreteras del Estado (RCE), gestionada por la Dirección General de Carreteras, parte de una situación complicada: sus instalaciones suponen uno de los mayores consumos eléctricos de toda la Administración, con cifras históricas próximas a los 145-146 GWh al año.
Ese gasto se traduce en una factura anual de entre 30 y 40 millones de euros, una cantidad enorme que el Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible quiere recortar al menos a la mitad antes de 2030, alineado con la Agenda 2030, el Plan de Recuperación y los fondos europeos Next Generation.
La mayor parte de esa electricidad se va en iluminación y ventilación: alrededor del 73 % del consumo se concentra en túneles (unos 106,8 GWh/año) y aproximadamente un 22 % en tramos a cielo abierto (unos 32,8 GWh/año). El resto corresponde a sistemas inteligentes de transporte, edificios de explotación y otros equipos auxiliares.
Con este escenario, el Ministerio ha definido una Estrategia de Eficiencia Energética 2030 específica para carreteras, que fija objetivos ambiciosos de ahorro y reducción de emisiones y detalla las grandes líneas de actuación que se desplegarán progresivamente en toda la red.
Esta estrategia se completará con un Plan de Acción de Eficiencia Energética 2030, que funcionará como hoja de ruta operativa, herramienta de seguimiento y mecanismo de revisión de inversiones, asegurando que los proyectos lleguen realmente al terreno.
Objetivos 2030: reducir el consumo a la mitad
El gran desafío marcado por el Ministerio es que, de aquí a 2030, el consumo eléctrico de la red pueda disminuir entre un 40 % y un 50 % sin comprometer la seguridad vial. No se trata solo de cambiar farolas, sino de rediseñar cómo se ilumina, se ventila y se gestiona toda la infraestructura.
Para lograrlo, la Estrategia de Eficiencia Energética de la RCE define varios frentes de actuación: modernización del alumbrado, gestión inteligente, reducción de consumos en túneles, mejoras en edificios y criterios de eficiencia en contratos de conservación y explotación.
En términos numéricos, la meta es situar el consumo objetivo de la red por debajo de los 90 millones de kWh anuales, partiendo de un consumo base cercano a los 145 millones de kWh. Este salto implicará no solo tecnología, sino también cambios normativos, nuevas cláusulas de sostenibilidad y una gestión mucho más fina de la operación diaria.
Buena parte de las inversiones necesarias se financian con fondos del Plan de Recuperación y la Adenda acordada con la Comisión Europea, que exigen cumplir hitos concretos de modernización y ahorro energético en plazos muy claros.
Líneas de actuación en eficiencia energética de las carreteras
La estrategia española articula sus actuaciones en torno a tres grandes ejes: renovación de luminarias, telegestión avanzada y respeto estricto de los requisitos de seguridad. A esto se suman medidas en edificios y flota de vehículos.
En primer lugar, se va a acometer una renovación masiva del alumbrado de túneles y tramos a cielo abierto, sustituyendo lámparas de vapor de sodio a alta presión (VSAP) por tecnología LED de alta prestación. Estas nuevas luminarias deben cumplir exigencias muy estrictas, como vidas útiles certificadas del tipo L90B10_100.000h, lo que en la práctica significa menos intervenciones, menos cortes de carril y menos costes de mantenimiento.
En segundo lugar, el despliegue de sistemas de gestión inteligente (SGI) permitirá regular en tiempo real la intensidad de la luz y el funcionamiento de los equipos en función del tráfico, la climatología o incidencias. Para ello, se exigirán nodos de telegestión compatibles con estándares internacionales y conectores como NEMA o Zhaga.
En paralelo, se actuará sobre otros consumos relevantes: ventilación de túneles, climatización y aislamiento de edificios de explotación, iluminación interior, horarios y consignas de uso de instalaciones. Todo ello se trasladará también a los contratos de conservación, donde se introducen cláusulas de sostenibilidad que premiarán las propuestas más eficientes.
Iluminación inteligente: seguridad y ahorro en equilibrio
Uno de los campos donde más se puede ahorrar sin bajar el nivel de servicio es el alumbrado. La sustitución de VSAP por LED, junto con sistemas dinámicos de gestión, permite recortes de consumo estimados entre el 50 % y el 80 % frente a la iluminación tradicional.
