Los comienzos caóticos de BiciMAD en la ciudad de Madrid

BICIMAD

BiciMAD, el sistema de bicicletas de libre servicio de Madrid, lo tenía todo para tener éxito: unas bicicletas eléctricas en una ciudad de “topografía difícil”, según palabras de la alcaldesa Ana Botella; un aumento del 17% del uso de las bicicletas en la ciudad en 2013, y nuevas pistas de circulación para estos vehículos de dos ruedas. Sin embargo, desde su inauguración el pasado 23 de junio, nada funciona. Sistema saturado, abonos paralizados, e incluso una foto pornográfica pegada en los puntos de alquiler, han sido la guinda de un servicio caótico.

Dotado con 1560 bicicletas repartidas por 123 puntos de los seis distritos del centro de la ciudad, el sistema fue literalmente asaltado por los madrileños. Un millar de personas se registraron durante las primeras 24 horas, tras su inauguración. El precio no es especialmente ventajoso: 25 euros el abono anual, más 50 céntimos por media hora, cuando muchas ciudades sólo hacen que los usuarios paguen después de los primeros treinta minutos de uso.

Pero BiciMAD se esperaba desde hace años. Anunciado desde 2009 por el anterior alcalde Alberto Ruíz Gallardón, debería haber entrado en servicio en 2011. Pero la ciudad, con una deuda descomunal, tuvo que suspender el proyecto.

Desde el primer día, los problemas técnicos han bloqueado los abonos. Además, Bonopark, la empresa que se llevó la concesión, tan sólo tenía cien bicicletas de libre servicio en San Sebastián y en otras ciudades del País Vasco, y ha denunciado ataques informáticos. Dos semanas más tarde, los problemas continúan.

Ante la menor dificultad, basta con dar a un botón para activar el modo eléctrico, y luego elegir el nivel de ayuda: bajo, medio, alto. Al igual que en un scooter, la bicicleta avanza sola, incluso subiendo la cuesta de Gran Vía, y luego se recarga en las estaciones.

En cuanto a seguridad vial, Madrid tiene todavía un largo camino que recorrer. En el centro, los carriles para bicicletas están delimitados simplemente con una raya en el suelo. Así pues, ciclistas y coches tienen necesariamente que circular conjuntamente.

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