La arena del Sahara fertiliza la selva amazónica

Amazonas

A pesar de los miles de kilómetros que los separan, el desierto del Sahara y la selva amazónica están relacionadas: cada año, un ciclo natural, transporta desde el continente africano al continente sudamericano, millones de toneladas de arena. Un aporte del que tiene necesidad la mayor selva ecuatorial del mundo para desarrollarse.

Cada año, 22000 toneladas de fósforo contenidas en las arenas del Sahara atraviesan el océano Atlántico para aterrizar en la selva amazónica, dice el estudio americano publicado en la revista Geophysical Research Letters. Se trata de la primera cuantificación del transporte transatlántico de este elemento químico a más de 4.000 km, desde África hasta América del sur.

Porque se desarrolla en un suelo pobre, la selva amazónica ve su productividad limitada por la disponibilidad de nutrientes como el fósforo. Además, las fuertes precipitaciones acentúan cada año la privación a los suelos de estos elementos.

En su análisis basado en datos recogidos entre 2007 y 2013 por el satélite Calipso, y el satélite CloudSat, el equipo de investigadores estimas que estas pérdidas de fósforo se ven compensadas por los depósitos naturales del polvo africano.

Las arenas proceden de la depresión del Bodelé, situada en el centro sur del desierto del Sáhara, y presentan un interés particular: este antiguo lecho de un lago, contiene enormes depósitos de microorganismos muertos cargados de fósforo. Según los científicos, el polvo es levantado por las tormentas de arena hasta la alta atmósfera, y luego dirigida a la selva amazónica a través de las corrientes de aire.

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