Baleares impulsa el futuro del campo con su nuevo Plan Estratégico de la Producción Ecológica

  • Inversión global de 67,1 millones de euros para fortalecer el sector hasta 2030.
  • Meta de alcanzar el 25% de la superficie agraria útil certificada como ecológica.
  • Foco en la rentabilidad económica y la reducción de la dependencia de subvenciones.
  • Apuesta decidida por el relevo generacional y el incremento del consumo local.

Plan Estratégico de la Producción Ecológica en el campo

El sector primario en las Islas Baleares está a punto de experimentar un cambio de rumbo bastante significativo. Con la mirada puesta en el horizonte de finales de década, las instituciones han decidido dar un paso al frente para modernizar el campo a través de una hoja de ruta que promete no dejar a nadie atrás. No se trata solo de una declaración de buenas intenciones, sino de un proyecto sólido que busca que la agricultura y la ganadería no solo sobrevivan, sino que prosperen en un entorno cada vez más exigente y globalizado, donde la sostenibilidad ya no es una opción, sino una necesidad imperante.

Este ambicioso planteamiento no ha caído del cielo, ya que es el resultado de un largo proceso de escucha activa con los protagonistas de la tierra. Lo cierto es que este plan nace del diálogo constante con los productores y agentes del sector, quienes llevan tiempo reclamando medidas que aporten estabilidad a su día a día. Al final de la jornada, lo que se busca es que ser agricultor ecológico en las islas sea una opción de vida viable, atractiva y con futuro, especialmente para aquellos que se están planteando coger el testigo de sus mayores y no saben muy bien cómo hincarle el diente a la situación actual.

Producción ecológica
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Inversión en agricultura ecológica Baleares

Para que las palabras no se las lleve el viento, la estrategia viene acompañada de una billetera importante. Se ha previsto movilizar un total de 67,1 millones de euros para ejecutar las diversas medidas contempladas. De esta cantidad, casi 49 millones ya están prácticamente asegurados dentro de los presupuestos y programas actuales, mientras que el resto se irá incorporando de forma progresiva. Este respaldo económico servirá para que las 67 actuaciones concretas que componen el plan no se queden en un cajón y lleguen realmente a las explotaciones que están dando el do de pecho cada día.

El objetivo principal es profesionalizar cada vez más el entorno rural. No basta con producir de forma limpia; hay que ser competitivos. Por ello, el plan se estructura en ocho ejes que tocan todos los palos: desde la formación y la investigación hasta la mejora de la comercialización. Se busca que el sector ecológico gane una dimensión empresarial mucho más potente, permitiendo que los agricultores y ganaderos tengan herramientas de sobra para defender sus precios y no dependan tanto de los vaivenes del mercado externo o de las ayudas y certificaciones que impulsan la producción ecológica.

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De la cantidad de tierra a la rentabilidad del negocio

Hectáreas de cultivo ecológico en las islas

Baleares ya parte con una posición envidiable, con más del 21% de su superficie agraria útil dedicada a lo ecológico. Sin embargo, la meta es alcanzar el 25% de superficie certificada en los próximos años, alineándose así con las exigencias que vienen desde Europa. Pero ojo, que no todo es sumar hectáreas por sumar. El plan pone los puntos sobre las íes al centrarse en la viabilidad económica. Se espera que el valor total de la producción aumente un 20%, llegando a superar los 26 millones de euros anuales, lo que supondría un alivio importante para las cuentas de los payeses.

Uno de los retos más interesantes es conseguir que estas explotaciones sean más autónomas. Actualmente, muchas dependen en exceso de las subvenciones, llegando a representar estas el 60% de sus ingresos. La idea es que, mediante una mejor gestión y venta del producto, ese peso de las ayudas baje hasta el 50% para el año 2030. De esta manera, se conseguirá un tejido productivo mucho más resiliente, similar a cómo se ha desarrollado la producción ecológica en Almería como modelo resiliente, generando un valor añadido que se quede en el territorio y beneficie a toda la cadena de valor, desde el campo hasta la mesa.

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Consumo de productos ecológicos locales

Otro de los grandes quebraderos de cabeza es el envejecimiento de quienes trabajan la tierra. No es moco de pavo que la media de edad ronde los 51 años, por lo que el plan se ha propuesto reducir la edad media de los titulares hasta los 48 años. Para lograrlo, se facilitarán las cosas a los jóvenes que quieran emprender en este mundo, dándoles el asesoramiento y el apoyo necesario para que vean en la producción ecológica un negocio con presente y futuro. Si no hay relevo, todo el esfuerzo realizado hasta ahora podría caer en saco roto.

Por último, nada de esto tendría sentido si el consumidor no se implica. Se quiere fomentar que los residentes y los turistas apuesten por lo nuestro, impulsando que la alimentación ecológica entre con fuerza en los hogares. El objetivo es que el gasto por persona en productos ecológicos suba de 117 a 135 euros anuales. Se trata de una oportunidad de oro para conectar la gastronomía local y el turismo de calidad con el trabajo de nuestros productores, creando un círculo virtuoso que proteja el paisaje y la biodiversidad de las islas mientras se disfruta de alimentos sanos y de proximidad.

La puesta en marcha de esta ambiciosa estrategia hasta 2030 marca un punto de inflexión para el archipiélago. Al combinar una inversión millonaria con objetivos realistas y un enfoque centrado en la profesionalización, Baleares se sitúa a la vanguardia de la transición agroecológica en España. Lograr que una cuarta parte de la economía agraria sea verde y rentable no solo es una meta ambiental, sino un seguro de vida para el mundo rural que permitirá mantener vivas las tradiciones del campo bajo un prisma moderno y eficiente que garantice el bienestar de las futuras generaciones de productores.

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