La razón de que los petroleros se alejen del Ártico

Artico

Se trata de un claro reverso para Shell, una gran satisfacción para los defensores del medio ambiente. La principal compañía petrolífera Europea anunció el pasado lunes que iba a paralizar cualquier exploración a lo largo de Alaska, en Ártico. Poniendo fin a las explotaciones violentamente contestadas por los ecologistas. No es la única compañía en recular en el Ártico, una región normalmente presentaba como una tierra prometida para las compañías petrolíferas, pero que también se presenta como una de las más hostiles.

Las prospecciones en el Gran Norte han sido catalogadas como imposibles desde un punto de vista económico a mitad de los años 2000, cuando el barril de petróleo comenzó a superar la barrera de los 50 $. Los políticos nacionalistas del país, productores como Rusia o Venezuela, y problemas de seguridad en Irak y en el sur de Nigeria han complicado el acceso a los principales recursos, mientras que la demanda de energía no cesaba de subir. Al mismo tiempo, el deshielo de la banquisa del Ártico, abriendo nuevas rutas marinas, y los avances tecnológicos, como la fracturación horizontal, permiten que otros pozos puedan ser explotados en la zona de la costa.

La idea de acudir a esta zona costera sin explorar todavía creció mucho en el año 2008, cuando un estudio del Instituto de Geofísica americano catalogó estas prospecciones como potenciales. El Ártico contenía el 13% de los recursos mundiales no descubiertos de petróleo, y el 30% de gas natural, esencialmente en Rusia y en Alaska. Desde entonces, las concesiones para la explotación se multiplican, incluidas las zonas más difíciles.

Sin embargo, la parte de hidrocarburos procedentes del Gran Norte en la producción energética mundial debería bajar sensiblemente de aquí al año 2050, estima la Oficina Central de Estadística y el centro de investigaciones sobre el clima noruego, en un estudio publicado en el año 2012. La producción de petróleo en el Ártico debería representar el 8% de la producción mundial en 2050, frente al 10% en 2010.

Para el gas natural, la bajada debería ser todavía más pronunciada, con una parte cayendo del 27 al 22%. Un retroceso que se explica primeramente por el éxito de los hidrocarburos no convencionales, como el gas de esquisto en América del Norte y el desarrollo de la producción de gas convencional en Oriente Medio, dos fuentes menos onerosas para explotar que los hidrocarburos del Ártico.

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