La presión aumenta sobre Japón, determinado a volver al Antártico

Ballena

Si bien es cierto que los balleneros japoneses han aceptado no ir al Antártico en esta temporada de caza 2014-2015 por primera vez desde hace un siglo, el gobierno nipón parece sin embargo tener prisa por volver a retomar los arpones y volver al año siguiente. Esto es lo que ha expresado la delegación nipona ante las 65 Comisión ballenera internacional (CBI), que ha tenido lugar en Eslovenia del 15 al 18 de septiembre.

El CBI no ha cedido a la presión japonesa: ha adoptado criterios más estrictos para enmarcar la caza científica y de nuevo prohibir al archipiélago pescar cerca de sus costas. Por el contrario, ha rechazado el proyecto de creación de un santuario en el Atlántico sur.

En teoría, la mayoría de los 88 Estados miembros del CBI quiere controlar el declive de los grandes cetáceos. Y es precisamente esto lo que les condujo en 1986 a adoptar una moratoria de caza comercial de la ballena, autorizando únicamente su caza para fines científicos o aborigen de subsistencia en algunas comunidades. Pero en los hechos, por razón de la complejidad de las fuerzas presentes, la ballena se ha convertido en una estrategia mundial que no termina de favorecer su protección.

Para Tokyo, esta cita anual se presentaba a priori con malos augurios, tras la decisión desfavorable que le fue infligida en marzo por la Corte Internacional de Justicia. En 2013, en nombre de la investigación científica, los balleneros japoneses mataron a 417 ejemplares en el Antártico y 115 en el Pacífico Noroeste.

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