En carreteras interurbanas, a diferencia de las calles urbanas, la variable crítica es la luminancia media del pavimento, es decir, la luz que reflejan la calzada y las marcas viales hacia los ojos del conductor. La normativa exige niveles que oscilan aproximadamente entre 0,30 y 2,00 cd/m² según el tipo de vía y su intensidad media diaria de tráfico (IMD).
Los nuevos sistemas de alumbrado inteligente permiten ajustar esos niveles a las necesidades reales del momento: en horas valle se reduce la intensidad a valores predeterminados, y el sistema puede elevarla de inmediato cuando detecta paso de vehículos, condiciones de baja visibilidad o un incidente.
Estudios de siniestralidad, como los realizados por institutos especializados, muestran que la falta de iluminación adecuada en puntos singulares incrementa notablemente los accidentes nocturnos, especialmente salidas de vía. Por eso, en intercambiadores, enlaces complejos, accesos conflictivos o túneles, la prioridad es mantener la seguridad y utilizar la tecnología para gastar lo imprescindible y nada más.
Transporte eficiente: menos consumo, menos emisiones y más ahorro
El transporte es responsable de en torno a un 30 % del consumo de energía y una parte muy relevante de las emisiones de gases de efecto invernadero. Mejorar su eficiencia energética es un pilar básico de cualquier estrategia de movilidad sostenible.
Las medidas de eficiencia no solo reducen emisiones de CO₂, NOx o partículas finas, sino que también recortan los costes operativos de empresas y administraciones. En flotas comerciales, el combustible puede representar hasta un 40 % de los gastos totales, así que cualquier mejora en eficiencia tiene un impacto directo en la cuenta de resultados.
Los ciudadanos también ganan con una movilidad más eficiente: menos combustible, menos tiempo en atascos y menor gasto en mantenimiento del vehículo gracias a una conducción más suave y a unas infraestructuras que ayudan a evitar situaciones de estrés mecánico.
Al mismo tiempo, una reducción sostenida del tráfico congestionado y de las emisiones locales tiene efectos claros en la salud pública, contribuyendo a bajar la incidencia de patologías respiratorias y cardiovasculares ligadas a la mala calidad del aire urbano.
Tecnologías clave para la eficiencia energética en el transporte
Los sistemas de gestión inteligente del tráfico basados en IA y análisis de datos en tiempo real permiten coordinar semáforos, gestionar accesos y optimizar flujos, reduciendo los tiempos de espera hasta en torno a un 25 % y disminuyendo tanto el consumo de combustible como las emisiones. Aquí entran en juego elementos como los semáforos adaptativos o la comunicación vehículo-infraestructura (V2I).
La telemetría y los sistemas de gestión de flotas analizan continuamente patrones de conducción, mantenimiento y consumo, detectando ineficiencias y proponiendo mejoras: desde rutas alternativas hasta recordatorios de mantenimiento predictivo, pasando por formación específica para lograr una conducción más eficiente.
Los navegadores inteligentes ya no se limitan a calcular la ruta más corta: tienen en cuenta densidad de tráfico, orografía, límites de velocidad, obras y consumo energético previsto, lo que puede recortar de forma apreciable tanto el tiempo de viaje como el gasto de combustible o energía de la batería.
Estrategias y políticas europeas para un transporte más sostenible
En el plano europeo, existe un marco político y regulatorio muy potente que impulsa la eficiencia energética en el transporte y la transformación de las carreteras. El paquete legislativo de clima y energía fija el objetivo de reducir las emisiones al menos un 55 % para 2030, con el transporte como pieza clave.
El Pacto Verde Europeo incluye la Estrategia de Movilidad Sostenible e Inteligente, que aspira a recortar un 90 % las emisiones del transporte en 2050. Para llegar hasta ahí, se están promoviendo la electrificación masiva, los combustibles alternativos sostenibles y la mejora del rendimiento de todos los modos de transporte.
Las normas de etiquetado energético de vehículos obligan a los fabricantes a ofrecer información clara sobre consumos y emisiones, facilitando al usuario la comparación y empujando al mercado hacia modelos más eficientes. Además, numerosos países aplican incentivos fiscales y ayudas a la compra de vehículos de bajas o cero emisiones.
