CAMe prevé más de once contingencias por calor atípico invernal que adelantó la temporada de ozono

  • El calor invernal inusual en el Valle de México ha adelantado la temporada de contingencias por ozono, tradicionalmente asociada a la primavera.
  • La CAMe estima ahora más de once episodios de mala calidad del aire por ozono para este año, frente al pronóstico inicial de entre seis y once.
  • El aumento de temperatura, las inversiones térmicas, los anticiclones, los COV y las obras urbanas favorecen la formación y acumulación de ozono.
  • Se abre la incógnita sobre la duración de la temporada de ozono, que podría prolongarse más allá de su periodo habitual de marzo a junio.

contaminación por ozono en grandes ciudades

El invierno inusualmente cálido que se está viviendo en el Valle de México ha roto los esquemas habituales de calidad del aire y ha provocado que la temporada de contingencias por ozono se adelante de forma significativa. Lo que antes comenzaba con la llegada de la primavera, ahora se ha instalado en pleno mes de enero, algo que no se veía desde finales de los años noventa.

La Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) advierte de que este cambio en el comportamiento del clima no es un hecho aislado, sino un síntoma claro del avance del calentamiento global. Sus modelos apuntan a que, lejos de estabilizarse, el número de contingencias ambientales por ozono puede superar holgadamente las previsiones iniciales para este año, configurando un escenario más complejo para la gestión de la calidad del aire en grandes urbes, tanto en México como en otras áreas densamente pobladas de Europa.

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Un invierno de récord: contingencias por ozono desde enero

Por primera vez en casi tres décadas, se ha tenido que activar una contingencia ambiental por ozono en enero, un mes que, en teoría, debería estar dominado por temperaturas más bajas y menor radiación solar. Históricamente, los registros solo recogían episodios comparables en 1996 y 1999, lo que subraya el carácter excepcional de la situación actual.

El coordinador ejecutivo de la CAMe, Víctor Hugo Páramo, explica que el aumento de temperatura en pleno invierno ha sido determinante: jornadas con máximas de entre 26 y 27 grados en enero generan un contexto muy propicio para la formación de ozono troposférico, especialmente cuando coinciden con cielos despejados, alta radiación solar y vientos débiles.

A este episodio de enero se han sumado ya dos contingencias adicionales en la primera mitad de febrero, un patrón que rompe con la tendencia observada en los últimos años, cuando los primeros niveles críticos solían aparecer hacia la segunda quincena de ese mes. La secuencia encadenada de días con mala calidad del aire anticipa una temporada más larga e intensa de lo habitual.

De hecho, en lo que va de año, la capital mexicana solo ha disfrutado de unos pocos días catalogados como de aire limpio, frente a varias jornadas con concentraciones de ozono que han obligado a activar medidas de emergencia ambiental. Esta prolongación del periodo crítico recuerda a lo que ya se observa en otras grandes ciudades, donde las olas de calor invernales empiezan a alterar los calendarios de contaminación.

Pronósticos al alza: de seis a más de once contingencias

Al inicio del año, la Dirección General de Calidad del Aire de la Ciudad de México manejaba un pronóstico de entre seis y once contingencias por ozono para todo el ejercicio. Sin embargo, la realidad de estas semanas ha rebasado rápidamente las previsiones más conservadoras y ha obligado a revisar los modelos.

Según la CAMe, las condiciones climáticas cambiantes están introduciendo un nivel de incertidumbre mucho mayor en las herramientas de predicción. El adelanto de las altas temperaturas, la persistencia de mañanas frías y la combinación con periodos anticiclónicos intensos están generando escenarios que los modelos tradicionales no siempre captan con la suficiente precisión.

Con este nuevo contexto, los especialistas hablan ya de más de once contingencias ambientales por ozono a lo largo del año, una cifra que refleja no solo el aumento de frecuencia, sino también la posibilidad de que estos episodios se concentren en épocas del año donde antes eran poco probables.

El propio organismo plantea que, si las temperaturas continúan siendo tan elevadas en invierno y se mantiene la radiación solar intensa con escasa ventilación, el riesgo de acumulación de contaminantes seguirá siendo alto durante varios meses. Esta dinámica podría replicarse en otras metrópolis, incluidas ciudades europeas que ya encadenan inviernos anómalamente cálidos y episodios de contaminación fotoquímica.

