La contaminación del aire agrava las enfermedades de Alzheimer y de Parkinson

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Por cada aumento de la concentración de aire en partículas finas, el riesgo de ser hospitalizado por una enfermedad neurodegenerativa se incrementa. Es lo que indica un amplio estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de Harvard, y publicado el pasado 1 de enero, en la revista Environmental Health Perspectives. Se trata del primer estudio epidemiológico sobre los efectos de una exposición a largo plazo a las PM 2,5 sobre la enfermedad de Alzheimer y la enfermedad de Parkinson. Este estudio confirma que la contaminación del aire es uno de los problemas de salud pública más importantes.

Los investigadores han trabajado sobre unos datos procedentes de personas con más de 65 años en 50 ciudades del noreste de los Estados Unidos entre 1999 y 2010. Los expertos han evaluado el impacto de la exposición crónica a las partículas finas sobre la primera hospitalización para un diagnóstico de demencia, de enfermedad de Alzheimer o de enfermedad de Parkinson. La cuestión era saber si las fluctuaciones de la concentración aérea de partículas finas a lo largo de un año iban acompañadas de una fluctuación en el mismo sentido de las primeras hospitalizaciones por algunos de estos tres diagnósticos.

Los investigadores han constatado que cada aumento de la concentración aérea en PM 2,5 de un microgramo por metro cúbico de aire va asociado de manera sistemática a una subida del riesgo de ser hospitalizado durante el año. El aumento es de un 8% para una demencia o una enfermedad de Parkinson, y de un 15% para una enfermedad de Alzheimer.

La exposición a largo plazo de las PM 2,5 va asociado a diversos efectos nocivos… En marzo de 2014, la OMS hizo público un estudio evaluando a 7 millones el número de personas muertas prematuramente en 2012 en todo el mundo, de las cuales 5,9 millones en Asia-Pacífico, muertes atribuibles a los efectos de la contaminación del aire exterior y doméstico.

Otros estudios han demostrado que la contaminación del aire incrementa el riesgo de infarto de miocardio y de accidentes vasculares cerebrales, y que está directamente implicada en el desarrollo del cáncer. Otro estudio, aparecido en marzo de 2015 en el British Medical Journal, sugería que la contaminación por las partículas finas favorecería la ansiedad a través del proceso puramente bioquímico.

Estudios de toxicología han corroborado la combinación entre contaminación de partículas del aire y problemas neurodegenerativos, en particular a través de fenómenos inflamatorios. Hasta tal punto como para establecer que la contaminación atmosférica es un factor de riesgo de enfermedades tales como el Alzheimer y el Parkinson. Pero faltaba un estudio epidemiológico a gran escala entre contaminación del aire y evolución de estas enfermedades.

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