Asia frente al reto y las oportunidades de la transición energética

  • Asia lidera el crecimiento de las energías renovables a nivel mundial y concentra el 71% de la nueva capacidad instalada.
  • China y la India enfrentan retos diferentes, pero están impulsando grandes avances en solar, eólica y modernización energética.
  • Persisten importantes desafíos de desigualdad regional, dependencia del carbón y dificultades de financiación para una transición justa.

Capacidad renovable en Asia transición energética

La transición energética en Asia se ha convertido en un fenómeno de escala mundial, marcando el pulso del crecimiento de las energías renovables e influyendo decisivamente en el rumbo de la descarbonización global. En los últimos años, el continente asiático no solo ha liderado la incorporación de nueva capacidad renovable, sino que también está protagonizando una transformación a todos los niveles: desde la implementación de tecnologías sostenibles hasta la redefinición de las políticas energéticas y el impulso de alianzas internacionales.

Esta tendencia no es fruto del azar. Países como China, India o Japón se ven abocados a una evolución acelerada debido a su tamaño demográfico, su rápido desarrollo industrial y la urgente necesidad de combatir los desafíos ambientales y económicos derivados de la dependencia de los combustibles fósiles. Al mismo tiempo, las diferencias dentro del propio continente, unidas a la presión global para alcanzar los objetivos climáticos, hacen de Asia un espacio tan diverso como crucial en la transición hacia sistemas energéticos más limpios, inteligentes y sostenibles.

Asia: Motor global de la transición energética

Los datos más recientes revelan que Asia concentra la mayor parte del crecimiento mundial en energías renovables. En 2024, el 71% de la nueva potencia renovable instalada a nivel global tuvo lugar en Asia, situando al continente a la cabeza de la revolución energética. Esto supone una diferencia abismal respecto a otras regiones, ya que Europa y América del Norte apenas representaron un 12,3% y un 7,8% respectivamente. Mientras tanto, África, Eurasia, Centroamérica y el Caribe, consideradas en conjunto, apenas aportaron el 2,8%. La brecha entre Asia y el resto del mundo es cada vez más evidente.

La Agencia Internacional de las Energías Renovables (Irena) subraya que el volumen de capacidad instalada de renovables ha alcanzado cifras nunca vistas, registrando un incremento de 582 gigavatios solo en 2024. Pese a marcar un récord histórico, Irena advierte de que aún estamos lejos del ritmo necesario para cumplir los hitos marcados para 2030, como triplicar la capacidad renovable mundial y alcanzar los 11,2 teravatios. Si la tendencia actual persiste, la capacidad global se quedaría en unos 10,3 TW, quedando corta respecto al objetivo.

Este liderazgo asiático responde a la necesidad de atender la demanda energética de poblaciones en crecimiento, pero también está impulsado por la voluntad política de aprovechar la transición energética como motor de desarrollo económico, innovación y empleo. Organismos internacionales insisten en que, aunque los avances son notables, existen importantes disparidades entre regiones y países, por lo que se requiere políticas específicas, alianzas y una movilización de inversiones a gran escala para democratizar los beneficios de la transición verde.

El auge imparable de la energía solar y eólica

Desarrollo de energías renovables en Asia

El crecimiento de las renovables en Asia ha estado dominado por dos tecnologías principalmente: la solar fotovoltaica y la eólica. Solo en 2024, estas fuentes representaron conjuntamente el 97,5% de la nueva capacidad renovable neta incorporada a nivel mundial. La solar se lleva la mayor parte con 453 GW instalados, confirmando su posición como tecnología líder por competitividad económica y rapidez de despliegue, mientras que la eólica aportó 114 GW.

Actualmente, según las cifras de Irena, el parque mundial cuenta con 1.866 GW de solar, 1.133 GW de eólica y 1.277 GW de hidráulica, además de volúmenes más modestos en bioenergía (151 GW), geotérmica (15 GW) y energías marinas (1 GW). El peso de las renovables variables como el viento y el sol ha pasado del 1,1% en 2000 al 44% en la producción total de renovables, demostrando un crecimiento exponencial en dos décadas.