Factores que disparan la formación de ozono

Más allá del aumento de temperatura, la CAMe identifica varios factores que potencian la generación de ozono troposférico. Entre ellos, destaca la mayor evaporación de compuestos orgánicos volátiles (COV), presentes en solventes, pinturas, productos de limpieza doméstica y diversas actividades industriales y urbanas.

Con el calor, estos compuestos se volatilizan con mayor facilidad y, al reaccionar con los óxidos de nitrógeno bajo una fuerte radiación solar, favorecen la formación de ozono a nivel del suelo, un contaminante que afecta directamente a la salud respiratoria. A esto se suman las obras de infraestructura en vías principales, que incrementan el tráfico, el polvo en suspensión y el uso de materiales que liberan más emisiones.

Otro elemento clave es el aumento de los incendios forestales y de pastizales, que tienden a multiplicarse en periodos secos y cálidos. Estos fuegos liberan grandes cantidades de precursores del ozono y partículas, deteriorando aún más la calidad del aire en las zonas urbanas a sotavento.

Desde la perspectiva meteorológica, el fenómeno de las inversiones térmicas matinales juega un papel fundamental: el aire frío queda atrapado cerca del suelo bajo una capa de aire más cálido en altura, creando una especie de “tapa” que impide que los contaminantes se dispersen de forma vertical. Cuando, horas más tarde, se instalan condiciones anticiclónicas con temperaturas máximas muy altas, el cóctel está servido para que el ozono alcance niveles de contingencia.

En la práctica, esto se traduce en días con grandes oscilaciones térmicas: mañanas muy frías, de entre 6 y 11 grados, seguidas de tardes que rozan o superan los 30 grados. Si a ello se suma la falta de viento, la atmósfera se vuelve casi estática y los contaminantes se acumulan en la capa más cercana a la superficie.

Una temporada de ozono más larga e imprevisible

Tradicionalmente, la temporada de ozono en la Zona Metropolitana del Valle de México se extendía aproximadamente de marzo a junio, coincidiendo con el periodo seco y cálido del año. Sin embargo, el adelanto de los episodios de este 2026 pone sobre la mesa una nueva incógnita: si el inicio se ha desplazado hacia enero, ¿hasta cuándo se prolongará ahora el periodo crítico?

Los responsables de la CAMe se preguntan si la temporada se ha desplazado completa en el calendario o si, por el contrario, solo se ha adelantado el comienzo y se mantendrá la fecha habitual de cierre, en torno a finales de mayo o primeros días de junio. Esta duda no es menor, porque de ella dependen la planificación de medidas, las campañas de información ciudadana y los protocolos para sectores sensibles como la salud o el transporte.

En años recientes, ya se habían detectado señales de que el patrón estaba cambiando: en 2023, la primera contingencia por ozono se activó el 23 de febrero; en 2024, el 22 de febrero; y en 2025, el 26 de febrero. La tendencia apuntaba a un ligero adelantamiento, pero siempre dentro de la segunda quincena del mes. Lo extraordinario de este año es que las contingencias se han concentrado en la primera mitad de febrero y, además, se ha añadido un episodio previo en enero.

Esta evolución, vinculada al calentamiento global confirmado por la comunidad científica, sugiere que el comportamiento del ozono troposférico puede volverse cada vez más errático. Para ciudades europeas que también están registrando inviernos más suaves y periodos secos prolongados, el caso del Valle de México funciona como un aviso de lo que podría ocurrir si no se refuerzan las políticas de control de emisiones y adaptación al cambio climático.

Ante este panorama, las autoridades ambientales subrayan la necesidad de afinar los sistemas de vigilancia y pronóstico, revisar los inventarios de emisiones y reforzar las estrategias de reducción de COV y óxidos de nitrógeno. La combinación de medidas estructurales (transporte público, ordenación urbana, eficiencia energética) y actuaciones puntuales durante las contingencias será clave para limitar los impactos en la salud y en la actividad diaria de la población.

Este adelanto de la temporada de ozono y la previsión de más de once contingencias en el año no se interpretan como una simple anomalía meteorológica, sino como la señal de un cambio de fondo en la relación entre clima y contaminación atmosférica. En un contexto de calor invernal atípico, aire estancado y mayor presencia de precursores del ozono, las grandes ciudades se enfrentan a retos cada vez más complejos para garantizar una calidad del aire aceptable, lo que obliga a replantear tanto los calendarios de vigilancia como las políticas de descontaminación a medio y largo plazo.