En Oklahoma, el gas esquisto provoca diferentes seísmos

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Para los habitantes de Oklahoma, se ha convertido prácticamente en una rutina. La tierra tiembla con frecuencia. El pasado 6 de enero, dos seísmos de una magnitud de 4,7 y 4,8 afectaron a la región septentrional de este Estado del centro de los Estados Unidos. Los daños fueron menores, sin embargo se alertaron a las autoridades locales. Uno de los temblores, a comienzos de octubre de 2015, tuvo lugar cerca de la ciudad de Cushing, que alberga un enorme complejo de almacenamiento de bruto, que contiene hasta 60 millones de barriles de petróleo, y que está considerado como una infraestructura estratégica nacional. En 2015, Oklahoma registró más de 900 temblores de tierra de una magnitud cercana a 3.

Para 2016, las predicciones no son mejores. En principio, la barrera de 2006 no debería superarse. La región central del país tan sólo había registrado 21 seísmos de magnitud 3 y más, entre 1973 y 2008. Desde 2008, el aumento del número de temblores de tierra es excepcional. La causa de este fuerte aumento sísmico, tal y como dicen la mayoría de los científicos, se debe a la fracturación hidráulica de las formaciones de gas y petróleo de esquisto y a la multiplicación de pozos de explotación.

Desde 2008, Oklahoma, a imagen de los Estados Unidos, conoce un boom petrolífero gracias a la revolución de la hidrofracturación. El sector petrolífero representa el 20% de los empleos del Estado, y dos tercios de los empleos creados desde 2010.

La fracturación hidráulica de los esquistos se acompaña de efectos secundarios. Volúmenes considerables de agua usada y de productos químicos utilizados para las exploraciones son vertidos en las formaciones de esquisto, puesto que de momento la industria no ha encontrado otra alternativa para estos depósitos. Entre 2009 y 2014, los volúmenes utilizados en la región, en particular en la formación de esquisto aumentaron en un 140%. Para los sismólogos, no hay ninguna duda, la fracturación hidráulica, que requiere a veces 10 barriles de agua por cada barril de petróleo producido, es la causa directa. Los volúmenes de agua inyectados pueden tener por efecto levantar las placas cerca de las fallas en vez de acercarlas.

Las autoridades políticas han sido lentas en reaccionar. La gobernadora del Estado negó en principio el problema antes de rendirse a la evidencia, visto el número creciente de pruebas científicas. Oklahoma Geological Survey, una instancia científica, sufrió enormes presiones por parte de las sociedades petrolíferas para no establecer relación entre la hidrofracturación y los seísmos, afirmando durante un tiempo que estos temblores eran tan solo un fenómeno natural.

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