Las consecuencias del cambio de hora

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El cambio a la hora de invierno (y a la hora de verano a finales de marzo), es algo a lo que estamos acostumbrados, aunque esto no ocurre en la inmensa mayoría de los países del mundo. Y si bien es cierto que permite un ahorro de energía, suele ser una medida mayoritariamente impopular entre los españoles.

El cambio a la hora de invierno es ante todo la vuelta a nuestra hora “normal”, correspondiente al huso horario vigente (GMT+1 para España). El cambio de hora se realiza para ahorrar energía en verano y sacar provecho de los períodos más largos del día. Un estudio de la Agencia de Medioambiente y del Control de la energía (Ademe) publicado en 2010 (el último disponible sobre este tema) mostró que el cambio a la hora de verano (+1 hora) provocaba:

Un consumo de electricidad más importante por la mañana, particularmente con un pico a las 6 de la mañana (equivalente a las 5 h de invierno);

Un consumo mucho menos importante por la tarde, particularmente entre las 20 horas y 21 horas (equivalente al período entre las 19 horas y 20 horas en invierno).

Es decir, los hogares, por término medio, un poco más en electricidad por la mañana pero finalmente ahorran por la tarde. Es decir que una hora de luz menos permite ahorrar cerca de 10 céntimos de euros.

En 2009, la demanda media de electricidad a las 19 horas se redujo en 3,5 gigawatts (GW). En resumen, el ahorro de energía de aquel año ascendió a las 440 gigawatts-hora (GWh), principalmente con relación a la iluminación pública, el equivalente a un año de iluminación de una ciudad de 800 000 habitantes.

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