La inquietante carrera hacia el Ártico

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El Ártico contiene el 13 por ciento de los recursos mundiales de petróleo, y el 30 por ciento de gas natural, esencialmente en Rusia y en Alaska. A pesar de que las condiciones climáticas extremas hacen difícil su explotación hipotética y costosa, estos recursos siguen alimentando la avidez humana. Además, las compañías marítimas ven en el deshielo rápido de la banquisa de estos últimos años una gran ocasión. Entre China y los mercados europeos y americanos, el trayecto por el norte es mucho más corto que pasando por el Canal de Suez.

En este contexto, Rusia presenta siempre más ventajas en cuanto a su ambición para convertirse en la gran potencia polar. Desde el año 2001, presentó en la ONU, pero sin éxito, una petición de extensión de su zona económica exclusiva, más allá de las doscientas millas náuticas que son la norma internacional. En 2007, ante el estupor general, colocó una bandera de titanio a 4.200 metros de profundidad, debajo del Polo Norte.

Bajo la instrucción del presidente Putin, se lanzó a una vasta militarización del Ártico, reanimando concretamente las antiguas bases soviéticas. Finalmente el pasado 4 de agosto, sobre la base de investigaciones geológicas y científicas llevadas a cabo durante estos últimos años, Moscú ha sometido de nuevo a la ONU una petición que reivindica su soberanía en 1,2 millones de kilómetros cuadrados en el Ártico.

Esta iniciativa rusa no sorprendió a nadie. A excepción de los Estados Unidos, que no ratificaron la Convención de la ONU sobre el derecho del mar, todos los Estados se comprometieron de la misma forma. Noruega obtuvo desde 2009 la extensión de su zona económica exclusiva y negoció en 2010 un acuerdo con Moscú sobre las zonas en litigio. Canadá usó su propia petición ante la ONU en 2013, y Dinamarca en 2014.

Al parecer, los actores de el gran juego Ártico toman la vía de la negociación internacional para defender sus intereses. Pero es mucho más inquietante imaginar lo que sucederá mañana si sus reivindicaciones son satisfechas.

El riesgo ecológico de una explotación de los recursos del Ártico es inmenso. Las ONG y las poblaciones locales se alarman con razón por el peligro de mareas negras que serían incontrolables en la inmensidad del Ártico. Por su parte los científicos piensan que la extracción en esta zona del planeta provocaría un desarreglo en el ecosistema planetario.

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