Carbono azul: ciencia, medición y acción en España y el Caribe

  • BlauCat impulsa la investigación del carbono azul en humedales, marismas y praderas marinas de Cataluña.
  • Un estudio en Cádiz evidencia que las cremas solares alteran el secuestro de carbono de Cymodocea nodosa.
  • La conferencia IBCWC en Santa Marta refuerza sistemas MRV regionales para manglares, pastos marinos y marismas.
  • Compromisos de países y apoyo internacional apuntalan políticas y financiación climática vinculadas al carbono azul.

Investigación de carbono azul

El carbono azul vuelve a la primera línea con nuevas investigaciones y acuerdos que ponen el foco en los ecosistemas costeros como aliados frente al cambio climático. Desde Cataluña hasta el Caribe colombiano, los manglares, las marismas y las praderas marinas aparecen como sumideros naturales de CO2 cuya salud y medición rigurosa marcan la diferencia.

Mientras equipos españoles avanzan en tecnología, monitoreo y evidencia científica, una cumbre regional en Santa Marta impulsa la estandarización de sistemas MRV para que la captura y el almacenamiento de carbono azul cuenten con datos comparables, bases robustas y acceso a financiación climática.

Cataluña acelera la investigación aplicada con BlauCat

El proyecto BlauCat, liderado por el Centro en Resiliencia Climática de Eurecat, está analizando con tecnología de vanguardia el papel de los ecosistemas costeros de Cataluña como depósitos de carbono. Humedales, marismas y praderas marinas se estudian para cuantificar captura y almacenamiento, mejorar su gestión y reforzar su integración en las estrategias climáticas.

Según su dirección científica, estas áreas actúan como amortiguadores del clima y garantes de biodiversidad, por lo que urge afinar mapas, inventarios y protocolos de seguimiento. El enfoque combina mediciones in situ, sensores y modelización para ofrecer métricas útiles a la administración y a los actores locales.

Emisiones de carbono
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Cádiz: las cremas solares comprometen el secuestro de carbono

Un equipo del INMAR (Universidad de Cádiz) junto al ICMAN-CSIC evaluó cómo afectan los fotoprotectores a la fanerógama marina Cymodocea nodosa, abundante en la bahía de Cádiz. El trabajo, pionero en la zona, muestra que la exposición continuada a estas sustancias altera su capacidad de capturar carbono y modifica el microbioma asociado, con efectos sobre su salud y resiliencia.

Para reproducir condiciones realistas, se diseñó un ensayo en mesocosmos con tres grupos de plantas: control, concentración media y alta de una mezcla de cinco cremas comerciales habituales en Europa. Durante un mes se monitorizaron variables como fotosíntesis, liberación de carbono, estado del tejido vegetal y composición bacteriana.

Los resultados apuntan a una reducción de la eficiencia fotosintética hasta el punto de desplazar el sistema desde un estado autótrofo (captador neto de carbono) a otro heterótrofo (emisor). Se detectó además un incremento nocturno del carbono orgánico disuelto, pérdida de diversidad microbiana y mayor daño foliar, con necrosis especialmente marcada a dosis altas.

Como señal potencial de respuesta, se observó un aumento del almidón en los rizomas, indicador de reservas, aunque insuficiente para compensar el estrés. El equipo subraya que las etiquetas tipo reef-safe o eco-friendly no están reguladas ni siempre sustentadas en evidencias, por lo que proponen revisar formulaciones y normas para salvaguardar estas praderas clave para el carbono azul.

  • Metodología realista: mezcla de filtros solares y concentraciones basadas en playas con alta afluencia.
  • Efecto metabólico: caída de la fotosíntesis y cambio del balance hacia la emisión.
  • Impacto ecológico: menor diversidad bacteriana y más patógenos potenciales.
  • Gestión: necesidad de regulación y alternativas de menor impacto.

La región ha organizado la Conferencia Internacional sobre Carbono Azul y Humedales (IBCWC) en Santa Marta, que ha facilitado la cooperación regional para la estandarización de sistemas MRV. En esta reunión, colombianos, panameños, surinameses y jamaicanos se comprometieron a crear sistemas compartidos para medir y reportar los beneficios de los ecosistemas costeros, promoviendo políticas coordinadas y accesos a financiación climática.

Luego de visitar zonas como la Ciénaga Grande de Santa Marta, los asistentes observaron prácticas de pesca artesanal, turismos sostenibles y proyectos de restauración de manglares, en los que las comunidades locales participan activamente en la conservación y monitoreo de estos hábitats. Estas acciones fortalecen la resiliencia climática y aseguran la protección de sumideros que ya aportan servicios esenciales.

Como resultado de estos encuentros, se fortalecerá la vigilancia, medición y conservación de los ecosistemas clave para el carbono azul, asegurando que el conocimiento científico se traduzca en decisiones efectivas para su protección futura.


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