Donald Trump podría anular el acuerdo de París sobre el clima

Donald Trump

Donald Trump podría difícilmente acabar con este procedimiento para salir del acuerdo de París antes del final de su primer mandato, de 4 años, en los Estados Unidos. Si el acuerdo ya ha entrado en vigor en el momento de su elección, el procedimiento del político republicano consistiría en una violación del derecho internacional por parte de los Estados Unidos.

En estas condiciones, Barack Obama, que hizo de la lucha contra el cambio climático una de las prioridades de su segundo mandato, tiene todo el interés en darse prisa. Si el presidente tarda en redactar un documento que permita al Poder Ejecutivo exonerarse de un voto por parte del Congreso, es sin duda para disponer de un dossier jurídico lo más sólido posible.

Y es que la administración Obama se espera a ataques jurídicos virulentos cuando el aval presidencial sea oficializado. Podría enfrentarse a una resolución desfavorable por parte del Congreso, que no bloquearía el proceso, pero que daría un golpe político al presidente saliente.

El poder de la Corte Suprema

Un procedimiento judicial está en curso, y ha llegado a la suspensión por parte de la Corte Suprema en la espera de un juicio sobre el fondo previsto en junio, de su Clean Power Act.  Anunciado 6 meses antes de la COP 21, este plan es la piedra angular de la contribución americana a la fuerza internacional contra el calentamiento, y prevé una reducción del 32% de aquí a 2030 de emisiones de gases de efecto invernadero, relacionadas con la producción de electricidad, sobre la base de las registradas en 2005.

Esta suspensión viene motivada por un procedimiento judicial intentado por 27 Estados mayoritariamente republicanos y por industriales, que piden la paralización pura y dura de este plan sobre el clima. En efecto, estiman que la agencia federal encargada de vigilar la aplicación del plan sobrepasa sus derechos en asuntos que afectan exclusivamente a la responsabilidad de los Estados.

Por lo tanto, se trata de una contestación del posicionamiento de Obama con relación a las emisiones de CO2 que está bajo competencia federal. Dicho esto, el riesgo conviene matizarlo, porque existe una tradición en las democracias occidentales de no derogar la palabra dada por el antecesor en materia de tratados internacionales.

En todo caso, hacerle frente a la decisión del Congreso iría en contra del lado autoritario de Trump, pero en cualquier caso, no hay ninguna razón legal para que el Congreso se vea implicado en este acuerdo, dado que no necesita ninguna nueva legislación nacional. Donald Trump busca claramente bailarle el agua a los intereses de la industria fósil y a los electores de derecha.

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