La colombiana Yuvelis Morales, joven lideresa de Puerto Wilches en el departamento de Santander, ha sido reconocida con el Premio Goldman 2026 por su firme oposición a los proyectos de fracking en su región. Este galardón, considerado de forma habitual como el “Nobel verde”, distingue cada año a personas que se han dejado la piel defendiendo el medio ambiente desde el trabajo de base en sus territorios.
Con apenas 25 años y una trayectoria que arrancó en la adolescencia, Morales se ha convertido en una de las voces más visibles contra la fracturación hidráulica en Colombia. Su papel ha sido clave en la movilización de comunidades rurales y afrodescendientes del Magdalena Medio, así como en la apertura de un debate que ha traspasado fronteras y ha llegado a foros internacionales.
Quién es Yuvelis Morales y cómo empezó su lucha
Yuvelis Morales, también conocida en algunas crónicas como Yuvelis Natalia Moreno Blanco, nació y creció en Puerto Wilches, un municipio marcado históricamente por la presencia petrolera. Su activismo se inició cuando tenía tan solo 18 años, al conocer en detalle los planes del Gobierno colombiano y de Ecopetrol, principal petrolera del país, para desarrollar proyectos de fracking en la zona.
Ante esos planes, comenzó a organizar espacios de información y debate en barrios, veredas y reuniones comunitarias, explicando de forma sencilla los impactos sobre las fuentes de agua y la salud de las comunidades. La joven activista insiste en que fueron las propias personas del territorio, y especialmente las juventudes, quienes empezaron a cuestionar un modelo energético basado en combustibles fósiles.
En sus intervenciones públicas, Morales ha recalcado que su generación ha crecido en plena era fósil, rodeada de la idea de que no hay alternativa al petróleo y al gas. Sin embargo, su mensaje apunta a que la indiferencia frente a la contaminación, el extractivismo y el cambio climático puede dejar a las comunidades sin un futuro habitable, algo que, a su juicio, obliga a tomar partido.
El liderazgo de la activista no se limitó a los discursos. Se integró en plataformas ciudadanas y colectivos locales que cuestionaban los pilotos de fracking, aportando una voz joven y articulada capaz de conectar con estudiantes, familias campesinas y comunidades afrodescendientes de la región. Estas plataformas ciudadanas y colectivos locales sirvieron de base para articular campañas y estrategias jurídicas.
El fracking en Puerto Wilches y la batalla contra los proyectos piloto
El enfrentamiento de Yuvelis Morales con el fracking se concretó especialmente en torno a los proyectos piloto Kalé y Platero, planificados en Puerto Wilches como iniciativas experimentales de fracturación hidráulica. Estas operaciones se presentaron como un paso previo a una posible expansión de la técnica en Colombia, lo que encendió las alarmas entre organizaciones sociales y ambientales.
Según relató la activista, las comunidades locales temían por el agua, tanto subterránea como superficial, ante el riesgo de contaminación asociado al uso de químicos y al manejo de grandes volúmenes de agua en el fracking. En un territorio atravesado por el río Magdalena y por numerosos humedales y caños, cualquier alteración de los recursos hídricos se percibía como una amenaza directa a la pesca, la agricultura y la vida cotidiana.
La movilización impulsada por Morales y otros líderes territoriales derivó en acciones jurídicas y campañas públicas que llegaron hasta los tribunales. En abril de 2022, una decisión judicial frenó los pilotos Kalé y Platero, al reconocer que no se había realizado una consulta previa adecuada con las comunidades afrodescendientes de la zona, vulnerando su derecho al consentimiento libre, previo e informado.
Este fallo de la justicia colombiana se interpretó como un triunfo simbólico y práctico para los movimientos antifracking. Para Yuvelis, la decisión demostró que la organización comunitaria y la defensa de los derechos colectivos pueden frenar proyectos extractivos que se presentan como inevitables, y reforzó la idea de que el agua y los territorios no son negociables.
En paralelo, el debate sobre el fracking que se dio en Puerto Wilches resonó en otros países. En Europa, los riesgos de la fracturación hidráulica ya habían impulsado moratorias y prohibiciones en varios Estados miembros, y la experiencia colombiana se siguió de cerca por organizaciones que relacionan estas luchas locales con la transición energética y los objetivos climáticos del continente.
