Alternativas a las depuradoras de agua: el giro que prepara Zaragoza para modernizar su tratamiento de aguas residuales

  • Licitan un estudio integral para rediseñar el modelo de depuración de aguas residuales de Zaragoza con criterios de sostenibilidad y eficiencia.
  • El contrato, de algo más de 537.000 euros, evaluará alternativas: ampliación, renovación o construcción de nuevas instalaciones.
  • Se buscan tecnologías avanzadas, neutralidad energética y gestión circular de fangos, cumpliendo la normativa europea.
  • El trabajo se estructura en tres fases hasta 2027: diagnóstico, estudio de alternativas y anteproyectos listos para su licitación.

Tratamiento y alternativas a las depuradoras de agua

El debate sobre las alternativas a las depuradoras de agua tradicionales ya no es solo una cuestión técnica, sino una prioridad política y ambiental para muchas ciudades europeas. Zaragoza se ha convertido en uno de los ejemplos más claros de este cambio de rumbo al impulsar un plan para replantear a fondo cómo trata sus aguas residuales.

Lejos de limitarse a renovar equipos antiguos, el Ayuntamiento quiere estudiar modelos de depuración más avanzados, flexibles y sostenibles, capaces de cumplir con las exigentes normativas europeas, reducir consumos energéticos y adaptarse al crecimiento urbano e industrial previsto para las próximas décadas.

Un nuevo modelo de depuración para Zaragoza: por qué se buscan alternativas

Nuevos modelos y alternativas a las depuradoras

El Ayuntamiento de Zaragoza ha lanzado a licitación un contrato de más de 537.000 euros para analizar a fondo su sistema de depuración de aguas residuales y definir un modelo renovado. El encargo incluye tanto el diagnóstico de las instalaciones actuales como el estudio de distintas alternativas tecnológicas y de infraestructura.

Según ha detallado el consejero de Urbanismo, Infraestructuras, Energía y Vivienda, Víctor Serrano, la meta es cumplir las normas europeas más exigentes en materia de saneamiento, al tiempo que se garantiza la sostenibilidad económica y ambiental del sistema. No se trata solo de seguir depurando agua, sino de hacerlo con un enfoque más eficiente, resiliente y preparado para el futuro.

En la práctica, el contrato permitirá decidir si resulta más adecuado ampliar y modernizar las actuales estaciones depuradoras, construir nuevas plantas o combinar ambas opciones. El resultado será un modelo de gestión del agua que dé respuesta a los retos regulatorios, ambientales y de crecimiento demográfico de la ciudad.

Este tipo de procesos de revisión profunda no son exclusivos de Zaragoza: en buena parte de España y Europa se están explorando criterios de economía circular y alternativas a los esquemas clásicos de depuradoras, incorporando tecnologías punteras y criterios de economía circular para reducir al mínimo el impacto del saneamiento en el entorno.

Seis grandes objetivos: radiografía, alternativas y eficiencia

Infraestructuras y alternativas a las depuradoras

El contrato se articula en torno a seis objetivos clave que marcan el rumbo del futuro sistema de depuración de Zaragoza y de las posibles alternativas a las depuradoras actuales.

En primer lugar, se realizará una radiografía completa de las instalaciones existentes. Las Estaciones Depuradoras de Aguas Residuales (EDAR) del municipio, con unos 35 años de funcionamiento a sus espaldas en algunos casos, serán sometidas a un diagnóstico técnico detallado: estado de la obra civil, vida útil de estructuras y equipos, consumos energéticos y capacidad real para seguir respondiendo a las nuevas exigencias de vertido.

En segundo lugar, se llevará a cabo una evaluación objetiva de alternativas de tratamiento. Esto incluye comparar diferentes procesos de depuración, desde tecnologías convencionales mejoradas hasta sistemas avanzados como los reactores biológicos de membrana (MBR), los lechos móviles (MBBR) o las oxidaciones avanzadas, que permiten eliminar contaminantes emergentes y mejorar la calidad del agua tratada.

El tercer objetivo pasa por definir un nuevo modelo de depuración de corte más innovador. Este modelo deberá integrar tratamientos terciarios y cuaternarios para obtener un agua de salida de mayor calidad, favorecer la neutralidad energética de las plantas —aprovechando biogás o energía solar, por ejemplo— y aplicar una gestión circular de los fangos, reduciendo residuos y potenciando su valorización.

El cuarto pilar del contrato se centra en la agilidad administrativa. La empresa adjudicataria deberá entregar documentación técnica preparada para iniciar los distintos trámites legales y ambientales, de manera que el Ayuntamiento pueda pasar con rapidez de los estudios previos a la ejecución real de las obras cuando llegue el momento.

En quinto lugar, se elaborará una hoja de ruta estratégica de inversiones. Este plan priorizará las actuaciones según criterios técnicos, ambientales, económicos y urbanísticos, permitiendo ordenar las futuras inversiones y evitar improvisaciones en la expansión o renovación del sistema de saneamiento.

