California Resources da el pistoletazo de salida a la inyección de CO2 en su proyecto pionero de CCS

  • Puesta en marcha definitiva de Carbon TerraVault I en el condado de Kern para el almacenamiento permanente de emisiones industriales.
  • Capacidad de inyección anual equivalente a retirar de la circulación unos 350.000 vehículos de combustión.
  • Obtención de los primeros permisos de Clase VI de la EPA para operar en antiguos yacimientos de gas y petróleo.
  • Plan de expansión ambicioso con ocho nuevos reservorios en fase de tramitación para ampliar la red de captura.

Instalaciones de captura de carbono en California

Por fin se ha pasado de las palabras a los hechos en el condado de Kern. La empresa California Resources Corporation (CRC) ha marcado un antes y un después al comenzar la inyección real de dióxido de carbono en su complejo Carbon TerraVault I, un movimiento que sitúa a la región a la vanguardia de la tecnología de captura y almacenamiento. No es moco de pavo, ya que se trata de la primera infraestructura de este tipo que se pone en funcionamiento en todo el estado, buscando dar una solución tangible al problema de las emisiones industriales que tanto trae de cabeza a los reguladores.

Este proyecto, conocido habitualmente por las siglas CTV I, aprovecha el conocimiento geológico de la zona para sepultar el gas contaminante en las profundidades de la tierra. La idea es sencilla pero requiere una precisión técnica asombrosa: capturar el CO2 que antes terminaba en la atmósfera y devolverlo a donde ya no pueda causar estragos en el clima, utilizando para ello viejas estructuras que durante eones guardaron hidrocarburos de forma natural y segura.

Captura de CO2
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Tecnología punta en yacimientos agotados

Pozo de inyección de carbono subterráneo

La ubicación elegida no es casualidad, ya que se encuentra en el campo Elk Hills de CRC. El sistema utiliza una planta de gas criogénico para obtener el dióxido de carbono y lo canaliza hacia reservorios de petróleo y gas natural que ya están agotados. Lo bueno de este planteamiento es que se aprovecha la infraestructura existente para inyectar el gas a más de un kilómetro y medio de profundidad, garantizando que el CO2 quede confinado de manera permanente en formaciones rocosas que han demostrado su estanqueidad durante millones de años.

Desde un punto de vista técnico, CTV I se divide en dos secciones principales denominadas 26R y A1-A2. La primera de ellas, la 26R, tiene el honor de ser el primer reservorio en recibir los estrictos permisos de Clase VI otorgados por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA). Estos permisos son la joya de la corona de la regulación ambiental, ya que exigen unos estándares de seguridad y vigilancia del subsuelo que no dejan nada al azar, asegurando que no haya filtraciones a los acuíferos ni escapes a la superficie.

En Europa, y más concretamente en España, este tipo de iniciativas se miran con lupa. Mientras que aquí estamos dando los primeros pasos con proyectos como el de la Estrategia de Descarbonización a Largo Plazo, en Estados Unidos ya están demostrando que el almacenamiento geológico a gran escala es una realidad económica. La experiencia adquirida en Kern County podría servir de hoja de ruta para futuras instalaciones en la cuenca del Ebro o en antiguos pozos marinos del Cantábrico, donde el potencial de almacenamiento es también muy prometedor.

primer hub español de captura y almacenamiento de CO2 industrial
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Impacto ambiental y futuro de la red de captura

Infraestructura industrial de almacenamiento de carbono

Si hablamos de números, las cifras marean un poco. Se estima que, a pleno rendimiento, la sección 26R del proyecto podrá engullir hasta 1,46 millones de toneladas métricas de CO2 cada año. Para que nos hagamos una idea y bajemos los datos a la tierra, eso equivale a quitar de las carreteras 350.000 coches anualmente. Con un potencial de almacenamiento total de 38 millones de toneladas, este proyecto no es solo un parche, sino una solución de calado para las industrias pesadas que no pueden electrificarse de la noche a la mañana.

Pero la cosa no se queda ahí. La empresa ya ha puesto toda la carne en el asador y ha solicitado permisos para otros ocho reservorios adicionales. Si todo sale según lo previsto y la administración no pone trabas, la capacidad total de almacenamiento podría dispararse hasta los 352 millones de toneladas métricas. Esto crearía un auténtico hub de gestión de carbono que daría servicio a multitud de empresas emisoras, facilitando que el tejido industrial siga funcionando pero con un impacto ambiental muchísimo menor.

Es importante destacar que este despliegue se está realizando mediante una alianza estratégica entre CRC y la firma Brookfield, que aporta el músculo financiero necesario. Ambas entidades van mano a mano al 51% y 49% respectivamente, demostrando que la colaboración público-privada y la inversión en activos reales son fundamentales para que la transición energética no se quede en papel mojado. Además, han comprometido más de un millón de dólares para proyectos locales, asegurándose de que la comunidad vecina también reciba beneficios directos.

captura de CO2-3
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Compromiso social y desarrollo económico regional

Panorámica de las instalaciones de energía limpia

La creación de empleo es otro de los pilares que se han resaltado con la puesta en marcha de CTV I. La construcción y operación de estas infraestructuras requiere personal muy cualificado, desde ingenieros de subsuelo hasta técnicos de mantenimiento de plantas criogénicas. Al aprovechar campos petrolíferos en declive, se consigue dar una nueva vida económica a zonas que de otro modo podrían verse abocadas al abandono, manteniendo puestos de trabajo de calidad y atrayendo nuevas inversiones tecnológicas a la comarca.

Para asegurar que todo vaya como la seda con los vecinos, se va a constituir un consejo asesor comunitario a lo largo del año. Este grupo, formado por representantes locales y diversas partes interesadas, tendrá la voz cantante a la hora de evaluar las necesidades de la región y proponer mejoras. Es una forma de garantizar que la industria del siglo XXI sea transparente y rinda cuentas ante quienes conviven con ella a diario, evitando el secretismo de épocas pasadas.

La entrada en funcionamiento de este sistema de inyección supone un hito histórico que demuestra que es posible descarbonizar procesos industriales complejos de forma segura y rentable. Con el respaldo de las autoridades y una base técnica sólida, el aprovechamiento de reservorios geológicos se confirma como una de las herramientas más potentes para alcanzar la neutralidad climática. Lo que hoy vemos en California es solo el principio de un cambio de paradigma global donde el CO2 deja de ser un desecho para convertirse en un residuo gestionado con el máximo rigor científico.

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