En paralelo, la regulación AFIR sobre infraestructura para combustibles alternativos fija objetivos vinculantes de despliegue de puntos de recarga eléctrica y de hidrógeno repartidos por las principales redes de transporte europeas. Esto, combinado con inversiones en transporte público y soluciones de intermodalidad, favorece un cambio progresivo hacia opciones de movilidad más eficientes.
Smart roads: qué son y cómo funcionan
Dentro de este ecosistema, las carreteras inteligentes o smart roads se conciben como infraestructuras capaces de comunicarse, adaptarse y tomar decisiones basadas en datos. No son solo carreteras asfaltadas, sino sistemas complejos que integran tecnologías ITS (Intelligent Transport Systems) con el objetivo de mejorar seguridad, fluidez de tráfico y eficiencia energética.
Hasta hace poco, la mayor parte de la innovación se concentraba en los vehículos (ADAS, coches eléctricos, conducción asistida), pero ahora las propias infraestructuras empiezan a transformarse en canales de comunicación. Señales, paneles variables, sensores en el firme, cámaras, balizas conectadas y centros de control se coordinan para ofrecer una movilidad más segura, sostenible y, cada vez más, automatizada.
Estas carreteras inteligentes utilizan un volumen enorme de información sobre estado del tráfico, condiciones meteorológicas, incidentes, obras o presencia de usuarios vulnerables. El objetivo es reaccionar con rapidez, anticipar situaciones de riesgo y reducir el consumo energético de todos los elementos asociados.
En definitiva, hablamos de vías que son capaces de convertirse en parte activa del sistema de movilidad, intercambiando datos con vehículos, centros de control y otros servicios urbanos, en lugar de limitarse a ser una simple superficie por la que se circula.
Innovaciones tecnológicas en las carreteras inteligentes
Distintas tecnologías punteras se han ido incorporando para hacer todo esto posible. Entre ellas destacan el Big Data, la sensorización IoT, los drones, la conectividad 5G, el BIM, la tecnología blockchain y los sistemas de monitorización avanzada.
El Big Data aplicado a la movilidad permite recopilar y procesar millones de datos de tráfico, clima o incidencias, generando modelos predictivos que ayudan a descongestionar carreteras, ajustar los niveles de iluminación y planificar mejor las intervenciones de mantenimiento.
Los drones se utilizan para inspeccionar el estado de las infraestructuras, evaluar daños tras desastres naturales o vigilar zonas de difícil acceso. Estas aeronaves no tripuladas suministran información en tiempo real con un coste y un riesgo mucho menores que las inspecciones tradicionales.
La tecnología blockchain empieza a explorarse para gestionar datos de tráfico, peajes y sistemas de pago con mayor transparencia, seguridad y trazabilidad. También puede jugar un papel en la coordinación de servicios de movilidad compartida y logística avanzada.
La metodología BIM (Building Information Modeling), combinada con GIS, se aplica al diseño y construcción de carreteras para crear modelos digitales detallados de toda la infraestructura, incluyendo estructuras, firmes, drenajes y servicios enterrados. Esto facilita la planificación, reduce errores y permite gestionar el ciclo de vida completo de la vía con menos costes y más fiabilidad.
Conectividad 5G, IoT y sensorización de la carretera
La conectividad 5G es una pieza central del nuevo ecosistema de movilidad, ya que su alta velocidad y baja latencia permiten comunicaciones prácticamente en tiempo real entre vehículos e infraestructura. Este intercambio de datos (V2V y V2I) mejora tanto la seguridad como la eficiencia.
Redes móviles avanzadas, IoT y monitorización con sensores permiten controlar temperatura del asfalto, estado de fraguado de hormigones, vibraciones, deformaciones, consumo de maquinaria y condiciones ambientales a lo largo de toda la red. Empresas especializadas ya ofrecen soluciones comerciales para el seguimiento de pavimentos y estructuras en tiempo real.
El escaneo láser y las nubes de puntos, combinados con algoritmos de inteligencia artificial, sirven para detectar microgrietas, baches y otros defectos cuando aún son incipientes, priorizando intervenciones y evitando reparaciones mucho más costosas en el futuro.
Todo este despliegue de sensorización y conexión da lugar a una capa digital superpuesta sobre la carretera física, lo que favorece un mantenimiento predictivo y una gestión mucho más sostenible de los recursos materiales y energéticos.