El sexto objetivo consiste en disponer de una previsión económica detallada que cuantifique de forma realista las inversiones necesarias para llevar a cabo la transformación. Esta información será clave para cuadrar presupuestos municipales, explorar posibles ayudas europeas y planificar el calendario de ejecución sin sorpresas.

Tres fases hasta 2027: del diagnóstico a los anteproyectos

Para organizar todo este trabajo, el Ayuntamiento ha dividido el contrato en tres grandes fases interrelacionadas, con un calendario que se extiende hasta 2027. La idea es avanzar paso a paso: primero conocer la situación, después comparar alternativas y finalmente dejar listos los documentos para licitar las obras.

La primera fase se centrará en el diagnóstico y caracterización técnica completa del sistema actual. Se realizarán campañas analíticas intensivas sobre el agua residual, midiendo desde nutrientes básicos hasta contaminantes emergentes, y se evaluará el estado de las infraestructuras mediante ensayos no destructivos en hormigones y estructuras.

Paralelamente, se revisará la eficiencia energética de las depuradoras, analizando consumos y valorando la integración de energías renovables como biogás o fotovoltaica. También se modelizará la capacidad del sistema conjunto Almozara-Cartuja para verificar su cumplimiento con las futuras normas de vertido y se estudiará cómo encajar las nuevas tecnologías en el contexto urbano y ambiental de Zaragoza.

La segunda fase arrancará con todos esos datos sobre la mesa y tendrá como misión el estudio de alternativas y la selección de la solución óptima. Se evaluarán opciones como la ampliación y renovación de las EDAR existentes, la construcción de nuevas instalaciones o los enfoques combinados, apoyándose en herramientas como el Análisis Multicriterio (AMC), los estudios de coste-beneficio y los análisis de riesgos.

Una vez elegida la alternativa que mejor equilibre coste, impacto ambiental, capacidad de tratamiento y flexibilidad futura, se desarrollarán estudios específicos de inundabilidad e impacto ambiental, incorporando medidas correctoras y de protección frente a posibles episodios extremos de lluvia o crecida de ríos.

Por último, la tercera fase estará dedicada a la redacción de anteproyectos y documentación técnica completa. Se prepararán memorias, dimensionamientos hidráulicos y de proceso, modelizaciones, estudios geológicos y geotécnicos, planos constructivos, presupuestos estimados y el estudio básico de seguridad y salud, dejando el proyecto listo para iniciar las siguientes fases de licitación y ejecución.

El calendario previsto marca como objetivo contar con el diagnóstico cerrado a finales de 2026, tener el estudio de alternativas listo en la primavera de 2027 y disponer de los anteproyectos en el último trimestre de ese mismo año. De este modo, Zaragoza se da un margen razonable para que el cambio de modelo esté bien fundamentado antes de comprometer inversiones de mayor envergadura.

¿En qué se traducen las alternativas a las depuradoras tradicionales?

Más allá de los plazos y los documentos técnicos, el proceso iniciado por Zaragoza abre la puerta a formas distintas de entender la depuración en la ciudad, alineadas con las tendencias que se observan en España y en la Unión Europea.

Por un lado, la posible incorporación de tecnologías como MBR, MBBR u oxidaciones avanzadas implica pasar de sistemas pensados solo para eliminar materia orgánica y nutrientes a planteamientos capaces de afrontar contaminantes emergentes, y mayor exigencia en la calidad del agua tratada, algo cada vez más demandado en entornos urbanos complejos.

Por otro, la apuesta por la neutralidad energética y la economía circular supone que las depuradoras dejen de ser vistas únicamente como un coste fijo y se conviertan en infraestructuras capaces de generar energía (aprovechando el biogás de los fangos), recuperar recursos y reducir su huella climática. Esta visión encaja con las políticas europeas de transición ecológica y descarbonización.

El énfasis en la planificación a largo plazo y en la flexibilidad también forma parte de las alternativas al modelo clásico: no se busca solo una gran instalación que lo resuelva todo, sino un sistema escalable, adaptado al crecimiento urbano e industrial y preparado para escenarios de cambio climático, episodios de lluvias intensas o variaciones en la carga contaminante.

Finalmente, la combinación de tratamientos más avanzados, mejor gestión de fangos y trámites administrativos preparados facilita que las decisiones políticas futuras puedan materializarse con rapidez cuando haya financiación disponible, ya sea municipal, autonómica, estatal o europea.

Con este enfoque, Zaragoza se posiciona en la senda de otras ciudades europeas que están revisando sus sistemas de saneamiento para incorporar alternativas a las depuradoras de agua convencionales, apostando por instalaciones más eficientes, resilientes y alineadas con los objetivos climáticos y ambientales de la UE.

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