Cerca de un tercio de los cactus están amenazados de extinción

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Por muy extraño que parezca, el 31% de las especies de cactus están amenazadas de extinción. Eso es lo que afirma la primera evaluación exhaustiva mundial de este grupo de especies, realizado por la UICN y sus socios, y publicado a finales de 2015 en la revista Nature Plants. Esto coloca a los cactus entre los grupos taxonómicos más amenazados dentro de la lista roja de la UICN de especies amenazadas, mucho más que los mamíferos y las aves.

Según este estudio, los cactus sufren una presión creciente relacionada con la actividad humana. 46% de las 1480 especies de cactus conocidas en el mundo están explotadas por el hombre, principalmente como planta ornamental, y 10% para alimentación.

Las amenazas que pesan sobre los cactus

El comercio ilegal de plantas y de semillas por la industria hortícola y los coleccionistas privados, así como por los cultivos no sostenibles, son las principales amenazas sobre los cactus y afecta al 47% de las especies amenazadas. El 86% de los cactus amenazados utilizados en la horticultura proceden de poblaciones salvajes.

Los coleccionistas europeos y asiáticos son los mayores contribuyentes al comercio ilegal del cactus. Los especímenes directamente extraídos de sus medios naturales son particularmente buscados por el hecho de su rareza.

Entre las otras amenazas sobre los cactus podemos citar:

  • La ganadería de pequeños productores, que afecta al 31% de las especies amenazadas de cactus.
  • Los cultivos anuales a pequeña escala, que afecta al 24% de especies amenazadas de cactus.
  • El desarrollo residencial y comercial.
  • La explotación de canteras y la acuicultura.

En resumen, el 31% de las especies de cactus evaluadas están amenazadas de extinción. 6,7% están clasificados como en peligro crítico, 12% en peligro, 9,4% como vulnerable, y el resto casi amenazado.

El comercio ilegal de los cactus ha sido reducido, en cierta medida por la inclusión desde 1975 de la mayoría de las especies de cactus en los anexos de la CITES, y por la disponibilidad creciente de plantas cultivadas a partir de semillas en el mercado internacional. Sin embargo, la amenaza perdura, sobre todo en los países donde la puesta en marcha de la Convención CITES es reciente.

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