Más de 2.000 millones de personas en situación de malnutrición

Malnutricion

La eliminación del hambre y de la malnutrición puede y debe ser el mayor legado que podamos dejar a la humanidad. Tres días antes de la Jornada Mundial Contra el Hambre, el lunes 15 de junio, la Organización de Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura, FAO, nombraba a una embajadora especial para la nutrición, la reina Letizia de España.

La ocasión para su director general, José Graziano da Silva, de insistir sobre la determinación de su organización para intensificar sus actividades para romper el el círculo vicioso de la malnutrición. Mucho tiempo dejada de lado, esta plaga surge ahora cuando el aporte de vitaminas y minerales no es suficiente para garantizar una buena salud y un buen desarrollo.

Afecta a más de 2 mil millones de individuos en todo el mundo. Es decir, el doble de los 795 millones de personas mal alimentadas. Aumento de la mortalidad materna e infantil, minusvalías físicas, debilitamiento del sistema inmunitario y de las facultades intelectuales. Los efectos de esta hambre invisible son devastadores. Según la Organización Mundial de la Salud, la malnutrición mata así a cerca de tres millones de niños con menos de 5 años entre los 6,3 millones que mueren cada año.

El progreso contra el hambre no han ido a la par con los que se han hecho para combatir la malnutrición, siguen siendo modestos y desiguales tal y como reconoció la Segunda Conferencia Internacional sobre nutrición en noviembre de 2014 en Roma. En el oeste de África y en el centro en particular, la reducción de la malnutrición es extremadamente lento, dice el jefe regional de nutrición de UNICEF.

A lo largo de estos dos últimos decenios, la proporción de niños que sufren un retraso en el crecimiento ha bajado únicamente en un 18 por ciento, mientras que a nivel mundial se ha reducido en un 38 por ciento. Cabe destacar que el aporte en comida puede ser suficiente en cantidad, pero los regímenes alimenticios pueden estar mal adaptados. En Níger, en Uganda, las regiones más prósperas en el plano agrícola, registran tasas de malnutrición de las más altas del mundo.

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