
Después de varios años de trabajos técnicos, inspecciones y ajustes finos, la central nuclear Atucha II ha vuelto a funcionar a su máxima capacidad de potencia. La planta, ubicada en Lima, partido de Zárate, recibió la autorización del regulador para operar nuevamente a plena carga y aportar toda su energía al sistema eléctrico argentino.
El retorno al 100% de potencia marca el cierre de un periodo de más de siete años en el que la instalación trabajó con limitaciones operativas por un problema detectado en el circuito primario. Con la autorización formal de la Autoridad Regulatoria Nuclear (ARN), Atucha II vuelve a jugar de lleno su papel como central de base en el Sistema Interconectado Nacional, aportando generación continua y previsible.
Autorización regulatoria y vuelta a la potencia nominal
Según comunicó Nucleoeléctrica Argentina S.A. (NA-SA), empresa responsable de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse, la ARN habilitó que Atucha II alcance de nuevo su potencia nominal de 745 MW brutos. Este permiso se dio tras un proceso de verificación en el que se evaluaron los trabajos correctivos, los ensayos técnicos y los nuevos sistemas de control implementados en la planta.
De acuerdo con fuentes oficiales, la central volvió a operar al 100% de potencia el 14 de enero a las 19:20, tras un incremento gradual supervisado por el organismo regulador. La planta venía trabajando desde octubre de 2025 alrededor del 97% de su capacidad, como paso previo a la recuperación total.
El presidente de Nucleoeléctrica, Demian Reidel, remarcó que la central incluso mostró un valor de 100,2% en sus indicadores de potencia, lo que generó cierta curiosidad pública. Reidel aclaró que este número no supone un exceso peligroso, sino que responde al concepto de potencia nominal como valor de referencia: el 100% es el punto de diseño óptimo, y se admite un margen de tolerancia pequeño sin afectar la seguridad ni la vida útil del reactor.
En ese sentido, explicó que se trabaja con un rango operativo del orden de 100% ± 0,5%. Mientras la potencia se mantenga dentro de esos límites, la operación se considera normal y no se realizan correcciones permanentes, evitando el desgaste innecesario de los mecanismos de control del reactor.
La vuelta a plena carga de Atucha II refuerza el papel de la energía nuclear como generación de base, menos expuesta a las oscilaciones climáticas que afectan a las renovables y a la variabilidad hidrológica de las centrales hidroeléctricas.
El origen del problema y los años de operación limitada
La restricción de potencia que arrastraba Atucha II se remontaba a finales de 2018, cuando la empresa detectó un descenso progresivo de la potencia eléctrica y un aumento de la temperatura de salida del sistema de refrigeración. Ese comportamiento anómalo apuntaba a una reducción de caudal de agua pesada en el circuito primario, encargado de moderar la reacción en cadena y refrigerar el núcleo del reactor.
Al analizar el interior del reactor, los equipos técnicos hallaron debris o virutas metálicas en los elementos combustibles. Posteriormente se determinó que esos restos procedían de la rotura de la camisa del eje de una de las bombas del circuito primario, lo que provocó un desgaste prematuro en el cojinete inferior de carbón de la bomba.
La compañía identificó que la causa de fondo estaba en una falla de diseño reconocida por el fabricante de la bomba, que había recomendado sustituir ese componente tras la etapa de prueba de presión de la instalación. Ese reemplazo no se efectuó en su momento ni se trasladó al operador como tarea pendiente para la primera parada programada, lo que a la larga derivó en el problema detectado.
Para evitar riesgos mayores, Nucleoeléctrica decidió sacar la central de servicio de forma manual y diseñar un plan de intervención. Tras la inspección y la definición de la estrategia de reparación, Atucha II retomó la operación comercial en febrero de 2019, pero bajo un esquema de potencia reducida, en el que se priorizó la seguridad sobre la generación máxima.
