El declive inexorable del hielo de la zona oeste del Antártico

Antartico

Los hielos situados en la fachada oeste del Antártico están condenados a licuarse, según las conclusiones de dos estudios independientes y publicados simultáneamente. De aquí a algunos siglos, podrían haber desaparecido y hacer subir el nivel de los mares en más de cuatro metros.

El clima cambia, y el mundo con él. Sobretodo en los polos. En las regiones más septentrionales o más australes, la decoración evoluciona un poco cada año: los icebergs se desprenden haciendo recular los glaciares, mientras que los casquetes en ciertos puntos se fragilizan. El hielo de la tierra termina por licuarse desembocar en el océano, haciendo remontar el nivel de los mares en la superficie del globo. Cada año hay que añadir tres milímetros más.

El Antártico es el mayor contribuidor. Este continente de hielo alberga extensiones heladas inmensas que sufren por culpa del calentamiento, incluso si este es menos intenso en esta región del mundo. Sin embargo, el declive del glaciar de la isla del Pino, uno de los más importante del casquete polar austral, parece inexorable. No obstante, podría ser peor todavía.

En efecto, dos estudios llevados a cabo de forma separada e independiente se han focalizado sobre los otros glaciares de la región, concretamente en el glaciar Thwaites, que baña el mar de Amundsen, en la fachada norte de la península antártica. Según estas observaciones y las estimaciones informáticas, estos hielos corren el riesgo de retraerse de forma irreversible, hasta el punto de que en pocos siglos, ya no quedará nada.

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