Para comprender las consecuencias del cambio climático de cara a la COP 21

Cop21

El océano constituye uno de los pozos de carbono que absorbe cerca del 30% de las emisiones de dióxido de carbono provocadas por el cambio climático. Pero mientras estás emisiones de origen humano no dejan de progresar, el CO2, al disolverse parcialmente en el océano, lo vuelve más ácido. Actualmente, el pH medio de los océanos es de 8,1 aproximadamente, lo que representa una acidificación de un 30% desde la era preindustrial.

Podría alcanzar 7,8 en 2100 si no se reducen las emisiones de dióxido de carbono. Esta rapidez de la acidificación en curso es inédita desde hace más de 250.000.000 años. Sin embargo muchos organismos marinos son muy sensibles a la acidez del agua. Los científicos no tienen la certeza sobre la capacidad de los ecosistemas marinos para adaptarse a un cambio tan rápido.

Incluso en la hipótesis de una reducción draconiana de las emisiones mundiales de gas de efecto invernadero, las sociedades humanas y los territorios tendrán que adaptarse a las consecuencias inevitables, y de hecho visibles, del calentamiento. Las medidas que permiten limitar su vulnerabilidad afectan a todos los campos, protección de zonas litorales amenazadas de inmersión, gestión más económica de recursos hídricos, nuevas prácticas agrícolas y forestales, sistemas de alerta contra los temporales, ciudades mas sostenibles.

Algunos países han adoptado algunos planes nacionales de adaptación al cambio climático. Pero en todos los casos, el planeta no evitará crisis mayores y flujos masivos de refugiados climáticos procedentes de los países del Sur, que son los más amenazados además de ser los más pobres, y por supuesto los menos equipados para poner en práctica políticas de adaptación.

La atenuación es el conjunto de acciones susceptibles de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero responsables del calentamiento climático, y su concentración en la atmósfera. Las tres palancas disponibles son las economías de energía, el reemplazo de recursos fósiles por recursos renovables no emisores de CO2, así como el secuestro de carbono. Este se puede realizar de forma natural, concretamente con la preservación y la extensión de bosques, o de manera industrial, a través de la captación y del almacenamiento de CO2.

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