Durante esos años, la planta operó con restricciones gracias al desarrollo de programas de cálculo específicos que permitieron predecir el comportamiento de la refrigeración del reactor ante la presencia de impurezas en el sistema. Esa herramienta fue clave para demostrar que se podía seguir generando energía de forma segura mientras se terminaban de diseñar e implementar las soluciones definitivas.
Trabajos correctivos y mejoras de seguridad en Atucha II
El regreso a la potencia plena no fue fruto de una única intervención aislada, sino del trabajo sostenido de equipos multidisciplinares de Nucleoeléctrica y de otros organismos técnicos. La empresa puso en marcha un plan complejo de acciones correctivas orientadas tanto a resolver el problema original como a reforzar la seguridad y la confiabilidad de la central frente a eventos similares en el futuro.
Entre las medidas destacadas se encuentran la revisión integral y reparación de la bomba afectada, así como el reemplazo de las camisas por un diseño mejorado que corrige el defecto identificado. Este cambio de ingeniería apunta a reducir el riesgo de generación de nuevos residuos metálicos en el circuito primario.
Además, se instalaron filtros en el reactor en las posiciones de los elementos combustibles, con el objetivo de capturar y extraer cualquier resto metálico que pudiera aparecer. Esta barrera adicional actúa como sistema de defensa en profundidad, minimizando la posibilidad de que partículas extrañas afecten el flujo de refrigerante o dañen los componentes del núcleo.
La central incorporó también un sistema de monitoreo online del sistema primario para detectar variaciones en la actividad que puedan asociarse a fallos en los elementos combustibles. Este seguimiento en tiempo real permite identificar problemas en etapas tempranas y actuar antes de que se traduzcan en una merma significativa de potencia o en un riesgo para la integridad del reactor.
Otro punto clave fue la puesta en marcha de alarmas específicas para caídas de caudal en el circuito primario, junto con la medición detallada del flujo de agua pesada en los canales refrigerantes. Estos mecanismos ofrecen a los operadores información precisa ante cualquier modificación en el régimen hidráulico del reactor.
Como parte del proceso de validación, se desarrolló un simulador hidráulico (mock-up) en el Centro Atómico Constituyentes, que permitió reproducir condiciones de operación y ensayar soluciones en un entorno controlado. Este banco de pruebas fue fundamental para respaldar con datos experimentales las decisiones de ingeniería adoptadas y para demostrar ante la ARN que la central podía volver a operar con plena seguridad.
Todo este conjunto de acciones, supervisado en cada etapa por el regulador, culminó en la autorización para operar nuevamente al 100% de potencia, consolidando a Atucha II como una pieza estratégica del parque nuclear argentino.
Impacto en la generación eléctrica y rol como energía de base
La recuperación total de Atucha II llega en un contexto de crecimiento sostenido de la generación nuclear en el país. Nucleoeléctrica Argentina encadenó en 2024 y 2025 récords sucesivos de producción anual, con una generación neta de alrededor de 10,76 millones de MWh el último año, cifra que representó aproximadamente el 7,5% de la demanda eléctrica nacional.
Dentro de ese desempeño, Atucha II tuvo un papel especialmente relevante, con una producción que superó los 5,4 millones de MWh netos, por encima de su anterior máximo histórico registrado en 2016. Con la central ya habilitada para entregar continuamente su potencia nominal, se espera que este aporte se consolide e incluso mejore en los próximos ejercicios.
La energía nuclear se posiciona así como un complemento estable a las renovables, capaz de funcionar de manera independiente a las oscilaciones del viento, del sol o de la disponibilidad hidrológica. Este carácter de generación de base resulta clave en sistemas eléctricos que buscan reducir las emisiones de carbono sin renunciar a la seguridad de suministro.
En la práctica, disponer de una central como Atucha II a plena potencia implica contar con un bloque firme de 745 MW brutos funcionando de forma continua, lo que ayuda a aliviar la presión sobre otras fuentes de generación en momentos de alta demanda. Esta estabilidad es especialmente valiosa en contextos de calor extremo o picos de consumo, en los que la robustez del sistema se pone a prueba.
