El fracaso de la sociedad consumista

 

Tierra

¿Qué ha ocurrido durante estos últimos 200 años para que lleguemos al borde del precipicio? ¿Cómo hemos llegado a esta paradoja moderna, una sociedad de la que nos gusta su confort, pero que para obtenerlo es en detrimento de los ecosistemas del planeta?

Nuestras sociedades de consumo reducen el conjunto de las relaciones humanas y relaciones mercantiles. En el sistema económico dominante ya no es la demanda la que condiciona la oferta, sino la oferta que determina la demanda. De esta forma, nuestras necesidades se consideran rápidamente como vitales, se crean, son fuente de la obsolescencia programada.

Libertad y materialismo

El bombardeo publicitario incesante nos empuja a creer que este materialismo nos hace libres y evolucionados, pero en realidad, nos esclaviza y nos embrutece cada vez más. Esto modifica en profundidad las relaciones humanas, las cosas terminan por poseernos y aislarnos del resto, incluidas nuestras relaciones ancestrales con la naturaleza.

Nunca antes en la historia de la humanidad, nuestro entorno había sido tan degradado, hasta el punto de que incluso el aire que respiramos se ha convertido en cancerígeno. Los animales son explotados en condiciones industriales espantosas, y todo lo que vive es metódicamente masacrado para enriquecer a unos pocos. Y esto con el apoyo, indirecto de los consumidores, demasiado ocupados en comprar cualquier cosa y no tanto en reflexionar en el sentido y en las consecuencias de sus compras.

Destrucción del ecosistema

Nuestra tierra ya no nos pertenece, ha sido comprada y explotada sin escrúpulos por multinacionales y mercados financieros que nos impiden recoger simplemente los frutos. Todo lo que vive ha sido literalmente  patentado. Ya no tenemos derecho de cultivar nuestras propias semillas, nos vemos nutridos con productos químicos inútiles y peligrosos. En realidad hemos provocado la sexta extinción masiva de la biodiversidad.

Condenados a vivir en la ilusión de un mundo libre, nos hacemos esclavos de un sistema contaminante que mantenemos a ciegas. Con el pretexto de querer protegernos, los gobiernos restringen la libertad de expresión, los derechos del hombre, y aceptamos cada día un poco más la impronta del sistema sobre nuestras vidas.

Nuestras élites están corrompidas y ya no representan la voluntad del pueblo. Éstas se mantienen, cueste lo que cueste, sostenidas por la mayoría de los medios que persiguen un trabajo de desinformación, caricaturizando la realidad para una mayor influencia.

Manipulación política

Los grandes discursos manipuladores y deshonestos de los políticos nos adormecen y nos alejan de los auténticos rostros, los de los verdaderos delincuentes financieros, sexuales, etcétera. Se trata normalmente de personajes mediocres, pérfidos y cínicos y que no retroceden ante ninguna ignominia para defender sus intereses, protegidos por una justicia cada vez más partidista.

Hoy en día nuestras democracias se felicitan por vender armas a los dictadores, al tiempo que sostienen en la sombra los peores movimientos integristas. Condenan abiertamente la violencia y las injusticias, pero animan conflictos y preparan las guerras del mañana que aniquilarán a pueblos enteros para satisfacer unos pocos fútiles intereses.

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