¿Se pueden prevenir las catástrofes naturales?

Erupcion volcanica

Los medios de alerta anticipada en meteorología suelen ser generalmente fiables a la hora de predecir las catástrofes naturales. Los especialistas saben modelizar con precisión los comportamientos de las masas de aire y disponen de datos muy completos, procedentes de toda la superficie del globo.

Los satélites meteorológicos difunden continuamente los datos y las imágenes sobre el reparto de las masas de aire por encima de los continentes y de los océanos. Disponemos sobre el globo de una red densa de estaciones terrestres y marinas que recogen en permanencia los datos sobre todos los elementos meteorológicos en las capas bajas de la atmósfera.

Estas observaciones terrestres y espaciales conectadas por un sistema de telecomunicación eficaz permiten compilar las diferentes previsiones locales en un sistema global capaz de predecir las manifestaciones más extremas en tiempo útil, para que unas medidas preventivas puedan ser tomadas. Las previsiones meteorológicas permiten estar informados por adelantado de las fuertes perturbaciones, que por el hecho de su intensidad y de su frecuencia, corren el riesgo de provocar una catástrofe.

Los radares meteorológicos en el suelo juegan aquí un papel importante en la previsión a corto plazo. Permiten apreciar el punto de impacto y la importancia de las precipitaciones cuyas repercusiones sobre el flujo de los cursos de agua están controladas por sensores, lo que permite provocar la alerta a tiempo para evitar o limitar el desbordamiento de los ríos. La mayoría de los países del mundo dispone de datos topográficos de los cursos de agua y de las cuencas hidrológicas, lo que permite predecir fácilmente el comportamiento de las aguas en función de la duración y del volumen de las precipitaciones.

Sin embargo, estos dispositivos tienen a veces una falta de precisión o son mal interpretados en tiempo útil. Muchos ejemplos recientes muestran que sobre todo la falta de organización y los fallos en la apreciación de un peligro son responsables de un balance catastrófico en ciertos acontecimientos meteorológicos. Nos referimos en concreto al caso del ciclón Katrina que todavía guardamos en la memoria.

Las erupciones volcánicas

Las erupciones volcánicas son relativamente fáciles de prevenir, porque van acompañadas de muchos fenómenos físicos y de reacciones químicas que es posible vigilar independientemente las unas de las otras. Las erupciones van siempre precedidas de una intensa actividad sísmica y de una dilatación de la costra terrestre. En cuanto al despertar de los volcanes adormecidos, algunos sensores sísmicos son suficientes para detectarla a tiempo y hacer sonar la alarma.

Cuando existe un riesgo volcánico inminente, se constata, a medida que la lava progresa hacia la superficie, que el suelo se infla, los gases se liberan, y al mismo tiempo se registran perturbaciones locales en el campo gravitacional y en el campo magnético de la Tierra.

La aparición, la frecuencia y la intensidad de estos fenómenos permite hacer sonar la alerta a medio término a partir de datos proporcionados por un conjunto de instrumentos de detección. Estos analizan las emisiones de gas, las variaciones en la composición del suelo en la superficie y en profundidad, y registran las modificaciones encima del campo de gravedad o del campo magnético.

Las cosas se complican a medida que la lava se acerca a la superficie, concentrando sus efectos sobre una superficie, cada vez más reducida. Entonces es necesario esperar un número creciente de instrumentos de medida para bien circunscribir la zona de mayor riesgo. A medida que la presión aumenta, las manifestaciones químicas y físicas se multiplican.

Cuanto más inminente es la erupción, más delicada se convierte su previsión. Por esta razón, las previsiones a corto plazo en este dominio son raras y poco fiables puesto que actualmente no disponemos de sensores e instrumentos de medida para el conjunto de los volcanes en actividad de todo el mundo.

En cuanto a los volcanes registrados como explosivos y peligrosos, lo más sencillo sería evidentemente circunscribir alrededor de ellos una zona de prohibido el paso y evacuar a las poblaciones cercanas. Pero esto es más fácil decirlo que hacerlo, por razones socioeconómicas evidentes.

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