Banco global de sonidos de aves para escuchar la biodiversidad

  • WABAD reúne más de 5.000 minutos y 90.000 vocalizaciones de 1.192 especies de aves de 72 hábitats repartidos por todo el planeta.
  • Las grabaciones se obtienen con grabadoras automáticas en la naturaleza y se anotan al segundo para entrenar algoritmos de identificación acústica.
  • España lidera el proyecto y aporta datos clave de espacios como Doñana o El Hondo, donde el pinzón vulgar y el mirlo común figuran entre las especies más registradas.
  • El banco global de sonidos permite monitorizar la biodiversidad de forma no invasiva, evaluar restauraciones ecológicas y apoyar la gestión de espacios naturales.

Banco global de sonidos de aves

La naturaleza está empezando a medirse tanto por sus silencios como por sus sonidos. Donde antes bastaba con mirar, ahora los científicos necesitan también escuchar para entender qué está pasando con la vida en el planeta y comprender las experiencias sensoriales en la naturaleza. En plena crisis de biodiversidad, el oído se ha convertido en una herramienta clave, y las aves, en una especie de termómetro sonoro de la salud de los ecosistemas.

En este contexto ha nacido un proyecto pionero: un banco global de sonidos de aves diseñado para escuchar la biodiversidad del planeta. Detrás de esta iniciativa se encuentra un amplio equipo internacional liderado desde España que ha conseguido lo que hasta hace poco parecía ciencia ficción: reunir, anotar con precisión y poner a disposición pública miles de grabaciones de cantos y llamadas de aves de prácticamente todo el mundo.

Qué es el banco mundial de sonidos de aves WABAD

El World Annotated Bird Acoustic Dataset (WABAD) es el nombre completo de este enorme archivo sonoro global. Se trata de un conjunto de datos acústicos de aves rigurosamente anotado que se ha creado con un objetivo muy claro: facilitar el desarrollo de algoritmos que identifiquen automáticamente a las especies por sus cantos o llamadas, y usar esa información para monitorizar la biodiversidad a gran escala.

El proyecto está coordinado por los biólogos españoles Esther Sebastián-González, del Departamento de Ecología de la Universidad de Alicante (UA), y Cristian Pérez-Granados, del Centre de Ciència i Tecnologia Forestal de Catalunya (CTFC), en Solsona (Lleida). Lo que empezó como la idea de un pequeño grupo de especialistas se ha convertido en una red científica internacional con más de un centenar de investigadores de 29 países implicados en la recopilación y anotación de datos.

Este banco público recoge grabaciones de cerca de 1.200 tipos de aves procedentes de los cinco continentes. Es decir, no estamos ante una colección local o parcial, sino ante un archivo verdaderamente global que integra paisajes sonoros de ambientes muy distintos: bosques tropicales, humedales costeros, praderas, montes mediterráneos, zonas agrícolas o selvas asiáticas, entre muchos otros.

La idea de fondo es tan simple como potente: si sabemos qué aves cantan en un lugar y en qué momento, podemos deducir cómo está cambiando ese ecosistema a lo largo del tiempo. Y si somos capaces de entrenar inteligencias artificiales para que reconozcan esos cantos de forma automática, entonces podemos vigilar grandes extensiones del planeta sin necesidad de tener ornitólogos patrullando continuamente el territorio.

En definitiva, WABAD se plantea como una infraestructura científica crítica para escuchar el estado de la biodiversidad, generar datos fiables y apoyar la toma de decisiones en conservación y gestión ambiental tanto a nivel local como global.

Grabaciones de cantos de aves

Un archivo sonoro global: cifras y alcance del proyecto

Una de las grandes fortalezas de WABAD es la magnitud y la diversidad de su contenido. No se trata solo de reunir audios sueltos, sino de construir un retrato sonoro muy detallado de la avifauna mundial. El conjunto de datos incluye actualmente:

  • 5.047 minutos de archivos de audio analizados y anotados.
  • Más de 90.000 etiquetas de vocalizaciones de aves, cada una de ellas asociada a una especie y a un instante concreto de la grabación.
  • 1.192 especies de aves registradas, que se aproximan al total de las cerca de 1.200 mencionadas en las descripciones generales del proyecto.
  • 72 hábitats distintos distribuidos por todo el mundo, que abarcan desde bosques templados hasta selvas tropicales, pasando por marismas, matorrales mediterráneos o paisajes rurales.

Estos datos llegan de un amplio abanico de países. En la lista figuran territorios tan variados como Vietnam, Taiwán, Nueva Caledonia, Guinea-Bissau, Guatemala, China, Chipre, Ucrania, Costa Rica, Argentina, Burkina Faso, República Dominicana, Nueva Zelanda, Polonia, Suecia, Camerún, Escocia, Canadá, Estados Unidos, Uganda, Alemania, Francia, Grecia, México, Colombia, Brasil, Indonesia y, por supuesto, España.