Ejemplos reales de smart roads y proyectos piloto
España cuenta ya con varios casos prácticos de carreteras inteligentes que sirven como laboratorio para probar tecnologías y modelos de gestión avanzados. Son proyectos repartidos por el territorio que demuestran que las smart roads ya no son ciencia ficción.
En Málaga, por ejemplo, se ha creado un área de ensayos con red privada 4G-5G en la que se prueban sistemas como el eCall, las alertas de colisión, avisos de retenciones u obras, en colaboración con administraciones y empresas tecnológicas.
El túnel de Cereixal (Lugo) ofrece un entorno digitalizado en el que los conductores reciben información en tiempo real sobre el estado del tráfico y las condiciones del túnel, mejorando la seguridad en un tramo especialmente sensible.
En Vigo se ha implantado un canal de comunicación bidireccional para taxis, policía, bomberos, ambulancias y autobuses, de forma que la red semafórica puede abrir paso prioritario a vehículos de emergencia, reducir tiempos de respuesta y mejorar la seguridad vial urbana.
En la autopista Fornells-Vilademuls, proyectos europeos como Inframix y C-Roads Spain han permitido ensayar tráfico mixto con vehículos autónomos y conectados, gestión avanzada del flujo y cobertura 5G a lo largo de 34 kilómetros de tramo de alta capacidad.
Big Data, IA y plataformas de vehículo conectado
El uso masivo de datos procedentes de vehículos, smartphones, sensores de carretera y satélites está redefiniendo la forma de gestionar la movilidad. La economía colaborativa y los servicios de datos compartidos ayudan a optimizar rutas, reducir atascos y mejorar la experiencia del usuario.
La Dirección General de Tráfico trabaja en una Plataforma Vehículo Conectado (DGT 3.0) que aspira a que, en los próximos años, todos los coches estén conectados a una nube de información en tiempo real. El sistema permitirá avisar de retenciones, obras, accidentes, vehículos averiados o presencia de ciclistas u otros usuarios vulnerables.
La información será bidireccional: las infraestructuras y los centros de control podrán enviar avisos a los vehículos, pero también recogerán datos de ellos para mejorar el conocimiento de lo que ocurre en la red viaria. Todo ello apoyado en redes 5G y estándares abiertos que faciliten la interoperabilidad.
Este enfoque basado en Big Data y análisis avanzado permite, además, explorar nuevos modelos de movilidad compartida, vehículos autónomos y gestión dinámica del aparcamiento, como han demostrado estudios piloto en distintas ciudades europeas.
Energías renovables, pavimentos solares y asfalto radiante
La integración de energías renovables en la propia infraestructura viaria abre un campo enorme de posibilidades. Hay líneas de trabajo que buscan aprovechar la radiación solar que incide sobre el asfalto y las superficies pavimentadas para generar energía térmica o eléctrica.
El concepto de asfalto radiante plantea convertir carreteras, aparcamientos o pistas de aeropuertos en colectores solares térmicos. Bajo el firme se instalaría una red de tuberías con un fluido que absorbe el calor y lo lleva a depósitos subterráneos donde se almacena durante todo el año, estableciendo un interesante vínculo con la geotermia.
Esa energía acumulada podría utilizarse para alimentar sistemas de calefacción y agua caliente de equipamientos cercanos, como polideportivos, piscinas o edificios públicos, y también para deshelar carreteras en invierno y refrescarlas en verano, reduciendo el efecto isla de calor en las ciudades.
Otra línea de innovación son las vías fotovoltaicas, que integran placas solares rugosas capaces de soportar el paso de vehículos y ofrecer un agarre similar al del asfalto. Estas placas constan de una capa superior ultrarresistente y translúcida, una capa intermedia con células solares y electrónica, y una capa inferior con conducciones de servicios.
En las áreas de descanso podrían instalarse sistemas de carga para coches eléctricos alimentados por estas placas, creando un ecosistema de carreteras productoras de energía que reduzca el uso de combustibles fósiles y las emisiones de CO₂ asociadas.
