La preocupaciĂ³n no es nueva, pero ha ido en aumento. Organismos como la Agencia Europea de Seguridad AĂ©rea (EASA) y la AsociaciĂ³n Internacional de Transporte AĂ©reo (IATA) llevan años advirtiendo de los peligros de las baterĂas de iones de litio, especialmente cuando viajan en el equipaje de mano. Y no es para menos: un simple cortocircuito puede desencadenar un incendio difĂcil de controlar, derivado de problemas como la fuga tĂ©rmica en baterĂas de ion-litio. A esto se suma el problema de la gestiĂ³n de residuos, donde estas baterĂas se convierten en un quebradero de cabeza para las plantas de reciclaje.
Riesgo en el transporte aéreo: restricciones y recomendaciones

El Ăºltimo aviso llegĂ³ el 9 de agosto, cuando el vuelo LX52 de Swiss, que cubrĂa la ruta entre ZĂºrich y Boston, tuvo que desviarse a DublĂn despuĂ©s de que se detectara humo en la cabina. El origen: una baterĂa externa. El Airbus A330-300 aterrizĂ³ sin problemas y los 206 pasajeros fueron recolocados en otro aviĂ³n, pero el susto volviĂ³ a poner sobre la mesa un problema que no deja de crecer. SegĂºn EASA, el nĂºmero de incidentes relacionados con power banks ha aumentado, y por eso la agencia publicĂ³ en mayo de 2025 una serie de recomendaciones: mantenerlas siempre accesibles, no usarlas para recargar otros dispositivos y vigilarlas durante el vuelo. IATA, por su parte, calcula que el 44% de los viajeros lleva una power bank, y lo que es peor, un 45% cree errĂ³neamente que puede facturarla. La OACI tambiĂ©n ha movido ficha: el 27 de marzo de 2026 aprobĂ³ nuevas especificaciones que limitan a dos el nĂºmero de baterĂas por pasajero y prohĂben recargarlas a bordo. JapĂ³n ya habĂa dado el paso en abril, prohibiendo su uso en los aviones. Ante este escenario, varias aerolĂneas han endurecido sus polĂticas. Swiss y Lufthansa Group, Emirates, Singapore Airlines, Thai Airways, Cathay Pacific, Korean Air y Virgin Australia han impuesto restricciones que van desde prohibir su uso hasta obligar a guardarlas bajo el asiento delantero. La mayorĂa coincide en que no deben ir en el compartimento superior, para que cualquier señal de humo sea detectada a tiempo.
Almacenamiento ilegal: el caso de Segovia

En tierra firme, el problema tambiĂ©n estĂ¡ muy presente. El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y LeĂ³n ha confirmado la condena a un vecino de Otero de Herreros, en Segovia, que convirtiĂ³ su vivienda en un almacĂ©n clandestino de baterĂas de ion-litio. La operaciĂ³n ‘Canaleja’ de la Guardia Civil, desarrollada en 2023, se saldĂ³ con la mayor incautaciĂ³n de este tipo de residuos en España y Europa: unas 45 toneladas de baterĂas, aunque finalmente se contabilizaron 30.998 kilos de residuo bruto. El hombre las guardaba en distintas estancias de la casa y el sĂ³tano, muchas deterioradas y mezcladas con otros materiales, sin ninguna medida de seguridad. La defensa alegĂ³ que las baterĂas aĂºn funcionaban y que las querĂa para un proyecto de baterĂas de litio para inversores de autoconsumo fotovoltaico, pero el tribunal no se lo creyĂ³. Para los magistrados, el hecho de que hubieran sido desechadas por sus anteriores propietarios y se almacenaran sin autorizaciĂ³n las convierte en residuos peligrosos. AdemĂ¡s, el riesgo de incendio era evidente: una concentraciĂ³n tan grande de baterĂas en una zona residencial podĂa provocar daños graves, emisiĂ³n de gases tĂ³xicos y contaminaciĂ³n del suelo y las aguas subterrĂ¡neas. La sentencia, que aĂºn puede recurrirse en casaciĂ³n, impone 18 meses de prisiĂ³n, una multa de 2.340 euros, 20 meses de inhabilitaciĂ³n para trabajar con residuos peligrosos y la obligaciĂ³n de pagar los gastos de retirada y tratamiento del material.
El peligro tambiĂ©n estĂ¡ en el reciclaje
Pero no solo en el aire o en los almacenes ilegales. Las baterĂas de litio tambiĂ©n son un dolor de cabeza para las plantas de reciclaje. En San Francisco, la empresa RethinkWaste sufriĂ³ un incendio en 2016 que necesitĂ³ 100 bomberos para ser controlado. La planta estuvo cuatro meses fuera de servicio, hubo que despedir a 80 empleados y la pĂ³liza de seguro se disparĂ³ de 180.000 a 3,1 millones de dĂ³lares en dos años. El responsable de la agencia, Joe La Mariana, explica que estos fuegos son especialmente traicioneros: no se apagan con mĂ©todos convencionales, arden a temperaturas altĂsimas y hay que aislar la baterĂa y dejar que se consuma. Su organizaciĂ³n sigue respondiendo a incidentes de este tipo cada mes, similares a algĂºn incendio en planta de reciclaje de baterĂas de litio. El problema es que muchos consumidores tiran las baterĂas a la basura o al contenedor de reciclaje sin saber que estĂ¡n creando una bomba de relojerĂa. A menudo ni siquiera saben cĂ³mo extraer la baterĂa de su telĂ©fono, asĂ que acaban deshaciĂ©ndose de todo el aparato. Por eso, tanto RethinkWaste como Recology piden mĂ¡s campañas de concienciaciĂ³n y una regulaciĂ³n mĂ¡s estricta. En California ya hay proyectos de ley para prohibir los vapeadores desechables y exigir a los fabricantes que se hagan responsables de la recogida de sus baterĂas. Una tendencia que, sin duda, acabarĂ¡ llegando a Europa.
En definitiva, las baterĂas de litio son una tecnologĂa maravillosa, pero no estĂ¡n exentas de peligro. Desde el transporte aĂ©reo hasta el almacenamiento domĂ©stico, pasando por el reciclaje de baterĂas de litio, los riesgos de incendio y contaminaciĂ³n son reales y cada vez mĂ¡s visibles. Las autoridades europeas y españolas ya han empezado a reaccionar, con normas mĂ¡s duras y sentencias ejemplares. Pero la responsabilidad tambiĂ©n es nuestra: saber cĂ³mo desecharlas correctamente y respetar las indicaciones de seguridad puede evitar mĂ¡s de un susto. La prĂ³xima vez que cargues el mĂ³vil en un aviĂ³n, piensa que esa pequeña baterĂa puede ser la causa de un gran problema.