Los difíciles acuerdos sobre el clima de cara a la COP21

Carbon

La negociación sobre el clima bajo la ingeniería de las Naciones Unidas comenzó en 1990. En un cuarto de siglo, no ha tenido apenas incidencia en las realidades internacionales, y aún menos en las emisiones de gases de efecto invernadero, en clara aceleración en el mundo en estos 15 últimos años. La próxima Conferencia Mundial sobre el clima, COP21, del 30 de noviembre al 11 de diciembre en París, podría invertir la tendencia.

En muchos puntos, el contexto parece favorable. En el flanco energético, los progresos tecnológicos hacen accesibles nuevas fuentes renovables a costes competitivos. Un número creciente de países han comprometido políticas climáticas interiores, e incluso cooperaciones regionales.

Los países emergentes han unido sus estrategias climáticas a la lucha contra las contaminaciones locales, respondiendo a necesidades sanitarias inmediatas. Mejor informados sobre cuestiones climáticas, los actores desarrollan en los territorios muchos experimentos para conciliar desarrollo económico y reducción de emisiones.

Sin embargo, un acuerdo climático ambicioso no podría surgir únicamente de compromisos voluntarios. La lógica de tales acuerdos conduce a subir la posición no tanto en función de las consecuencias climáticas, sino referidas a las estrategias de otros países. De hecho se han provocado comportamientos de pasajeros clandestinos.

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