Blackstone y EQT toman el control de Urbaser en la mayor operación de capital riesgo reciente en España

  • Fondos de Blackstone Infrastructure y EQT adquieren Urbaser a Platinum Equity por unos 5.600 millones de euros.
  • Ambos inversores compartirán el 50% del capital cada uno y mantendrán al equipo directivo actual, con Fernando Abril-Martorell al frente.
  • La compra excluye el negocio de Argentina y llega tras un intenso proceso de refinanciación, dividendos y desinversiones selectivas.
  • Urbaser, con más de 50.000 empleados, refuerza su papel como gran plataforma europea de gestión de residuos y economía circular.

Blackstone y EQT compran Urbaser

La compra de Urbaser por parte de Blackstone y EQT se ha convertido en una de esas operaciones corporativas que marcan época en el mercado español. Tras más de un año de idas y venidas, los dos gigantes internacionales de la inversión en infraestructuras han cerrado un acuerdo con Platinum Equity que valora al grupo español de servicios medioambientales en torno a 5.600 millones de euros, incluyendo la deuda.

La transacción, conocida internamente como Proyecto Sun, supone la mayor operación de capital riesgo en España desde la venta de Cepsa y consolida a Urbaser como una de las principales plataformas de gestión de residuos y servicios urbanos de Europa. El movimiento llega en un momento en el que los activos vinculados a la sostenibilidad, la economía circular y las infraestructuras reguladas están muy cotizados entre los grandes fondos.

Un consorcio al 50% y una negociación de largo recorrido

El acuerdo contempla que Blackstone Infrastructure y EQT Infrastructure se repartan el capital de Urbaser a partes iguales, de modo que cada uno controlará un 50% de la compañía y la gestión será conjunta. Esta solución de co-control se ha impuesto tras un proceso en el que ambas casas llegaron a competir por separado y acabaron aliándose para lograr el visto bueno del vendedor.

La negociación con Platinum Equity se ha prolongado durante prácticamente un año, con varios momentos de bloqueo. Aunque las partes estuvieron cerca de cerrar un pacto en la primera mitad del ejercicio anterior, la combinación de la volatilidad macroeconómica, la refinanciación de la deuda y el reparto de dividendos extraordinarios por parte del actual propietario llevó a que se reabrieran los números y la operación se retrasara.

En verano, Platinum instruyó una refinanciación de la compañía que permitió a Urbaser firmar un préstamo sindicado tipo TLB por alrededor de 1.500 millones de euros y colocar bonos por unos 800 millones. Con parte de esos fondos se abonó un primer dividendo extraordinario de 1.000 millones de euros. Pocas semanas después, a través de la sociedad cabecera Luna 1.5 Sàrl, el fondo realizó dos emisiones adicionales de bonos por más de 1.000 millones para pagarse otro dividendo del mismo importe.

Este uso intensivo del apalancamiento elevó la deuda de Urbaser y dio mayor margen a Platinum para exigir una valoración más alta, apoyado en la buena marcha del negocio. Según fuentes financieras, el endeudamiento se situó por encima de seis veces el ebitda, frente a las 4,7 veces previas, aunque la empresa pudo financiarse a tipos competitivos gracias al atractivo de su perfil regulado y estable.

El resultado final de este largo tira y afloja es una transacción que valora Urbaser en torno a 5.600 millones de euros, equivalente a algo menos de diez veces su ebitda ajustado (excluyendo el negocio en Argentina). Se trata de una cifra que encaja con la horquilla de entre 5.000 y 6.000 millones que el mercado barajaba desde el inicio del proceso.

Operación de compra de Urbaser

Qué se compra y qué se queda fuera: el perímetro de la operación

El acuerdo entre Blackstone, EQT y Platinum no incluye todos los negocios actuales del grupo. El activo más relevante que queda fuera del perímetro es la filial de gestión de residuos en Argentina, donde Urbaser opera desde hace tres décadas y genera un ebitda anual cercano a los 80-90 millones de euros. Platinum mantendrá el control de esta actividad, que continuará su trayectoria al margen del nuevo accionariado europeo.

El ebitda consolidado de Urbaser, sin tener en cuenta Argentina, ronda los 580 millones de euros, según fuentes de mercado, lo que sirve de base para la valoración de la transacción. La compañía cuenta con más de 50.000 empleados, gestiona más de 150 plantas de tratamiento de residuos y presta servicios a alrededor de 60 millones de personas en más de quince países.

Su modelo de negocio combina servicios de limpieza urbana, recogida de basuras, tratamiento y valorización de residuos, así como gestión del ciclo integral del agua y mantenimiento de espacios verdes. Una parte importante de los ingresos procede de contratos a largo plazo con ayuntamientos y entidades públicas, complementados con acuerdos con clientes industriales, lo que configura una base de ingresos amplia, recurrente y con actualización por inflación.

