Un abono a base de plumas de gallina

Gallina

Millones de toneladas de plumas de gallina y de dióxido de carbono, un factor de desarreglo climático, son emitidos cada año en el planeta. Combinar los dos permite obtener un nuevo tipo de abono gracias a un procedimiento químico sencillo, y además con un producto secundario utilizable como impermeabilizante.

En el mundo se estima una población de 19.000 millones de gallinas, es decir dos veces y media más que el número de personas. Del consumo de aves surgen cada año 5 millones de toneladas de plumas. La mayoría acaban en las descargas donde perduran decenios.

Tras la transformación en plástico, en carburante a base de hidrógeno, en material composite, un nuevo uso posible, ha sido puesto a punto por Changle Chen de la universidad de ciencias y tecnologías de China en Hefei, en la provincia de Anhui, para fabricar abono.

Descomponiendo por pirólisis 1 g de plumas a 600º C durante 3 horas en dióxido de carbono, se obtienen 0,26 g de bicarbonato de amonio. Este producto puede luego ser utilizado como compost. Si se calienta a 60º C, libera amoníaco, utilizable como abono.

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