Irán amenazado con convertirse en un desierto inmenso

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Por mucho que los iraníes intenten negar la gravedad de la crisis del agua, ciertos ecólogos consideran que ya es demasiado tarde para detener el tren de una sequía grave. Para los más alarmistas, Irán será “la próxima Somalia”, “un país fantasma dentro de treinta años”, transformando en “un desierto inmenso”. Reputado por su clima continental, el país conoce cambios radicales y demasiados bruscos.

Estos dos últimos años, el lago de Oroumiyeh, que era el más vasto del Medio Oriente (5.200 km2), situado en la región iraní de Azerbaiyán (noroeste), se desecó en un 95%. Para intentar salvarlo, el presidente, Hassan Rohani, decidió, el 27 de noviembre, dedicarle un presupuesto de 7.300 mil millones de rials (178 millones de euros).

Otro plan también está en negociaciones con los diferentes grupos de trabajo, bautizado “Nakasht” (no cultivar). Si es adoptado, los agricultores de los campos vecinos al río Zarineh Roud, que desemboca en el lago de Oroumiyeh, serán compensados con 5 millones de tomans al año (1.200 euros) por cada hectárea no cultivada.

Teherán conoce también problemas de agua. El último verano, tres de cinco presas que alimentan la capital quedaron prácticamente vacías, obligando a las autoridades a implantar programas de racionamiento. En la ciudad de Ispahán, en el centro del país, la desecación del río Zayandeh Roud, también marcó profundamente a los iraníes.

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