La hoja de ruta acordada con los nuevos accionistas contempla mantener el núcleo del negocio en España, Portugal y Francia, donde Urbaser tiene un peso especialmente relevante en el mercado de servicios urbanos. No se prevén desinversiones significativas en estos países, que seguirán siendo el centro de gravedad de la compañía bajo el control de Blackstone y EQT.

De ACS a Blackstone y EQT: un activo que se ha ido revalorizando

La trayectoria de Urbaser en la última década es un ejemplo de cómo un activo industrial regulado puede cambiar de manos varias veces en poco tiempo. El origen del grupo está en el antiguo negocio medioambiental de ACS, que en 2016 vendió la compañía al grupo chino CNTY (a través de Firion Investments) por un valor de empresa que se situaba en una horquilla aproximada de 2.200 a 2.460 millones de euros, incluyendo deuda.

Tras unos años bajo control chino, el activo volvió al mercado. A comienzos de 2020, se estudió incluso una salida a Bolsa, pero los requisitos de los reguladores chinos acabaron frustrando el salto al parqué y se optó por un proceso de venta directa. En 2021, Platinum Equity tomó el relevo al adquirir Urbaser por unos 3.500 millones de euros (en torno a 3.450 millones en efectivo), lo que ya suponía una revalorización notable respecto a la etapa de ACS.

Desde entonces, el fondo con sede en Los Ángeles ha ido reordenando la cartera de activos del grupo. En los últimos cinco años, Urbaser, de la mano de Platinum, ha invertido más de 1.600 millones de euros en adquisiciones y capex, ha cerrado en torno a 20 operaciones complementarias y ha vendido 13 divisiones no estratégicas para simplificar su estructura y centrar el negocio en áreas clave.

Entre las desinversiones más relevantes destacan la venta de la división nórdica al fondo Cube por unos 390 millones de euros, el traspaso de la filial británica a FCC Servicios Medio Ambiente (participada por FCC y el fondo de pensiones canadiense CPP) por unos 460 millones, y la venta del negocio de agua Socamex al fondo suizo Quaero por cerca de 100 millones. A ello se suma la salida de su participación en la portuguesa Suma (Serviços Urbanos e Meio Ambiente), adquirida por Mota-Engil.

Estas operaciones, junto con otras desinversiones menores —como el negocio de movilidad urbana—, han permitido a Urbaser ingresar alrededor de 800-1.000 millones de euros por venta de activos. Una parte sustancial de estos recursos se destinó a retribuir a Platinum vía dividendos, mientras el resto se utilizó para reducir deuda y financiar crecimiento en mercados prioritarios.

Resultados sólidos y un sector en plena efervescencia

El interés de los grandes fondos de infraestructuras por Urbaser no responde solo a su tamaño, sino también a la evolución reciente del negocio. Desde 2020, la compañía ha incrementado sus ingresos en torno a un 70% y su ebitda más de un 60%, de acuerdo con cifras aportadas por fuentes del sector. En las últimas cuentas depositadas en el Registro Mercantil, correspondientes a 2024, la firma registró 2.400 millones de euros de facturación, un beneficio de explotación cercano a 190 millones y un resultado neto de algo más de 63 millones de euros.

Estas cifras se enmarcan en un contexto de fuerte dinamismo del sector de tratamiento de residuos a escala europea, impulsado por la agenda climática, las políticas de economía circular y unas exigencias regulatorias crecientes en materia de reciclaje, reducción de vertidos y eficiencia energética. Para fondos como Blackstone y EQT, se trata de un perfil de activo cercano al de las infraestructuras clásicas: ingresos predecibles, contratos a largo plazo, protección parcial frente a la inflación y una demanda relativamente desligada del ciclo económico.

No es casual que, en las primeras fases del proceso, se interesaran por la compañía nombres como KKR, Macquarie, Cinven, I Squared o el vehículo público de Abu Dabi ADQ, además de grupos industriales como Itochu. Algunos de estos aspirantes se quedaron en el camino a medida que subía el precio y se clarificaba el modelo de venta, que finalmente ha sido la transmisión del negocio principal en bloque más la retención del activo argentino por parte de Platinum.

Urbaser se presenta así como un jugador bien posicionado para beneficiarse de la transición hacia modelos urbanos más sostenibles, gracias a su red de plantas de valorización energética de residuos (energy-from-waste), instalaciones de reciclaje avanzado y proyectos de optimización del ciclo del agua. Todo ello encaja con las estrategias de inversión de Blackstone y EQT, cada vez más orientadas a activos con impacto medioambiental positivo.

