Pekín celebra la Navidad en una espesa capa de niebla contaminante

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Después de dos alertas rojas, nivel máximo, por contaminación en Pekín desde comienzos de diciembre, la ciudad estaba todavía metida dentro de esta nube contaminante el pasado 25 de diciembre, con una nocividad de hasta 50 veces más de los umbrales recomendados.

Un día más, el smog amarillo y de color ocre que huele a carbón reduce la visibilidad a prácticamente unos cien de metros, sin que el Ayuntamiento de Pekín haya decretado la alerta roja por contaminación atmosférica.

La concentración de partículas de 2,5 micrones de diámetro, particularmente peligrosa porque penetra profundamente en los pulmones, alcanzó el viernes 620 microgramos por metro cúbico, según los registros de la embajada americana del viernes por la mañana. Es decir muy por encima del umbral máximo de 25 microgramos recomendado por la Organización Mundial de la Salud, para una exposición de 24 horas. A las 2 de la tarde, la concentración de micropartículas bajó a los 503 microgramos, según las autoridades municipales.

A pesar de todo, la Oficina Municipal de Protección Medioambiental siguió con alerta amarilla el viernes por la mañana, mientras que la Oficina Meteorológica municipal declaró para Navidad una alerta naranja, nivel en el que las fábricas deben reducir sus emisiones contaminantes y donde las escuelas deben suspender sus actividades en el exterior.

La circulación fue paralizada en ciertas autopistas periféricas, y el tráfico aéreo se vio fuertemente perturbado. Por falta de visibilidad en la mañana, más de 200 vuelos con destino o que partían de Pekín fueron anulados.

El Ayuntamiento de Pekín declaró una alerta roja por contaminación por primera vez a comienzos de diciembre, antes de reiterar la misma alerta la semana pasada, ordenando el cierre de escuelas, y restricciones para la circulación y cierres de fábricas para poder contener el smog. La alerta roja fue levantada el pasado martes.

La contaminación crónica del aire se ha disparado por el uso creciente de carbón para la producción de electricidad durante el invierno, y por las emisiones nocivas de regiones industriales que rodean Pekín.

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