El avance sostenido en renovables también se refleja en la cuota de producción eléctrica mundial: en 2023, casi un 30% de la electricidad generada fue de origen renovable. La producción se ha duplicado en poco más de dos décadas, pasando de 15.556 TWh en 2000 a 29.867 TWh en 2023. Además, se prevé que 2025 marque el inicio de un ciclo donde las energías limpias sean la principal fuente de generación mundial, con una capacidad instalada que supera ya el 46% frente a los combustibles fósiles.

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China: Líder indiscutible y paradigma de transformación

El caso de China merece un análisis a fondo. El gigante asiático ha pasado en menos de veinte años de ser el epicentro de la contaminación por carbón a convertirse en referente global en energías renovables. No solo lidera la incorporación de capacidad fotovoltaica y eólica, sino que también exporta tecnología limpia, marcando tendencia tanto en su mercado interno como internacional.

En 2023, la energía eólica representó más del 9% de la generación eléctrica del país, situándose como la segunda fuente tras el carbón, mientras que la solar ronda el 5%. Pekín ha trazado planes para quintuplicar su parque renovable hasta 2050, con la meta de que la eólica y solar alcancen en conjunto el 38% de su matriz energética.

Sin embargo, la dependencia del carbón y los combustibles fósiles aún plantea desafíos. Aunque su participación en la matriz energética ha bajado del 60% al 53%, sigue siendo esencial para procesos industriales y crecimiento económico. El país también mantiene elevadas importaciones de petróleo y gas natural, aunque se espera que sus niveles disminuyan en las próximas décadas.

China apunta a alcanzar la neutralidad de carbono para 2060 y reducir un 70% sus emisiones de CO2 para 2050. Pese a que emisores responsables de un tercio de las emisiones energéticas globales, las previsiones indican que para 2050 su participación disminuirá a aproximadamente el 20%. La energía total alcanzará su pico en 2030 y disminuirá un 20% en 2050, gracias a la electrificación, eficiencia y cambios demográficos.

En los últimos años, las emisiones de China han registrado descensos: en el primer trimestre de 2025, bajaron un 1,6% interanual, con el 89% de la nueva capacidad proveniente de renovables. No obstante, el reto continúa siendo importante debido a la potencial reactivación de plantas de carbón si la economía lo requiere.

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India: Grandes expectativas entre obstáculos estructurales

India es otro de los grandes actores en plena transformación. El país apuesta fuerte por las renovables, impulsado por la necesidad de satisfacer una demanda creciente y mejorar la calidad de vida de más de 1.400 millones de habitantes. En 2022, su capacidad renovable alcanzó los 175 GW, con metas de llegar a 500 GW en 2030, consolidándose como uno de los principales protagonistas en la transición energética mundial.

Proyectos emblemáticos como el Rewa Ultra Mega Solar Park reflejan un crecimiento solar vertiginoso en menos de una década. La integración de soluciones de almacenamiento y la modernización de la red son claves para aprovechar el potencial en solar y eólica, favorecidos por su diversidad climática y geográfica.

Pero existen obstáculos importantes. La infraestructura energética sigue siendo deficiente, especialmente en zonas rurales y remotas, dificultando la distribución y el acceso a la electricidad limpia. Además, la dependencia del carbón, que genera más del 70% de la electricidad, y la contaminación en grandes urbes como Nueva Delhi representan retos estructurales de primer orden.

India mantiene compromisos climáticos ambiciosos: reducir la intensidad de carbono en un 45% para 2030 respecto a 2005 y lograr la neutralidad en 2070. Sin embargo, la falta de financiamiento y tecnología de vanguardia frena en cierta medida su avance, resaltando la importancia de cooperación internacional para acelerar su transición y reducir las desigualdades energéticas existentes.

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Japón y Corea del Sur: Ejemplo de eficiencia y transición gradual

Japón y Corea del Sur son modelos contrastados en la transición asiática. Japón ha logrado avances significativos en eficiencia energética, reduciendo emisiones en un 22% desde 2013 y manteniendo el nivel de emisiones más bajo en veinte años. La generación de CO2 por cada 1.000 USD de PIB es solo de 0,16 kg, una cifra muy baja a nivel global. Aun así, el país aún necesita progresar en reducir sus emisiones per cápita, que siguen por encima de la media mundial.

