La lucha contra el calentamiento global ya no se limita únicamente a reducir lo que expulsamos por las chimeneas; ahora el gran reto consiste en limpiar lo que ya hemos soltado. Vaya por delante que el ritmo actual de descarbonización no parece suficiente para cumplir con los compromisos internacionales, lo que ha empujado a científicos y empresas a buscar soluciones de captura directa de CO2 que hasta hace bien poco nos sonarían a ciencia ficción.
En este escenario tan complejo, España se está posicionando como un laboratorio de pruebas excepcional, aprovechando tanto su privilegiada ubicación geográfica como el talento que emana de sus universidades. Se busca con urgencia el equilibrio para alcanzar las Investigadores de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria han puesto el foco en el mar, que al fin y al cabo cubre la mayor parte de nuestra superficie. La propuesta de eliminación de dióxido de carbono marino es una herramienta necesaria para complementar las renovables. Al final, se trata de aprovechar los propios ciclos biológicos del planeta para acelerar un secuestro de carbono que la naturaleza ya realiza por su cuenta, pero que necesita un empujoncito extra. Pero no todo ocurre en alta mar; en tierra firme los avances son igualmente prometedores. En la Universitat Jaume I de Castelló han dado un paso de gigante al patentar un sistema que utiliza sales innovadoras para atrapar el gas contaminante directamente del aire. A diferencia de los métodos tradicionales basados en aminas, que suelen degradarse rápido, este nuevo material es completamente electrificados con energías limpias. La idea de fondo es estandarizar estas instalaciones para que puedan replicarse a escala internacional, reduciendo de paso los riesgos económicos que suelen frenar a las empresas a la hora de invertir en sostenibilidad. Lo que hace que estas tecnologías sean realmente interesantes es que el dióxido de carbono capturado no tiene por qué ser siempre un estorbo que hay que enterrar. Existe la posibilidad de reutilizarlo como materia prima para fabricar combustibles sostenibles para la aviación o productos químicos, cerrando así un círculo que hasta ahora estaba roto. Esta vertiente económica resulta fundamental, ya que permite que la inversión en descarbonización genere beneficios tangibles más allá del evidente alivio medioambiental. Además, no hay que olvidar la presión fiscal que llega desde Europa, que cada vez penaliza más las emisiones de gases de efecto invernadero. Para evitar que las industrias busquen refugio en países con normativas más laxas, es vital ofrecer soluciones locales que permitan gestionar el carbono de manera eficiente y competitiva. Se trata de una estrategia combinada donde las energías limpias y la ingeniería radical trabajan de la mano para no superar ese límite crítico de temperatura que pondría en jaque nuestra forma de vida. El camino hacia un futuro con menos humos pasa inevitablemente por la suma de todas estas soluciones técnicas y biológicas que actúan como una red de seguridad. El desarrollo de nuevos absorbentes químicos en Castelló, unido a las propuestas de gestión oceánica en las Islas Canarias y la industrialización de plantas de filtrado en toda Europa, dibuja un mapa bastante esperanzador para afrontar de cara el mayor reto ambiental de nuestra era.
El potencial del océano como pulmón artificial

Innovaciones en la captura directa desde la atmósfera

Transformar el residuo en un recurso industrial