Continuidad en la gestión y apuesta por España y Europa

Uno de los elementos centrales del acuerdo es la continuidad del equipo directivo. El consejero delegado, Fernando Abril-Martorell, y el director de operaciones, Carlos Albi, mantendrán sus cargos y reinvertirán junto a los nuevos accionistas, conservando una presencia relevante en el capital. La idea es que el proyecto siga la misma hoja de ruta, sin giros bruscos en los mercados clave.

En diversas declaraciones, Abril-Martorell ha subrayado que la entrada de Blackstone y EQT refuerza el potencial de creación de valor de Urbaser y consolida el trabajo hecho con Platinum, tanto en simplificación de la estructura como en crecimiento inorgánico. El ejecutivo —con una larga trayectoria en compañías españolas de primer nivel, incluyendo puestos de responsabilidad en Telefónica, Prisa e Indra— ha insistido en que afrontan esta etapa “con ilusión”, pero también con la vista puesta en mantener la estabilidad del empleo y de los contratos con las administraciones.

Los nuevos dueños aspiran a impulsar especialmente el negocio de residuos industriales, una vertical de rápido crecimiento en Europa, al tiempo que refuerzan las operaciones municipales, que siguen siendo el núcleo de la actividad del grupo. España, Portugal y Francia continuarán como mercados prioritarios, con vocación de crecer también en otros países europeos en los que Urbaser ya tiene presencia o ve oportunidades.

Desde EQT, su socio de infraestructuras Guillermo García-Barrero ha destacado la “larga trayectoria” de Urbaser colaborando con administraciones públicas y clientes privados. La firma sueca, que lleva activa en España desde 2015, supera con esta operación los 7.000 millones de euros invertidos en el país, tras operaciones en activos como Idealista o Parques Reunidos. Para Blackstone Infrastructure, el desembarco en el sector europeo de residuos a través de Urbaser supone complementar una presencia ya muy relevante en el mercado inmobiliario y de servicios en España.

Por su parte, Adam Kuhnley, codirector de inversiones en Europa de Blackstone Infrastructure Partners, ha puesto el foco en la experiencia técnica de Urbaser, sus “décadas de trayectoria” y las relaciones de largo plazo con sus clientes municipales. Su mensaje va en la línea de consolidar a la compañía como socio estratégico de los ayuntamientos a largo plazo, en un ámbito —la gestión de residuos y la limpieza urbana— donde la estabilidad y la calidad del servicio son esenciales para las ciudades.

Un ejército de asesores financieros y legales

Dada la envergadura del acuerdo, la operación ha contado con una extensa nómina de asesores. Del lado vendedor, Citi y Banco Santander han actuado como asesores financieros de Platinum Equity, mientras que el despacho Latham & Watkins se ha encargado del asesoramiento legal principal, apoyado por firmas como Pérez-Llorca en determinados aspectos.

En el bando comprador, JP Morgan y UBS han asesorado a Blackstone Infrastructure, mientras que Morgan Stanley y BBVA han hecho lo propio con EQT Infrastructure. En el terreno jurídico, Blackstone y EQT han contado con el respaldo de Simpson Thacher & Bartlett, Linklaters, Kirkland & Ellis y Uría Menéndez, entre otros, reflejo de la complejidad regulatoria y contractual de la transacción.

Además, firmas como PwC han llevado a cabo la due diligence financiera y fiscal para los compradores, revisando en detalle la situación económica, los riesgos y las proyecciones de negocio de la compañía. La coordinación de todos estos actores ha sido clave para cerrar un acuerdo en el que se combinan elementos de financiación apalancada, transmisión de contratos públicos, traspaso de deuda y exclusión de ciertos activos.

Como es habitual en este tipo de operaciones, el cierre efectivo de la venta queda supeditado a la obtención de las autorizaciones regulatorias pertinentes, incluyendo las de competencia y, en su caso, de supervisores sectoriales en los distintos países en los que opera Urbaser. Aunque no se esperan vetos de fondo, el proceso de autorización podría prolongarse varios meses, de modo que la compañía seguirá, de momento, bajo el paraguas de Platinum hasta que se complete este trámite.

Con la entrada de Blackstone y EQT en el capital de Urbaser, el mapa de la gestión de residuos en España y Europa da un giro relevante: un actor con raíces en ACS, que ha pasado por manos chinas y estadounidenses, se consolida ahora como plataforma europea respaldada por dos de los mayores inversores globales en infraestructuras. La operación cristaliza años de crecimiento, refinanciaciones y reordenación de activos y abre una nueva fase en la que el foco estará en seguir expandiendo el negocio de residuos industriales, afianzar los contratos municipales y reforzar el papel de Urbaser en la transición hacia una economía más circular y sostenible.

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