COP 21, París en el corazón de la esperanza climática

COP21

Lo que se va a decidir en París, del 29 de noviembre al 11 de diciembre, no es más que el próximo capítulo de la historia geológica de nuestro planeta. Se trata del primero de nuestros bienes comunes, nuestro irremplazable marco de vida. Determinará por lo tanto los próximos decenios, la estabilidad de las sociedades, el bienestar y la seguridad de existencia de miles de millones de seres humanos.

Este es el objetivo, la ambición de la Conferencia Internacional inédita que se abre en la capital francesa. Inédita primeramente por el número de jefes de Estados invitados a participar. El próximo 11 de diciembre por la noche, después del final de la COP 21, se habrán planteado las líneas principales del próximo acuerdo internacional sobre cambio climático.

Esto deberá aplicarse a partir de 2020, a un Protocolo de Kioto moribundo, nunca ratificado por todos los países, y finalmente dejado de lado por muchos otros, y que no consiguió poner freno a las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Estas continúan sobrepasando los diferentes marcos planteados por la mayoría de científicos del mundo.

Las cifras son bien conocidas, hoy en día la concentración atmosférica de dióxido de carbono, el principal gas de efecto invernadero emitido por el hombre, está a un nivel jamás alcanzado desde el Plioceno, hace más de dos millones y medio de años. La temperatura del año en curso es, por primera vez, superior a un grado por encima del nivel preindustrial.

En París, a lo largo de las dos próximas semanas, la comunidad internacional tendrá que ponerse de acuerdo sobre la ambición de las reducciones de emisiones y las palancas económicas que se deben pulsar para conseguirlo.

En el seno de esta comunidad, los países del Norte deben darse los medios de reparar esta injusticia frente al mundo en desarrollo, responsables históricos de la mayor parte del problema, de las que no serán las principales víctimas.

De momento una parte del camino ya ha sido recurrida, pero todavía estamos lejos de controlar el problema. Las intenciones hasta aquí presentadas por los Estados no son suficientes. Si nos atenemos a las predicciones, la atmósfera terrestre cada vez estará más caliente en unos 3º C antes de final de siglo. En este mundo, un verano extremadamente cálido, como el que se vivió en Europa en el año 2003, sería un verano normal. Y esto tan sólo sería uno de los efectos esperados entre muchos otros.

Para conservar una suerte razonable de permanecer por debajo de los 2º C de calentamiento con relación a la era preindustrial, la mayor parte de los hidrocarburos recuperables tendrá que permanecer en el subsuelo. Si su explotación continúa al ritmo actual, la concentración atmosférica de gases de efecto invernadero alcanzará, en torno al año 2030, el límite que no se debe franquear.

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