Alerta roja por contaminación del aire en China

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La política de alertas por contaminación en China se revela casi tan opaca como puede ser el propio smog. Esta niebla amarillenta está establecida desde hace varios días en el norte del país una vez que el invierno se ha instalado y que las centrales de carbón funcionan a pleno régimen.

Pekín superó el umbral rojo de la contaminación atmosférica el pasado 8 de diciembre por primera vez desde la introducción en la capital, hace 2 años, de una gradación de 4 colores. La alerta que se levantó el jueves a mitad de jornada, implicaba el cierre de colegios, la circulación alterna y la restricción del 30% de los vehículos oficiales en las carreteras así como la paralización de las fábricas contaminantes.

Incoherencias de la burocracia

El índice de contaminación del aire se acercó el pasado miércoles a 400. Este nivel, a pesar de ser bastante elevado y considerado como peligroso incluso para los estándares chinos, permanece inferior a los registrados la semana anterior. Dejando a los pequineses perplejos, la oficina de protección medioambiental de la ciudad hizo en aquel momento que se mantuviera el nivel naranja mientras que la capital conocía su peor episodio de smog del año.

El pasado lunes 30 de noviembre, el índice de contaminación superó en efecto la barrera de los 500 en el conjunto de la ciudad, para subir puntualmente hasta el extremo de 976 en la periferia suroeste de la ciudad con más de 22 millones de habitantes.

Estas incoherencias ilustran la dificultad que tiene la burocracia China para adaptarse, mientras que la contaminación exige más transparencia y reactividad. Desde el pasado 1 de enero de 2013 el Gobierno central impone a las grandes ciudades del país publicar hora por hora los registros de concentración de partículas finas en el aire. En aquella época, el Estado tuvo que adaptarse a la presión popular.

Las autoridades del medio ambiente a nivel local se vieron obligadas a justificar el mantenimiento del nivel naranja algunos días antes, mientras que la situación era peor que la de esta semana. La alerta roja no puede ser decretada más que si la administración anticipa un nivel de contaminación alto que se mantenga 3 días seguidos. Sin embargo, los expertos habrían estimado erróneamente que el episodio de finales de noviembre se disiparía rápidamente. También podemos imaginar cierta reticencia a la hora de imponer medidas drásticas, porque tiene un coste social y económico alto en una ciudad que cuenta con más de 5 millones de vehículos.

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