Los motores de los vehículos funcionarán gracias al metanol

Coche limpio

Transformar el dióxido de carbono en metanol, por lo tanto en carburante, sería posible con un sencillo catalizador, el Ru-Macho-BH, explican unos investigadores americanos, de los cuales uno es premio Nobel. Se trata de un invento hipotético con el que se puede soñar. Un coche eléctrico alimentado por una pila de combustible que bombea el CO2 de la atmósfera y produce agua. O más razonablemente, fábricas de producción de carburante que reducirían las cantidades de gases de efecto invernadero.

Después del vehículo “cero emisiones”, el acento se pone en el coche que reduce el efecto invernadero. Los investigadores apuestan por una economía del metanol, y este alcohol sería producido por energías renovables. Concretamente se puede convertir en una fuente de hidrógeno para las pilas de combustible, con el oxígeno del aire, produciendo agua y electricidad, o ser utilizado directamente en un motor clásico, como carburante verde.

Reducir el CO2 para transformarlo en metanol requiere, además de hidrógeno, un buen catalizador y una fuente de calor a 150º C. La operación no es sencilla porque estos dos últimos parámetros hasta ahora eran incompatibles. En efecto, los catalizadores que serían adecuados para esta serie de reacciones son destruidos por el calor.

El equipo de investigadores que acaba de publicar sus resultados, anuncia haber encontrado un catalizador que reúne las condiciones necesarias, el Ru-Macho-BH. Este compuesto comercial comporta rutenio y boro. Los investigadores han utilizado diferentes fuentes de gas carbónico, como por ejemplo el aire, y han obtenido el 79% de conversión en moléculas de metanol.

Conviene calentarlo a 145º C, y esperar un cierto tiempo. El procedimiento necesita por lo tanto una fábrica. El motor de aire todavía está lejos, pero estas unidades de producción podrían proporcionar el precioso metanol, destinado a los medios de transporte, así como a la industria química que de hecho utiliza esta molécula sencilla y reactiva. Para los autores del estudio, esta reacción sería un engranaje dentro de un ciclo antrópico del carbono, a través del cual las actividades humanas producirían CO2 y absorberían la misma cantidad. El equivalente de una fotosíntesis, en resumen.

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