Bolivia lucha contra la cocaína, pero defiende la coca

Coca

Bernardo Tarquino recoge una a una las hojas verdes que crecen en los arbustos de su terreno de Minachi, en la provincia de Nor Yungas, en Bolivia. “Aquí producimos coca desde hace generaciones”, sonríe el abuelo, que asegura que su hoja se destina al acullicu, una palabra aymara que describe el acto de masticar las hojas para beneficiarse de sus propiedades.

“La coca corta el hambre y da fuerzas para trabajar”, afirma el agricultor de 75 años, que recuerda que limita también el mal de altura que suele afectar a los visitantes del altiplano andino. Elemento sagrado en tiempos de los Incas, la coca es muy apreciada por las poblaciones andinas desde hace siglos por sus valores nutricionales y medicinales.

Pero la hoja, que contiene alcaloides, se utiliza también para elaborar cocaína, una droga que hace mucho daño en todo el mundo. A veces, destinada a uso tradicional, a veces al narcotráfico, la hoja de coca representa un desafío mayor para los países que la producen como Bolivia, tercer productor mundial de coca, detrás de Perú, y de Colombia.

Hasta la fecha, Bolivia no ha conseguido convencer a las Naciones Unidas, pero ha obtenido en 2013, una cláusula específica que autoriza la masticación de la coca en sus tierras. Antes de ser elegido presidente en 2006, Evo Morales, reelegido dos veces desde entonces, cultivaba él también coca, en la provincia de Chapare, una región tropical, segunda en producción de coca del país.

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