La noche del domingo, un apagón total dejó a oscuras a cinco provincias del oriente cubano y volvió a poner bajo los focos la fragilidad del sistema eléctrico nacional. En plena ola de cortes programados, miles de hogares pasaron horas sin suministro, en un escenario en el que en algunas zonas apenas hay tres horas de luz al día.
De acuerdo con la información oficial, el incidente se debió al disparo de una línea de alta tensión de 220 kV, lo que desencadenó la desconexión del sistema en ese tramo de la red. Aunque la avería se investigaba al cierre de la noche, los equipos técnicos iniciaron de inmediato las maniobras de recuperación del servicio.
Qué ha ocurrido

La Unión Eléctrica (UNE) reportó que el fallo afectó a Las Tunas, Granma, Holguín, Santiago de Cuba y Guantánamo, cinco de las quince provincias del país. La caída de la línea provocó una desconexión total en el oriente, con consecuencias inmediatas en la distribución y el balance de carga de la red.
Según las autoridades, el sistema en esa zona volvió a estar operativo en aproximadamente seis horas. El restablecimiento se confirmó en la mañana del lunes, si bien los cortes programados y las afectaciones por déficit de generación continuaron en la jornada.
Provincias afectadas y restablecimiento
En Santiago de Cuba, una de las ciudades más pobladas de la isla, muchos vecinos no detectaron de inmediato lo ocurrido porque ya estaban bajo racionamiento eléctrico. Un ingeniero de 60 años explicó que se enteraron del fallo por las redes sociales, un reflejo de lo habitual que se han vuelto los apagones prolongados en la región oriental.
En Holguín, habitantes describen una rutina contrarreloj: concentrar cocinar, cargar dispositivos y otras tareas domésticas en ventanas de apenas tres horas con electricidad durante el día y la noche. La ausencia de gas y el precio del carbón complican aún más el día a día de muchos hogares.
Un sistema eléctrico bajo presión
El fondo del problema es estructural. Cuba depende de ocho termoeléctricas obsoletas y de grupos electrógenos distribuidos a lo largo del país, una combinación que requiere combustible en un contexto de escasez y dificultades de mantenimiento. La red de transmisión y distribución también acusa el desgaste de los años.
Los balances recientes de la UNE reflejan una brecha persistente entre oferta y demanda: la capacidad disponible ha oscilado en torno a 1,8–2,0 GW, frente a picos nacionales de 3,4–3,7 GW. Este desfase deja déficits superiores a 1,6 GW en horas de máxima demanda, lo que obliga a programar apagones para evitar desbalances mayores.
Además, varias unidades térmicas permanecen fuera de servicio por averías o mantenimiento, y decenas de centrales de generación distribuida no operan por falta de diésel y fueloil. En jornadas de mayor tensión, la UNE ha llegado a proyectar afectaciones simultáneas próximas al 50% del territorio en la franja vespertina-nocturna.
Impacto cotidiano y extensión de los cortes
El racionamiento eléctrico se ha extendido este verano a La Habana, con reportes de hasta diez horas sin suministro en algunos barrios. En el oriente, no son raros los días con más de 20 horas de interrupciones, lo que condiciona el trabajo, el estudio y el descanso y alimenta el malestar social.
Los datos comunicados por la empresa estatal suelen ir acompañados de advertencias: las afectaciones reales pueden superar los pronósticos, especialmente cuando coinciden mantenimientos imprevistos, picos de demanda por el calor y limitaciones de combustible.
Renovables: avances aún insuficientes
Como parte de la estrategia para aliviar el déficit, se han instalado 28 parques fotovoltaicos —de 52 planificados— con inversiones mayoritariamente de origen chino. Sin embargo, la aportación renovable todavía no compensa la caída de la generación térmica ni cubre los picos de consumo, por lo que los apagones siguen siendo frecuentes.
Antecedentes recientes
Desde octubre de 2024, el país ha sufrido cuatro apagones generalizados, algunos de varios días de duración. El episodio de este domingo encaja en esa secuencia de eventos de gran impacto que evidencian la vulnerabilidad de la infraestructura eléctrica.
El episodio deja varias certezas: una avería puntual puede tumbar el suministro en un área amplia; el restablecimiento puede lograrse en horas, pero el racionamiento persiste; y, mientras la brecha entre oferta y demanda se mantenga, la población seguirá ajustando su rutina a ventanas cortas de electricidad en mitad de una crisis que no afloja.