El plan de Obama para el clima está detenido

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El golpe ha sido duro para el presidente americano Barack Obama. La Corte Suprema suspendió, el pasado 9 de febrero, el plan americano para una energía limpia que el jefe de Estado había presentado el pasado 3 de agosto en la perspectiva de la conferencia sobre el clima, COP 21. Este plan pretendía reducir en un 32% de aquí a 2030 las emisiones de gases de efecto invernadero relacionadas con la producción de electricidad, sobre la base de las que se registraron en 2005.

Los cinco jueces conservadores de la Corte, frente a la opinión de 4 otros magistrados progresistas, han estimado que este programa no se podía aplicar antes de un procedimiento judicial presentado por 27 Estados, mayoritariamente republicanos, y por industriales que pedían la paralización del plan. Una corte federal debe pronunciarse sobre este procedimiento a partir del mes de junio.

Esta guerrilla está orquestada concretamente por el Procurador General de Virginia Occidental, y por un senador de Kentucky, dos de los tres Estados productores de carbón, junto con Wyoming, donde una parte importante de la electricidad consumida está producida por las centrales de carbón. Este senador, Mitch McConnell, también jefe de la mayoría republicana del Senado, denuncia la guerra de Obama contra el carbón.

Estima que la Agencia Federal encargada de vigilar la aplicación del plan, sobrepasa sus derechos en lo que considera asuntos relevantes cuya única responsabilidad le compete a los Estados, y que el plan va en contra de los intereses de estos últimos.

“Estamos en desacuerdo con la decisión de la Corte Suprema”, ha dicho la Casa Blanca en un comunicado, afirmando su convicción de que su plan reposa sobre bases técnicas y legales sólidas, y que da a los Estados el tiempo y la flexibilidad necesaria para conseguir los objetivos planteados. La administración cuenta con subvencionar las fuentes de energías renovables para acompañar a los Estados en esta delicada transición.

En efecto, las centrales térmicas de carbón, cuya preeminencia no ha dejado de estar cuestionada por la subida del gas de esquisto, cuenta con algo más de la mitad de la producción de electricidad de los 14 Estados, y con un tercio en 25 otros Estados. En definitiva, representan el 40% de las emisiones americanas de CO2.

Por el contrario, los adversarios del plan, se han alegrado por una victoria para la población y la economía americana. El jefe de la mayoría republicana de la Cámara de los representantes, Kevin McCarthy, se ha felicitado por la paralización de las medidas que estima fundadas en un abuso de poder ilegítimo. Las reglamentaciones de la administración Obama destruirían empleos, aumentarían los costes y dejarían en entredicho la fiabilidad del suministro energético. “Se trata de una señal que deja pensar que finalmente este plan será invalidado”, ha juzgado un abogado de los grupos energéticos citado por el New York Times.

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