La plaga de los cráteres en el Mar Muerto

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Las alturas del kibboutz de Ein Gedi ofrecen una vista inolvidable sobre el Mar Muerto, una extensión de azul cobalto, de sal y bordeado de un paisaje rocoso. Pero Yehuda Roth, está acostumbrado a este paisaje que tiene el placer de contemplar desde hacer cuarenta años. Se trata de otro aspecto del panorama que capta la atención del ingeniero hidráulico, habitante histórico del kibboutz.

“Mire, dice designando un amplio perímetro que se extiende a los pies de los acantilados. Antes, aquí, estaba cubierto de palmeras, todo era verde. Hoy en día, la mitad de las plantaciones de dátiles han desaparecido”. Sobre una parcela se alza una hilera de triste de árboles abandonados, carbonizados por el sol.

En Ein Gedi, el cultivo de los dátiles está directamente amenazado por los cráteres que se abren en el suelo a medida que el Mar Muerto se retira. La cuenca acuática más baja de la Tierra, se seca inexorablemente, y la multiplicación de los cráteres es uno de los síntomas más alarmantes. Retrocediendo, el agua deja detrás de ella un terreno sembrado de bolsas de sal.

En contacto con el agua dulce, estas pueden adentrarse bruscamente, tragándose todo lo que se encuentra en la superficie. En enero, una porción de la carretera 90, el gran eje que bordea el Mar Muerto de la parte israelí, se hundió completamente. La carretera está ahora cerrada a la circulación, obligando a los conductores a dar un rodeo incómodo a través de los campos del kibboutz.

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