COP 21, los puntos claves del acuerdo universal sobre el clima

COP21

Un acuerdo diferenciado, justo, sostenible, dinámico, equilibrado y jurídicamente restrictivo. Es en estos términos que el presidente de la COP 21, Laurent Fabius, presentó el acuerdo universal sobre el clima que fue adoptado por consenso el pasado sábado 12 de diciembre por la tarde por los 195 Estados que participaban en la conferencia COP 21. El texto constituye el mejor equilibrio posible, un equilibrio a la vez potente y delicado que permitirá a cada delegación volver a casa con la cabeza bien alta, con unos compromisos importantes.

El acuerdo es más ambicioso que el objetivo inicial de la COP 21, que se centraba en obtener y contener el calentamiento por debajo de los 2º C. El texto prevé mantener la temperatura por debajo de los C con relación a los niveles preindustriales, y continuar los esfuerzos para limitar el aumento de temperaturas a 1,5º C.

La mención del umbral del 1,5º C era una revindicación llevada por los pequeños Estados insulares amenazados de la inmersión por culpa de la subida de las aguas. Tiene sobre todo un alcance simbólico y político, mantenerse por debajo del techo del 1,5º C, puesto que es algo irrealizable en el estado actual de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero.

Este voluntarismo contrasta con la debilidad del objetivo a largo plazo de reducir las emisiones mundiales. Está solamente previsto centrarse en un pico de emisiones mundiales de gases de efecto invernadero en cuanto sea posible. Las versiones anteriores retenían un objetivo de reducción del 40% al 70%, o incluso del 70% al 95% de aquí a 2050. Estas menciones, juzgadas como demasiado restrictivas por algunos países, fueron sacadas del texto. A mayor término, en la segunda mitad del siglo, el objetivo es conseguir un equilibrio entre emisiones de origen antrópico y su absorción por pozos de carbono.

Recordemos que el grupo de expertos Intergubernamental sobre la evolución del clima juzga necesario bajar de 40% a 70% las emisiones mundiales de aquí a 2050 para evitar un descontrol climático a nivel mundial.

La diferenciación de los esfuerzos que deben ser pedidos a los diferentes países, en función de su responsabilidad histórica en el cambio climático y de su nivel de riqueza, o de pobreza, cristalizó esta vez en la oposición entre el norte y el sur. El texto recuerda el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas, inscrito en la Convención de la ONU sobre clima de 1992.

Los esfuerzos deben ser cumplidos sobre la base de la equidad, y los países desarrollados continúan siguiendo el camino asumiendo objetivos de reducción de emisiones en cifras absolutas. Los países en desarrollo deberían continuar creciendo sus esfuerzos de atenuación con relación a los contextos nacionales diferentes, formulación que toma en cuenta su nivel de desarrollo. Finalmente, el acuerdo destaca que un apoyo debe ser aportado a los países en desarrollo por parte de las naciones económicamente más avanzadas.

Para pagar la deuda climática, los países del Norte prometieron a los del sur, en 2009, movilizar en su favor 91 mil millones de euros al año de aquí a 2020. Las naciones pobres pueden con mayor ventaja, después del año 2020, hacer frente a los impactos de desarreglo climático, sequías, inundaciones, ciclones y subida de las aguas.

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