Francia adopta su estrategia de bajo carbono

Paris

A menos de 2 semanas de la apertura, en París, de la Conferencia de Naciones Unidas sobre el clima, COP 21, el Consejo de Ministros ha adoptado la estrategia nacional de bajo carbono para Francia. Se trata de uno de los principales instrumentos de pilotaje de la Ley de Transición Energética para el crecimiento verde promulgado el pasado 17 de agosto.

En materia de emisiones de gases de efecto invernadero, Francia se ha fijado objetivos ambiciosos. Primeramente una reducción del 40% de aquí a 2030. Luego una división por 4 de cara a 2050, lo que se llama el factor 4. El camino que hay que recorrer es considerable. Reducir las emisiones de gases de efecto invernadero a 140 millones de toneladas por año en menos de dos generaciones, es un auténtico desafío.

Si el ritmo actual de reducción de gas de efecto invernadero va en el buen sentido, habrá que obtener reducciones de emisiones todavía más importantes, del orden de los 9 a los 10 millones de toneladas al año, a lo largo de los próximos 35 años.

Para conseguirlo, la estrategia nacional de bajo carbono traza una trayectoria para los periodos 2015-2018, 2019-2023, y 2024-2028. Un reajuste que luego será previsto todos los 5 años. Para cada uno de estos periodos se define un presupuesto de carbono, es decir un montante anual medio de emisiones que no se puede superar.

Lo fundamental es el reparto de los esfuerzos que van a requerirse en los diferentes sectores de la actividad económica, para respetar estos objetivos. El campo que más contribuye hoy en día a las emisiones de carbono de Francia es el de los transportes, por delante de la construcción, de la agricultura y de la industria.

Todos estos sectores se van a poner en contribución, pero de forma desigual. Los esfuerzos más importante se van a realizar en la construcción, para reducir las emisiones en un 54% con relación a 2013, y de un 80% de cara a 2050. Para conseguirlo, el parque inmobiliario tendrá que renovarse con relación a las normas de aquí a 2050, y el acento será puesto en el campo de consumos energéticos.

Los transportes también tendrán que pasarse a la energía verde, reduciendo en un 29% sus emisiones de aquí a 2024-2028, en al menos dos tercios en 2050. Se trata de mejorar la eficacia energética de los vehículos, acelerar el despliegue de los puntos de recarga para coches eléctricos o híbridos, pero también favorecer los modelos de desplazamiento alternativos.

Por su lado, la industria tendrá que reducir en un 24% las emisiones de carbono en los próximos diez años, y en un 75% de aquí a 2050.

Comparativamente, los esfuerzos requeridos a la agricultura son al menos en un primer tiempo menos restrictivos. Estas emisiones bajarán solamente de un 12% de aquí a 2024-2028, para reducir a la mitad las emisiones.

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