En Alberta, el oro negro de la discordia

Contaminacion

En este mes de febrero, cuando las temperaturas bajan por debajo de los 20º C, en el norte de la provincia canadiense de Alberta, las columnas de humo de las chimeneas de los lugares de explotación de las arenas petrolíferas, se dirigen hacia el sur. A veces, eligen el norte, bajando a lo largo del río Athabasca y se instalan en esta reserva ameroindia, pequeño pueblos con 700 habitantes, rodeado por la industria petrolífera.

Los autóctonos de Fort McKay se instalaron allí antes que durante el transcurso de los años 1960, Alberta comenzara a extraer el oro negro del subsuelo. Una parte del Noreste de la provincia alberga la tercera reserva mundial de petróleo no convencional, un producto denso y viscoso mezclado con arena, arcilla y agua. La extracción de estas arenas petrolíferas ha sido la prosperidad de la región, y nadie se imagina su declive, a pesar de la caída del precio del petróleo.

La provincia continúa, en efecto, buscando salidas para los más de 2 millones de barriles diarios que puede producir. A pesar de que el presidente Barack Obama debería plantear un veto para paralizar la construcción del oleoducto Keystone XL, que debe llevar una parte de las arenas petrolíferas hacia el Golfo de Méjico, la industria no da todavía la señal de su ralentización.

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