La naturaleza desorientada por un invierno tan suave

Almendro

En los jardines, los campos y los bosques, el final del mes de diciembre tuvo aires de primavera. No era raro cruzarse con cerezos del Japón, o con unos ciruelos en flor, así como almendros o mimosas con la flor en sus ramas. Tantos signos de un ciclo de la naturaleza perturbado al final de un año que volvió a batir un nuevo récord de temperatura.

La Navidad ha sido la segunda más cálida, después de 1997, desde el comienzo de los registros meteorológicos en 1880, con una media increíblemente alta el mismo día del 25 de diciembre.

De los meses de enero a noviembre, el año que acaba de terminar se sitúa en cabeza de los años más cálidos, por delante 2014, 2010, 2013, 2005 y 2009. 14 de los 15 años más calientes se sitúan por lo tanto en el siglo XXI. La causa es un episodio recurrente, El Niño, particularmente potente, y un fenómeno oceánico y atmosférico cuyo efecto se añade a la tendencia del calentamiento debido a las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

Sensible a este aumento del mercurio, la naturaleza todavía no ha entrado en su fase de dormición tan característica durante la temporada de invierno.

De momento nada es tan dramático, pero habría que esperar que esta suavidad dure más de 15 días. La razón es que los árboles frutales necesitan frío para desarrollar sus frutos, por eso un periodo de adormecimiento necesita 800 horas de bajas temperaturas para que los albaricoqueros y los melocotoneros puedan florecer y dar buenos frutos. El peligro está en que los árboles frutales, calentados en exceso durante este invierno, puedan germinar demasiado pronto, ya que si vienen después las heladas, correrían el riesgo de reducir a la nada todas las promesas de sus frutos.

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