Amenazas, exilio y continuidad del activismo
La visibilidad pública de su trabajo tuvo un coste personal elevado. Yuvelis Morales fue objeto de amenazas y presiones que, según ha contado, se intensificaron a medida que la campaña contra el fracking ganaba apoyo. El clima de hostilidad hacia líderes ambientales en Colombia, donde las agresiones a defensores del territorio son frecuentes, la colocó en una situación de alto riesgo.
En 2022, estas amenazas la llevaron a tomar una decisión difícil: salir del país y solicitar asilo en Francia, donde buscó protección temporal. Desde Europa, continuó denunciando los riesgos del fracking sobre el río Magdalena y las comunidades de Puerto Wilches, participando en foros, charlas y encuentros con organizaciones internacionales. A través de estas experiencias logró tejer que amplificaron su mensaje.
Lejos de diluir su compromiso, el exilio reforzó su mensaje y permitió que su caso llegara a redes de solidaridad en Europa, donde existe una sensibilidad creciente hacia los conflictos socioambientales del Sur global. A través de estas alianzas, la activista contribuyó a que la situación en el Magdalena Medio fuera conocida más allá de las fronteras colombianas.
Con el tiempo, Morales pudo regresar a su país y retomar de forma más directa el trabajo en el territorio. A pesar de los riesgos, se ha mantenido firme en la defensa del agua y en la denuncia de los impactos de la industria fósil, insistiendo en que las comunidades locales deben estar en el centro de cualquier decisión sobre proyectos extractivos.
Este recorrido, marcado por la presión y el desplazamiento forzado, es uno de los elementos que el Premio Goldman ha querido poner en valor, subrayando la vulnerabilidad de muchos defensores ambientales y la necesidad de garantizar su protección, algo que también es objeto de preocupación en instituciones europeas y organismos de derechos humanos.
El Premio Goldman y una generación de liderazgos ambientales
El Premio Goldman Ambiental, creado en 1989 en San Francisco por Rhoda y Richard Goldman, se entrega anualmente a seis personas que representan distintas regiones del mundo: África, Asia, Europa, América del Norte, América Central y del Sur, y los territorios insulares. El objetivo es visibilizar luchas locales que, en muchos casos, pasan desapercibidas en la agenda internacional.
En la edición de 2026, todas las galardonadas han sido mujeres, algo que la propia fundación ha destacado como una muestra del papel central de las mujeres en la defensa del medio ambiente en todos los continentes. La colombiana Yuvelis Morales fue seleccionada para el reconocimiento de América Central y del Sur por su liderazgo frente al fracking en Santander.
Junto a ella, se distinguió en Europa a la británica Sarah Finch, conocida por un caso clave ante el Tribunal Supremo del Reino Unido que obligó a revisar un proyecto petrolero en Surrey. La sentencia estableció que las autoridades deben valorar los efectos climáticos de los combustibles fósiles al autorizar nuevas extracciones, una interpretación legal con implicaciones para la política energética europea.
En América del Norte, el premio recayó en Alannah Acaq Hurley, lideresa yup’ik que encabezó la campaña que frenó el proyecto minero Pebble Mine en la cuenca de Bristol, Alaska, un ecosistema esencial para las mayores migraciones de salmón salvaje del mundo. El proyecto habría dado lugar a la mina a cielo abierto más grande de Norteamérica.
Por Asia, la premiada fue Borim Kim y su organización Youth 4 Climate Action, protagonistas del primer litigio climático exitoso impulsado por jóvenes en la región. En 2024, el Tribunal Constitucional de Corea del Sur determinó que la política climática del Gobierno vulneraba los derechos de las generaciones futuras y ordenó fijar objetivos de reducción de emisiones legalmente vinculantes para el periodo 2031-2049.
El reconocimiento para África fue para Iroro Tanshi, investigadora nigeriana que lideró una campaña para proteger el hábitat del murciélago de cola corta, una especie en peligro crítico. Su trabajo permitió reforzar la conservación del Santuario de Vida Silvestre de la Montaña Afi, apoyándose en brigadas de bomberos y esfuerzos locales de protección.
En los territorios insulares, el premio fue otorgado a Theonila Roka Matbob, de Papúa Nueva Guinea, por su papel en un proceso que llevó a la minera Rio Tinto a firmar un memorando de entendimiento histórico en 2024. El objetivo: abordar la devastación ambiental y social dejada por la mina de oro y cobre de Panguna, inactiva desde 1989 y considerada uno de los conflictos mineros más graves del Pacífico.
