Un aspirador de nubes para comprender mejor el clima

Nubes

En la cima de la cadena de volcanes, a 1.465 metros de altura, 4 pequeñas chimeneas aspiran el aire ambiental, en la terraza del Observatorio de Puy-de-Dôme. Aquí es de donde se sacan muestras del aire para que entren en el laboratorio y su posterior análisis. Un poco más lejos, en la plataforma de 20 metros cuadrados barrida por el viento, un físico adjunto al observatorio muestra el aspirador de nubes.

Se trata de un pequeño cilindro que bombea el aire a través de una apertura para recoger el agua de la nube. Se debe activar el motor cuando hay niebla y con un equipo esterilizado se puede estar un 40 por ciento de tiempo en las nubes.

El observatorio estudia desde hace más de 20 años los elementos que forman parte de las nubes. Estas medidas forman parte de una red mundial de 30 estaciones de observación científica que analizan las evoluciones climáticas para la Organización Meteorológica Mundial.

Gracias a su altura y a su situación geográfica, el lugar permite observar más de 70 parámetros meteorológicos: viento, temperatura, humedad, presión, etcétera, lejos de las fuentes de contaminación local. A seis meses de la Conferencia de la ONU sobre Cambio Climático, que tendrá lugar en diciembre en la ciudad de París, estos científicos quieren poner a punto un modelo de predicción que tendrá en cuenta las interacciones de las nubes en el calentamiento climático.

En realidad se trata de una de las fuentes de incertidumbre más altas en las previsiones del GIEC, el grupo de expertos intergubernamental sobre la evolución del clima.

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