Si se analiza el volumen de información por continentes, Europa encabeza el ranking con 1.722 minutos de grabaciones, aproximadamente una tercera parte del total. Le siguen los países iberoamericanos con 939 minutos, América del Norte con 858, Asia con 831, África con 408 y Oceanía con 289 minutos. Esta distribución refleja, por un lado, dónde se ha trabajado más intensamente hasta ahora y, por otro, las regiones con mayor potencial de crecimiento en futuras fases del proyecto.

El valor de WABAD no reside únicamente en la cantidad de minutos recopilados, sino en la calidad y precisión de las anotaciones. Cada vocalización está marcada con el segundo exacto en el que el ave emite el canto o la llamada, lo que proporciona un nivel de detalle extraordinario. Esta anotación a escala de segundos permite construir conjuntos de entrenamiento muy finos para algoritmos de inteligencia artificial, capaces de aprender a distinguir especies incluso cuando hay múltiples sonidos superpuestos o ruido de fondo ambiental, incluida la contaminación acústica.

Gracias a esta combinación de amplitud geográfica, variedad de hábitats y anotación precisa, WABAD se sitúa entre las bases de datos acústicas de aves más completas y robustas desarrolladas hasta la fecha, y se convierte en un pilar para la bioacústica y la ecología del paisaje sonoro.

Banco acústico global para biodiversidad

Cómo se recogen y se anotan las grabaciones de aves

Para alimentar este banco global no basta con salir al campo con una grabadora de mano y registrar unos cuantos trinos. La metodología se basa en el uso de dispositivos de grabación automáticos instalados en plena naturaleza, que permanecen durante semanas o incluso meses en un mismo lugar captando todo lo que suena a su alrededor.

Estas grabadoras acústicas se dejan camufladas en el medio natural, fijadas a árboles, postes o estructuras discretas, y se programan para registrar en horarios determinados o de forma continua, según el objetivo del muestreo. De este modo se obtienen paisajes sonoros reales, con voces de aves mezcladas con el ruido del viento, insectos, mamíferos y actividades humanas lejanas.

Una vez recogidos los dispositivos, comienza la parte más laboriosa: escuchar, identificar y anotar las vocalizaciones. Equipos de expertos analizan los audios y marcan en qué segundo canta cada especie, añadiendo una etiqueta correspondiente. En muchos casos se trabaja con espectrogramas (representaciones visuales del sonido) para localizar y diferenciar mejor los cantos en grabaciones densas.

Este trabajo minucioso genera miles de registros etiquetados con una precisión temporal muy fina. Cada anotación no solo indica qué especie está vocalizando, sino también en qué momento exacto de la grabación aparece, lo cual es fundamental para entrenar algoritmos que aprendan a reconocer patrones sonoros complejos.

Además, los datos se integran con información contextual sobre el hábitat y la localización de la grabación, de forma que los científicos pueden asociar determinados paisajes sonoros con tipos concretos de ecosistemas o niveles de perturbación humana. Este contexto enriquece mucho el potencial de uso del banco de sonidos, porque permite estudiar cómo cambian las comunidades de aves en función del entorno.

Tecnología acústica para biodiversidad

España en el mapa sonoro global: Doñana, El Hondo y más

España juega un papel destacado dentro de este proyecto, no solo por el liderazgo científico, sino también por la variedad de ecosistemas nacionales incluidos en WABAD. En la península ibérica se han seleccionado lugares emblemáticos para la conservación de aves, que aportan una gran riqueza de cantos y especies.

Entre los enclaves españoles representados en la base de datos se encuentran el Parque Nacional de Doñana, uno de los humedales más importantes de Europa, y el paraje de El Hondo en Alicante, otro espacio clave para aves acuáticas y migratorias. También aparecen Solsona (Lleida), con sus masas forestales y esfuerzos de repoblación de los bosques, Zarzalejo (Madrid), zonas de Navarra, la comarca de Tierra de Pinares (Valladolid), Villena y Ontígola (Toledo), entre otros paisajes rurales y forestales.

En el caso de la península, los datos muestran que las especies más “escuchadas” son el pinzón vulgar y el mirlo común, dos aves muy extendidas y familiares para cualquiera que haya paseado por un parque o un bosque en España. Sus cantos se repiten una y otra vez en las grabaciones, lo que los sitúa en los primeros puestos del ranking de vocalizaciones recogidas.

Junto a ellas destacan otras aves como el ruiseñor común, el escribano triguero y el petirrojo, que también acumulan un número considerable de registros. Llama la atención que entre las veinte especies con más vocalizaciones aparezcan también aves hawaianas como el ‘apanane, el ‘amakihi y el ‘iwi, lo que refleja la dimensión realmente global del proyecto, en el que conviven especies europeas, americanas, asiáticas y del Pacífico en un mismo banco de datos.