Por su parte, Corea del Sur presenta altas cifras en emisiones totales y per cápita, pero está avanzando en políticas de descarbonización y en la transición a energías más limpias. Aunque el carbón sigue predominando en su generación eléctrica, las estrategias de reducción de dependencia y el impulso a energías renovables marcan su camino hacia una economía más sostenible.

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Sudeste Asiático: Zona clave en la encrucijada climática

Baterías

La región del Sudeste Asiático tiene un papel estratégico. Contribuye entre el 15% y 16% de las emisiones asiáticas, enfrentando el desafío de mantener un crecimiento económico y demográfico rápido mientras reduce su dependencia de los combustibles fósiles.

Iniciativas pioneras como el cierre de centrales de carbón en Filipinas e Indonesia, financiadas por fondos internacionales, y la creación de la Red Eléctrica de la ASEAN, que busca una integración regional eficiente y sostenible de los mercados eléctricos, marcan el camino. Proyectos como la exportación de energía renovable mediante cables submarinos desde Laos a Vietnam o Singapur evidencian el potencial de cooperación transfronteriza para avanzar hacia una matriz más limpia y resiliente.

Desigualdades y desafíos en la transición energética asiática

La velocidad de la transición no es homogénea en todo el continente. Las relaciones entre desarrollo, acceso a financiación y éxito en la adopción de renovables son evidentes. Mientras Asia y Europa avanzan de manera significativa, regiones como África, Eurasia, Centroamérica y el Caribe apenas logran captar un 2,8% de la nueva capacidad renovable. África, por ejemplo, solo incrementó su parque renovable un 7,2% en 2024, pese a sus enormes oportunidades, según Irena.

Otra disparidad importante está en la distribución de la producción eléctrica renovable: en Suramérica, el 76,8% de la electricidad es renovable, en Europa alrededor del 46%, pero en Asia y Norteamérica solamente el 27%. Oriente Próximo representa el menor porcentaje, con apenas un 4%, manteniendo su posición como uno de los últimos bastiones fósiles del mundo.

En el sector térmico, solo el 6% de la producción global de calor proviene de renovables, siendo la bioenergía la mayor contribuyente con el 90%. La transformación de este sector resulta urgente para alcanzar los compromisos climáticos internacionales.

Factores sociopolíticos y económicos de la transición

La transición energética en Asia está profundamente relacionada con factores políticos, económicos y sociales. El crecimiento de las renovables está promoviendo cambios en los mercados, generando oportunidades y renovando economías. Sin embargo, las disparidades en capacidades tecnológicas y en marcos regulatorios estables son obstáculos importantes.

Expertos y organismos internacionales destacan la importancia de alinear inversión, apoyo financiero y transferencia tecnológica con políticas inclusivas y alianzas estratégicas. Solo mediante esta coordinación se podrá reducir la brecha entre países y regiones, haciendo de la transición un motor de desarrollo y resistencia climática.

El reto climático y la oportunidad de Asia

Récord solar

Según la Organización Meteorológica Mundial, Asia se está calentando al doble del ritmo de la media global. Este aumento térmico ya supera el grado respecto a los niveles de referencia y se manifiesta en eventos climáticos extremos que afectan la economía, la seguridad alimentaria y la salud de millones.

La respuesta de Asia es fundamental en la lucha climática mundial. El continente cuenta con recursos humanos, tecnológicos y estratégicos para acelerar su transformación y convertirse en referente de una transición energética justo y sostenible. La colaboración internacional, alianzas público-privadas y marcos regulatorios sólidos serán imprescindibles para aprovechar este potencial.

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El liderazgo de Asia en el uso de energías renovables ya es una realidad, pero enfrenta desafíos. La rapidez en desplegar tecnologías limpias, cerrar brechas de inversión, mejorar el acceso y aumentar la resiliencia determinarán si logra marcar el rumbo de la transición global hacia un modelo energético más verde y justo.

El futuro del planeta en términos energéticos dependerá en gran medida de las acciones que tome Asia en los próximos años. Con decisión política, inversión y cooperación, puede avanzar hacia sistemas sostenibles, innovadores y beneficiosos para sus habitantes, inspirando un cambio global imprescindible.


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