La estrategia de los mayores países contaminantes en emisiones de CO2

Contaminación

Mantenerse por debajo de los 2º C del calentamiento con relación al periodo preindustrial, es el objetivo fijado por la comunidad internacional en 2009 en Copenhague, y sigue siendo un tema de debate. Con prudencia, el Instituto de Desarrollo Sostenible y Relaciones Internacionales, y el Sustainable Development Solutions Network responden a esto afirmativamente. Los dos institutos publican el resultado de un proyecto de investigación internacional, “Trayectorias de descarbonizacion profunda”, lanzado en 2013 para esbozar los escenarios de desarrollo susceptibles de contener el calentamiento provocado por las emisiones.

Según los trabajos presentados, los 16 países mayores emisores de gases de efecto invernadero podrían, en el horizonte 2050, reducir en un 56% sus emisiones con relación a 2010. Y esto, absorbiendo un aumento del 17% de sus poblaciones acumuladas, y manteniendo un crecimiento económico medio de 3,1% al año.

Más allá de las divergencias, varias exigencias comunes se desprenden, en particular un alto aumento de la eficacia energética y una descarbonización de la producción de electricidad. Se ha partido y un primer escenario que pretende una división por dos del consumo energético hacia 2050, lo que hace que progresivamente se puede pasar la parte de lo nuclear a la producción eléctrica del 50%, en 2025, al 25%.

Concretamente para Francia, la división por dos del consumo energético en el horizonte de 2050 es un objetivo muy ambicioso. Esto implica una renovación del conjunto del parque inmobiliario, es decir medio millón de alojamientos renovados al año a partir de 2017. Si este objetivo no se mantiene, entonces habrá que aumentar la cantidad de energía no carbonizada y mantener la producción de energía nuclear alrededor del 50%, lo que plantea otras cuestiones más allá de la renovación de los alojamientos, la gestión del parque de centrales, el lanzamiento de una nueva generación de reactores, etcétera.

No será sencillo poner en marcha ningún escenario. La transición debe ser un proceso dinámico y a largo plazo. Hay que plantearse objetivos, y luego evaluar con frecuencia la eficacia de las medidas tomadas y hacerlas evolucionar en función de los resultados.

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