
Los desiertos, lejos de ser espacios vacíos, reúnen rasgos técnicos de gran valor para estas instalaciones: altos niveles de irradiación, suelos con buena absorción térmica, baja humedad y una vegetación escasa que reduce las necesidades de movimiento de tierras. Todo ello facilita campos solares extensos sin grandes afecciones ambientales y con rendimientos elevados.
Transformación termosolar en los desiertos de Asia
En la provincia china de Gansu se levanta la que presume ser la primera central termosolar de doble torre del mundo. Dos estructuras de unos 200 metros de altura reciben la radiación concentrada por un campo de unos 30.000 heliostatos dispuestos en círculos concéntricos que siguen al sol durante el día.
La configuración está diseñada para que el calor reflejado pueda enviarse a cualquiera de las torres, maximizando la captura a lo largo de la jornada. En la cima se ubican receptores que calientan sales fundidas, un fluido que actúa como batería térmica para almacenar grandes cantidades de energía y generar electricidad también de noche.
La combinación de doble torre y campo superpuesto apunta a un incremento de rendimiento cercano al 24% respecto a diseños convencionales. Además, se reporta una reflectividad de los espejos en torno al 94%, factor clave para que la mayor parte de la radiación incidente se convierta en calor útil.
El complejo, que convive con instalaciones eólicas y fotovoltaicas, prevé rondar los 1.800 millones de kWh al año de producción y evitar aproximadamente 1,53 millones de toneladas de CO₂. La modularidad del diseño deja la puerta abierta a sumar más torres en el futuro si se busca escalar la potencia instalada.
El entorno desértico aporta ventajas añadidas: terrenos amplios y homogéneos, menor competencia por usos del suelo y pocas sombras proyectadas, lo que simplifica la planificación. Aunque los costes iniciales de estas infraestructuras son elevados, la operación con almacenamiento térmico las vuelve especialmente interesantes para inyectar energía en horas punta y dar respaldo a otras renovables.
México apuesta por sus primeras centrales termosolares con almacenamiento

El Gobierno de México ha anunciado la construcción de dos centrales termosolares en Baja California Sur con una inversión estimada de 800 millones de dólares, a cargo de la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Se trata de los primeros proyectos de este tipo en el país, con el foco puesto en reforzar el abasto de un sistema eléctrico aislado que sufre cortes en los meses de mayor demanda.
Según lo expuesto por la Secretaría de Energía, cada central contará con tecnología de torre central y almacenamiento en sales fundidas, con una potencia prevista de 50 MW por planta (100 MW en total). El objetivo es disponer de capacidad firme sin intermitencias, manteniendo la generación tras la puesta de sol gracias al calor acumulado durante el día.
Las autoridades han explicado que la energía captada por un campo de heliostatos se concentra en un receptor elevado donde las sales alcanzan temperaturas del orden de los 500 ºC. Ese calor se transfiere a un generador de vapor que mueve una turbina acoplada a un alternador, produciendo electricidad para el sistema local.
Entre los efectos esperados se incluye la descarbonización del mix regional al desplazar combustibles como el combustóleo y el gas, además de impulsar innovación y cadenas de valor ligadas a la termosolar. Se calcula que el suministro de estas dos plantas podría cubrir las necesidades eléctricas de entre 100.000 y 200.000 hogares.
En cuanto a plazos, la construcción se sitúa en una horquilla de 36 a 48 meses. Aún restan definir el emplazamiento exacto y el proceso de licitación, trámites que el Ejecutivo pretende concretar antes de fin de año o, llegado el caso, a inicios de 2026. Los proyectos se enmarcan en el Plan de Fortalecimiento y Expansión del Sistema Eléctrico Nacional 2025-2030, que prioriza tecnologías renovables despachables.
Cómo funciona la energía solar térmica de concentración (CSP)
La CSP se basa en un campo de espejos móviles (heliostatos) que redirigen los rayos del sol hacia un receptor en lo alto de una torre. Allí se calienta un fluido térmico —habitualmente sales fundidas— que almacena el calor para su uso inmediato o diferido, lo que posibilita generar incluso sin sol.
Ese calor alimenta un circuito de intercambio térmico que produce vapor a alta presión, el cual mueve una turbina conectada a un generador. A diferencia de la fotovoltaica, que convierte la luz en electricidad al instante, la termosolar convierte el calor en electricidad y, gracias al almacenamiento, ofrece una producción más gestionable.
Entre los beneficios más citados de esta tecnología destacan la flexibilidad horaria y su papel como respaldo del sistema. Al poder decidir cuándo verter energía, las plantas CSP ayudan a suavizar picos de demanda y a reducir el recurso a centrales fósiles en horas nocturnas.
Los desiertos suelen ser escenarios idóneos para la CSP por la combinación de irradiación elevada, atmosférica estable y menos obstáculos físicos. A ello se suma que la menor presencia de vegetación reduce la necesidad de despejes intensivos y limita el impacto sobre el entorno si se planifica adecuadamente.
- Capacidad firme: producción estable gracias al almacenamiento térmico.
- Descarbonización: desplaza combustibles fósiles en horas punta.
- Complementariedad: encaja con eólica y fotovoltaica para un mix equilibrado.
- Escalabilidad: diseños modulares que permiten sumar torres o campos de espejos.
Retos, madurez tecnológica y próximos pasos
Aunque la CSP ha dado un salto con diseños de doble torre y mejoras ópticas, persisten desafíos como la inversión inicial, la eficiencia global del sistema y la gestión de operaciones en condiciones de polvo o vientos fuertes. El aprendizaje de experiencias pasadas —incluidas iniciativas que no prosperaron— ayuda a ajustar expectativas y a optimizar costes.
China, con su proyecto en Gansu, explora el límite de la integración a gran escala de la termosolar con almacenamiento. México, con sus nuevas plantas en Baja California Sur, busca resolver un problema muy concreto: dotar de seguridad de suministro a un sistema insular en la práctica, apoyándose en una fuente renovable con capacidad de despacho.
Si estos planes cumplen sus hitos, el sector podría acelerar la estandarización de componentes, mejorar cadenas de suministro y recortar costes de capital. A medio plazo, la CSP aspira a consolidarse como aliado de otras renovables para cubrir la demanda nocturna y de alta exigencia sin recurrir tanto a combustibles fósiles.
El panorama que dibujan Gansu y Baja California Sur es el de una termosolar más madura, con plantas capaces de almacenar calor y entregarlo cuando hace falta: dos torres de 200 metros y 30.000 heliostatos en Asia como escaparate tecnológico, y dos proyectos mexicanos de 100 MW totales orientados a asegurar el servicio en una red aislada; señales de que la energía solar térmica refuerza su papel en la transición energética.