Desde el punto de vista económico, la mayor disponibilidad de energía nuclear también puede contribuir a reducir la necesidad de combustibles fósiles para generación térmica, moderando la exposición a la volatilidad de los precios internacionales del gas y del petróleo y disminuyendo la salida de divisas.
Crecimiento del combustible nuclear y autonomía del parque atómico
La recuperación de Atucha II se da en paralelo a un avance significativo en el ciclo del combustible nuclear. La empresa estatal Dioxitek, que se ocupa de una etapa clave en el procesamiento del uranio, informó que durante 2025 alcanzó una producción de 190 toneladas de dióxido de uranio de grado nuclear, el mayor volumen desde su creación en 1996.
Este hito productivo es el resultado de un proceso de reordenamiento interno, saneamiento administrativo y optimización industrial en su planta de Córdoba. Mediante mejoras en cada fase del proceso físico-químico, se incrementó la eficiencia del personal técnico y se consolidó la capacidad de la empresa para suministrar combustible al parque nuclear argentino.
Las 190 toneladas de dióxido de uranio permiten proyectar un escenario de autoabastecimiento de combustible para las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. De este modo, Argentina reduce o incluso evita la importación de un insumo altamente especializado, con un impacto directo en el ahorro de divisas y en la seguridad energética.
El proceso industrial de Dioxitek transforma materias primas como el yellowcake y otros subproductos en polvo de dióxido de uranio de calidad cerámica. Ese material se utiliza para fabricar las pastillas que conforman los elementos combustibles que, más tarde, se cargan en los reactores de potencia.
La combinación de una central como Atucha II operando al 100% y un proveedor local de combustible con récord de producción fortalece un esquema de soberanía tecnológica poco frecuente a nivel mundial: el dominio integral de la tecnología nuclear con fines pacíficos, desde el mineral hasta la generación masiva de electricidad.
Nuevo impulso político al sector nuclear argentino
El retorno operativo pleno de Atucha II se inscribe en una etapa en la que el Gobierno argentino ha decidido otorgar un protagonismo renovado a la energía nuclear dentro de su estrategia energética. Bajo el lema de disponer de “más energía nuclear para impulsar el futuro del país”, el Ejecutivo ha planteado el sector como un pilar para acompañar la demanda eléctrica y el crecimiento económico.
En 2024 se puso en marcha el llamado Plan Nuclear Argentino, bajo la conducción de Demian Reidel, que también está al frente de Nucleoeléctrica Argentina. El plan busca ordenar el sector, corregir incentivos y mejorar el retorno económico de las inversiones públicas realizadas en el complejo nuclear nacional.
A ello se suma la creación de la Secretaría de Asuntos Nucleares, dependiente del Ministerio de Economía y encabezada por Federico Ramos Napoli. Esta nueva estructura institucional apunta a coordinar la estrategia nuclear a largo plazo, integrando aspectos de generación eléctrica, industria, investigación y aplicaciones médicas.
En este contexto, la plena disponibilidad de Atucha II se interpreta como una señal de robustez del sistema y como un respaldo práctico a la política de mantener y potenciar la infraestructura estratégica existente. El sector cerró 2025 con avances técnicos y productivos relevantes, que refuerzan la idea de que la energía nuclear continúa siendo un pilar para el desarrollo económico e industrial del país.
Al mismo tiempo, el buen desempeño de las centrales y el récord de producción de combustible aportan una base sólida para debatir, con datos en la mano, el papel de la energía nuclear en la transición hacia matrices más bajas en carbono, tanto en Argentina como en otras regiones del mundo que observan estos desarrollos como referencia.
La combinación de una Atucha II operando nuevamente al 100% de potencia, una cadena de suministro de combustible reforzada y un marco político que vuelve a mirar a la energía nuclear como activo estratégico dibuja un escenario en el que el parque atómico argentino gana peso en la cobertura de la demanda eléctrica, consolida su aporte como energía de base y se posiciona como un ejemplo regional de cómo la continuidad técnica y la planificación a largo plazo pueden traducirse en mayor seguridad y autonomía energética.