La Fundación Goldman ha subrayado que estas seis historias demuestran que el liderazgo ambiental no reside solo en grandes instituciones, sino en personas y comunidades que, muchas veces con pocos recursos, se enfrentan a intereses económicos poderosos para proteger su entorno más cercano.
Impacto internacional y eco en Europa de la lucha contra el fracking
El caso de Yuvelis Morales se ha convertido en un referente para los debates sobre fracking y transición energética en distintos países, incluida Europa. Aunque el reconocimiento se centra en Colombia, la experiencia encaja con las discusiones que se dan en el continente europeo en torno a la reducción del uso de combustibles fósiles y la protección de acuíferos y ecosistemas sensibles.
En varios Estados miembros de la Unión Europea se han aprobado moratorias, restricciones o prohibiciones al fracking por los riesgos asociados a esta técnica, tanto en términos ambientales como de salud pública. La defensa del agua como bien común y la preocupación por las emisiones de metano han sido argumentos habituales en estos procesos.
La trayectoria de Morales y el fallo que paralizó los pilotos de fracking en Puerto Wilches refuerzan la idea de que los tribunales pueden desempeñar un papel clave a la hora de evaluar la compatibilidad de determinados proyectos con los derechos de las comunidades y los compromisos climáticos internacionales, una cuestión que también está muy presente en la jurisprudencia europea reciente.
Organizaciones ambientales con presencia en España y otros países europeos han utilizado ejemplos como el del Magdalena Medio para ilustrar cómo la expansión de la frontera fósil en América Latina puede chocar con los objetivos globales de reducción de emisiones. Al mismo tiempo, se destaca la necesidad de que las políticas climáticas europeas consideren el impacto de las importaciones energéticas en territorios del Sur.
En este contexto, el Premio Goldman a Morales no solo reconoce una lucha local, sino que alimenta un debate más amplio sobre modelos energéticos y justicia climática, en el que comunidades rurales de Latinoamérica y movimientos sociales europeos comparten preocupaciones similares: desde la protección del agua hasta la urgencia de acelerar las energías renovables.
Colombia y el legado de otras ganadoras del Nobel verde
La distinción a Yuvelis Morales se suma a una lista de colombianas que han recibido el Premio Goldman en años anteriores, consolidando al país como un foco relevante de defensores ambientales a escala internacional. En 2004, la activista y trabajadora social Libia Grueso fue premiada por su labor en la protección de territorios de comunidades afrodescendientes en el Pacífico colombiano.
En 2018, la actual vicepresidenta de Colombia, Francia Márquez, también fue galardonada cuando ejercía como lideresa comunitaria en el departamento del Cauca. Su campaña contra la minería ilegal y en defensa de los ríos y bosques de su región la convirtió en un símbolo del movimiento afrocolombiano y de la resistencia frente a los impactos del extractivismo.
Estos precedentes ofrecen un contexto en el que la figura de Morales se inscribe como parte de una generación de mujeres que han marcado la agenda ambiental colombiana, desde las selvas del Cauca hasta las riberas del Magdalena. Todas comparten un enfoque comunitario y una defensa firme del derecho de los pueblos a decidir sobre sus territorios.
El hecho de que tres colombianas hayan recibido el Nobel verde en poco más de dos décadas refleja, por un lado, la riqueza y fragilidad de los ecosistemas del país y, por otro, la intensidad de los conflictos socioambientales que allí se concentran. También pone sobre la mesa la necesidad de políticas públicas que protejan a quienes alzan la voz frente a estos problemas.
Para el público europeo, este historial sirve para comprender por qué Colombia aparece a menudo en los informes internacionales sobre defensores ambientales, y cómo las decisiones de inversión y consumo en otras regiones del mundo pueden tener efectos directos sobre comunidades que intentan preservar sus territorios.
La historia de Yuvelis Morales, desde sus primeras reuniones comunitarias en Puerto Wilches hasta la ceremonia de entrega del Premio Goldman en San Francisco, pone de relieve cómo una iniciativa local puede alcanzar repercusión global cuando se conecta con redes internacionales, tribunales y debates sobre justicia climática. Su reconocimiento no solo celebra una victoria frente al fracking en el Magdalena Medio, sino que lanza un mensaje claro sobre la importancia de proteger el agua, los derechos colectivos y a quienes se atreven a defenderlos, tanto en Colombia como en Europa y el resto del mundo.