Materiales innovadores: iluminación fluorescente, starpath y grafeno
Además de los sistemas eléctricos inteligentes, la investigación en materiales está dando lugar a soluciones curiosas y muy prometedoras desde el punto de vista energético. Un ejemplo son las pinturas fluorescentes que absorben la luz solar durante el día y la emiten durante la noche, permitiendo señalizar y marcar carriles sin necesidad de tanto alumbrado.
Otro desarrollo similar es el llamado starpath, un recubrimiento que brilla en la oscuridad, es antideslizante y reduce la necesidad de iluminación artificial. Este tipo de soluciones podría resultar muy interesante en carriles bici, caminos peatonales o tramos rurales con baja intensidad de tráfico.
También se han probado luces interactivas que solo se encienden cuando detectan la presencia de vehículos y se apagan pocos minutos después, lo que disminuye drásticamente el consumo en comparación con mantener las farolas encendidas toda la noche.
En paralelo, materiales como el grafeno abren un posible salto de generación. Este material, extremadamente resistente, ligero, flexible y extraordinario conductor, se explora para crear nuevos tipos de paneles solares, recubrimientos, sensores e incluso baterías de hidrógeno de altísimo rendimiento.
Su capacidad de auto-reparación, su resistencia a la radiación y su comportamiento electrónico casi balístico lo convierten, al menos sobre el papel, en un candidato ideal para revolucionar la manera en que las infraestructuras producen, almacenan y gestionan la energía, aunque todavía queda camino para su despliegue masivo.
Edificios públicos, flota de vehículos y contratos más verdes
La eficiencia energética en carreteras no se limita al asfalto o a las farolas: también abarca edificios de conservación, centros de control, parques de maquinaria y flotas de vehículos asociados a la explotación de la red.
En el ámbito de edificios, la mejora del aislamiento, el uso de técnicas pasivas de diseño, la incorporación de energías renovables (solar, geotermia, biomasa) y la renovación de equipos de climatización e iluminación pueden reducir de forma muy significativamente la demanda energética, siguiendo estándares como Passivhaus u otras certificaciones de alta eficiencia.
El Ministerio se ha marcado como meta que, para 2030, en torno al 55 % de la flota propia de la Dirección General de Carreteras sea eléctrica o híbrida, lo que requiere una inversión planificada de varios millones de euros y la instalación de puntos de recarga en bases y centros de trabajo.
Además, los contratos de conservación y explotación de carreteras están incorporando cláusulas de sostenibilidad que premian las propuestas con menor consumo energético y menor huella de carbono, empujando a las empresas concesionarias y de mantenimiento a innovar en sus procesos y equipos.
Esta combinación de medidas crea un círculo virtuoso: infraestructuras más eficientes, vehículos más limpios y operadores más comprometidos con la reducción de emisiones y el uso responsable de los recursos.
Retos, oportunidades y papel de la ciberseguridad
La transformación de las carreteras en sistemas inteligentes plantea también retos importantes. Uno de ellos es el coste inicial de las tecnologías avanzadas, que puede suponer una barrera de entrada para algunas administraciones y empresas, aunque los ahorros operativos a medio plazo tienden a compensar estas inversiones.
Otro aspecto clave es el despliegue de la infraestructura necesaria, especialmente en lo relativo a redes de recarga para vehículos eléctricos, cobertura 5G continua y sistemas de telegestión robustos. Esto abre grandes oportunidades de negocio e innovación, pero exige una planificación coordinada.
La ciberseguridad se vuelve crítica en un entorno donde miles de dispositivos, sensores y sistemas de control comparten datos en tiempo real. Es imprescindible proteger la información, garantizar la integridad de las órdenes de control y salvaguardar la privacidad de los usuarios, de modo que la digitalización no abra la puerta a nuevos riesgos.
Por último, la adopción de soluciones de movilidad eficiente y carreteras inteligentes requiere formación y concienciación tanto de profesionales como de conductores, así como marcos de colaboración público-privada que aceleren la adopción de tecnologías y repartan de forma equilibrada costes y beneficios.
Con todo este abanico de medidas —desde la modernización del alumbrado y la sensorización de túneles hasta las smart roads, el Big Data, las energías renovables y los nuevos materiales— las carreteras se están convirtiendo en un eje central de la transición energética y de la movilidad sostenible, capaz de reducir consumos, emisiones y accidentes al tiempo que impulsa la innovación industrial y tecnológica en el sector.
