De la planta al medicamento

aspirina

De la aspirina a los anticancerígenos, el mundo vegetal ha aportado a la industria farmacéutica la materia prima para la fabricación de una gran parte de sus medicamentos. Detrás de este jugoso mercado se dibuja un desequilibrio geográfico: por un lado, la biodiversidad, en la fuente de las sustancias activas se concentra en los países del sur; por el otro, los centros de investigación y laboratorios farmacéuticos se sitúan más bien en el norte.

Guardianes de la biodiversidad contra guardianes de las tecnologías: al menos esta representación del mundo es la que se adoptó en 2010 en el protocolo de Nagoya.

Este acuerdo internacional que enmarca el acceso a los recursos naturales y el reparto de sus beneficios, entró en vigor ayer 12 de octubre, tras haber sido ratificado por más de cincuenta Estados y por la Unión Europea, con la ausencia notable de los Estados Unidos.

¿Qué dice el protocolo de Nagoya? Se aplica a los “recursos genéticos” de la planta de extracción o a la molécula que se obtiene de ella directamente, pero también a los saberes locales que van asociados, como los de la medicina tradicional. El acceso a estos recursos debe ser objeto de un contrato que garantice el consentimiento claro del proveedor, y de un acuerdo internacionalmente reconocido que prevé compartir de manera justa y sostenible las ventajas si se desemboca en un producto comercializable.

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