Para combatir el calentamiento climático, España entierra el gas carbónico

 España

Sobre una meseta árida, castigada por el viento, donde sólo se ven molinos de energía eólica, se levanta una especie de torre de perforación. No es petróleo lo que buscan en Hontomín, aldea despoblada de Castilla-León, en el norte de España.

Sino una formación geológica subterránea capaz de albergar dióxido de carbono (CO2), con el fin de eliminar del atmósfera una parte de los gases de efecto invernadero emitidos por la industria minera, la siderurgia o las centrales térmicas.

Debajo de la torre de prospección, una máquina agujera sin descanso las entrañas de la tierra. A comienzos de noviembre, debería alcanzar la cuota de 1.600 metros: el nivel del acuífero salino en el que será testado el enterramiento del CO2. Al mismo tiempo que se perfora el suelo, los geólogos suben a la superficie muestras de roca.

A ojos de un profano, el calcáreo, negro y compacto, parece muy compacto. En realidad, está agujereado por minúsculas porosidades en las que se podrá infiltrar y disolver el gas carbónico inyectado a fuerte presión. Los expertos esperan que el gas permanezca ahí durante siglos o milenios.

Más información – La exposición de los europeos al aire contaminado

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