El papel de la investigación española en este mapa sonoro del planeta es especialmente relevante. La coordinación desde la Universidad de Alicante y el CTFC, junto con la participación de numerosos grupos nacionales, sitúa a España en una posición de referencia dentro de la bioacústica aplicada, demostrando que también desde aquí se impulsan proyectos punteros a escala mundial.

Aves como bioindicadores ambientales

De observar con prismáticos a escuchar con algoritmos

Durante décadas, el seguimiento de aves se ha basado casi siempre en censos visuales y auditivos realizados por personas. Equipos de ornitólogos recorrían rutas establecidas, apuntaban las especies vistas u oídas y repetían este trabajo año tras año. Aunque este enfoque ha generado información valiosísima, tiene varias limitaciones: es costoso en tiempo, requiere personal muy especializado y resulta difícil de escalar a grandes superficies o a periodos de monitorización muy largos.

La llegada de la bioacústica automatizada cambia completamente el juego. En lugar de depender solo de observadores humanos, ahora se pueden desplegar sensores que “escuchan” el entorno de forma continua y envían los datos a sistemas informáticos. Es aquí donde WABAD encaja como pieza clave: proporciona el material que necesitan los algoritmos para aprender a reconocer a las aves por sus sonidos.

Gracias a las miles de etiquetas de vocalizaciones, los especialistas en ciencia de datos pueden entrenar modelos de inteligencia artificial capaces de distinguir patrones sonoros, identificar especies en grabaciones ruidosas y cuantificar su presencia a lo largo del tiempo. Estos modelos no solo dicen “aquí canta un mirlo”, sino que también permiten medir con qué frecuencia aparece esa especie en una zona concreta o cómo varía su actividad en distintas épocas del año.

En la práctica, este salto tecnológico significa que los ecosistemas pueden ser monitorizados de manera mucho más frecuente, precisa y económica. Un conjunto de sensores repartidos por un parque natural puede generar una especie de “radiografía sonora en tiempo real”, indicando qué especies están presentes, cuáles disminuyen, cuáles aparecen de repente o regresan tras una restauración ambiental.

Además, esta aproximación basada en algoritmos tiene otra ventaja importante: reduce la necesidad de presencia humana constante en el campo. Como comenta la propia Esther Sebastián-González, los sistemas automáticos permiten evitar que una persona tenga que pasar horas y horas en el terreno contando aves, ya que el algoritmo identifica las especies y facilita conocer cuántas distintas se detectan en un lugar y en un periodo concretos.

Monitorización acústica de ecosistemas

Las aves como bioindicadores: lo que nos cuentan sus cantos

Las aves han sido consideradas desde hace tiempo excelentes bioindicadores del estado de los ecosistemas. Su presencia, su abundancia o su desaparición pueden reflejar cambios en la estructura del hábitat, la calidad del aire, la disponibilidad de alimento, la contaminación acústica e incluso los efectos del cambio climático.

Escuchar sus cantos equivale, en cierta manera, a escuchar la salud del entorno. Cuando un paisaje sonoro se enriquece con una mayor diversidad de especies y con distintos tipos de vocalizaciones, suele ser señal de un ecosistema funcional y relativamente bien conservado. Al contrario, cuando el ambiente se empobrece y los registros se reducen a unas pocas especies generalistas o muy tolerantes a la perturbación, algo suele ir mal.

La posibilidad de comparar paisajes sonoros antes y después de una actuación ambiental es una de las aplicaciones más interesantes de este banco de sonidos. Por ejemplo, tras una restauración ecológica en un humedal degradado o en un bosque incendiado, analizar cómo cambia la diversidad de cantos puede ofrecer pistas tempranas sobre la recuperación del sistema, mucho antes de que el cambio sea evidente a simple vista.

Este enfoque tiene un enorme potencial para evaluar la eficacia de políticas ambientales y proyectos de conservación. Administraciones públicas, gestores de parques nacionales o responsables de espacios protegidos pueden apoyarse en la información acústica para tomar decisiones más informadas, priorizar actuaciones o detectar problemas a tiempo.

A todo ello se suma que la monitorización acústica es una técnica no invasiva. No es necesario capturar ni manipular animales, no se altera de manera significativa su comportamiento y se pueden cubrir grandes áreas con un impacto mínimo sobre la fauna. En una época en la que la pérdida de biodiversidad se acelera, contar con herramientas de seguimiento que no sumen más presión a los ecosistemas resulta especialmente valioso.

En conjunto, el banco mundial de sonidos de aves se consolida como una herramienta esencial tanto para la comunidad científica como para quienes gestionan el territorio. Permite estudiar la biodiversidad a partir del oído, mejorar los sistemas automáticos de identificación y acercar a la sociedad a una idea poderosa: que el planeta se puede proteger también escuchando cómo canta, cómo se calla y cómo cambia su sinfonía de voces al compás de nuestras acciones.

Sonidos de la naturaleza y salud
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