El hambre en el mundo, una cuestión que no debe dejar de lado la COP 21

Malnutrición

Nada dice todavía si la cuestión de la seguridad alimentaria será explícitamente mencionada en el acuerdo que será firmado al final de la Conferencia Mundial sobre el clima COP21, que tiene lugar en París. Y sin embargo, hambre y cambio climático van estrechamente ligados.

Esto lo acaba de recordar el mapa interactivo “inseguridad alimenticia y vulnerabilidad al cambio climático”, lanzada el pasado 1 de diciembre por el programa alimenticio mundial y el centro Hadley para la investigación y la previsión climática del Met Office británico.

Este instrumento de investigación online muestra con el tiempo cómo el cambio climático impacta en los niveles del hambre en el mundo. Pero permite también medir el alcance de las acciones que podrían emprenderse para prevenir e impedir las peores consecuencias de estos desarreglos climáticos.

Los usuarios de este mapa interactivo pueden escoger un periodo para ver la vulnerabilidad con relación al hambre de los países, inducida por el clima, en función de los esfuerzos de adaptación y de los niveles de emisiones de gases de efecto invernadero.

Según el resultado de las negociaciones de París, las generaciones futuras heredarán un mundo menos vulnerable, o al contrario mucho más vulnerable al hambre.

El segundo de los objetivos del desarrollo sostenible adoptado el 25 de septiembre pasado por la comunidad internacional se centra en la erradicación del hambre bajo todas sus formas en el mundo de aquí a 2030. Pero los impactos del calentamiento del planeta dejan en mal lugar los esfuerzos desplegados en esta lucha. Hoy en día 795 millones de personas son víctimas del hambre en el mundo. Según el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, de aquí a 2080, serán 600 millones de personas suplementarias quienes podrían sufrir una inseguridad alimenticia bajo el efecto del cambio climático.

Sin embargo, la puesta en marcha de políticas de adaptación, concretamente agrícolas, permite atenuar la vulnerabilidad frente al cambio climático. Por esta razón, reducir las emisiones de CO2 no es suficiente. Hay que ayudar a los países vulnerables a que se adapten y esto exige financiación segura y suficiente.

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