Científicos descubren un arrecife de coral de casi 1.000 kilómetros de extensión en el Río Amazonas

Arrecifes de coral

El río Amazonas nace en Perú, a menos de 120 kilómetros de la costa del pacífico. El río más caudaloso del planeta y en el que ahora los científicos han encontrado otra joya para sumar a lo impresionante que tiene este portento de la naturaleza y de nuestro planeta.

Un equipo de científicos americanos y brasileños han descubierto un nuevo arrecife de coral de más de 1.000 kilómetros localizado en la misma garganta del Río Amazonas.

El descubrimiento, anunciado el viernes pasado en la revista Science, fue llevado a cabo después de tres décadas de trabajos y estudios. Patricia Yager, profesora de oceanografía y del cambio climático de la Universidad de Georgia, no estaba en el área en un primer momento en la búsqueda de arrecifes. Su proyecto supuestamente era para usar el RV Atlantis para investigar cómo el Río Amazonas afecta a la absorción del dióxido de carbono del océano.

Se usó el submarino para buscar un arrecife que Rodrigo Moura, un científico brasileño, dijo que estaría en la región. Unas publicaciones de 1977, donde se constataba que encontraron una especie de peces que indicarían que los arrecifes estaban alli, consiguieron convencer a Yager para que Rodrigo pudiera iniciar la exploración.

Finalmente fue así y en diferentes exploraciones por Moura y otros investigadores brasileños, se indicó que la biología del arrecife dependía de su localización. La sección más al sur tenía otro tipo de corales más coloridos, mientras que la del norte estaba dominada por esponjas y otras criaturas carnívoras.

El cambio climático está consiguiendo que esos arrecifes sean más robustos y más importantes. Su existencia revela cómo los corales sobreviven incluso en las condiciones oceánicas más duras y cómo la biodiversidad sostenida por los corales tropicales sobrevive los periodos de mayor calor en los que el mundo está entrando.

Pero es que incluso el nuevo arrecife amazónico está siendo desafiado por una presión más dura que el propio cambio climático, y es que, en los últimos diez años, el gobierno brasileño ha vendido algunas zonas de la garganta del río para la exploración por petróleo.

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